“Estoy segura de que mi marido me es infiel”. Doña Galora hizo tal confidencia a Claretina, la joven y bien adornada criada de la casa. “¡Oye, pequeña dama!, bromeó la niña. ¡Solo me dices eso para ponerme celosa!”… “Si te pierdes en el bosque, dispara varias veces con tu arma. Alguien sabrá que estás perdida y vendrá a tu rescate. No podía ser de otra manera: Babalucas estaba perdido. Los rescatistas tardaron varios días en encontrarlo. Cuando ella estuvo frente a él, el amigo le exigió: “¿Por qué no hiciste lo que te aconsejé?” —aseguró Babalucas. Disparé todas las flechas que tenía. Miss Himenia, una célibe otoñal, invitó a hacer un picnic en su casa a don Ataulfo, un caballero maduro y sin compromisos familiares y que al regalo de su nombre sumó el estruendo de su fortuna. Le ofreció un platito de piononos con una copa de vermú y luego le sugirió con picardía que jugaran al escondite. “Cuenta hasta 20 mientras me escondo”, le dijo. Si me encuentra, tendrá derecho a besarme. Si no me encuentra, estoy detrás de las cortinas de la sala”. La carrera por la candidatura presidencial de Morena es de largo recorrido, y Claudia Sheinbaum la puede perder por un Metro. Los accidentes ocurridos en ese medio de transporte público han afectado mucho su imagen. De ocurrir algún desastre de proporciones aún más graves, eso podría arruinar definitivamente sus posibilidades de ser lo que parece ser ahora: la corcholata elegida por López Obrador para sucederlo en el cargo, aunque sea aparentemente. En las redes sociales y entre los comentaristas de los medios, circula con insistencia la opinión de que por estar ya en plena campaña, la señora está descuidando sus funciones, y que por ello el Metro se encuentra en tal estado que existe un gran riesgo de que siguen ocurriendo accidentes. La política es terreno resbaladizo, un ejercicio en el que no es raro que la sopa se caiga del plato a la boca. Si doña Claudia no quiere ver frustradas sus aspiraciones, haría bien en viajar un poco menos y dedicarse un poco más a su papel. Decía un viejo y experimentado político que la mejor red es el trabajo. No dudo que tenía razón: el que dijo eso fue don Adolfo Ruiz Cortines. El joven aspirante a jefe de estación de tren estaba pasando por un examen. Uno de los sinodistas le planteó un problema: “Te enteras de que vienen dos trenes en dirección opuesta por la misma vía. ¿Qué haces?”. El examinado respondió: “Envío mensajes telegráficos a los conductores de los dos trenes para que los detengan”. El solicitante continuó: “Llamo por teléfono a las estaciones por donde pasarán los trenes. Ahí es donde se pueden parar”. Dice el examinador. “Con la tormenta se interrumpen las comunicaciones telefónicas”. “En ese caso –sugirió el joven- envío cuadrillas con banderas rojas para advertir a los maquinistas del peligro y hacer que se detengan”. Dijo la prueba: “La niebla hará que sea imposible para los conductores ver las banderas”. “Entonces”, dice el niño, “hago venir a mi hermano Clovis”. El examinador está confundido: “¿Por qué haces venir a tu hermano Clodoveo?” El aspirante responde: “Siempre me ha dicho que le gustaría ver un choque de trenes alguna vez”. En la oficina de la productora de televisión, la joven y guapa actriz terminó de vestirse y comentó con cierta sorpresa: “No sabía que el procedimiento para ingresar a una serie de televisión es exactamente el mismo que se usa en el cine para que te den un papel en una película”. FIN.
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