lun. Abr 27th, 2026

Óscar Mario Beteta

Las clases medias han sido protagonistas de los grandes cambios en el mundo. Hacerlos víctimas del desprecio y la vejación política con decisiones injustas puede conducir a reveses inesperados.

En México, las marchas, manifestaciones, bloqueos de calles y avenidas, mítines, toma de casetas, cierre de vías, pintura de monumentos y actos de vandalismo, involucran y evidencian un grave problema ante el cual no se deben cerrar los ojos. Seguir dando la espalda a este fenómeno, cada día más grande y visible, es un error que puede tener graves consecuencias.

En la Ciudad de México, sede de los poderes federales, es donde se ven con mayor frecuencia este tipo de expresiones. Aquí, “todos” protestan a favor y en contra de todo.

Incluso, no pocas veces, algunos grupos de otras entidades, como suelen y periódicamente lo hacen los maestros disidentes de Michoacán, Oaxaca y Guerrero, se trasladan a la capital para hacer sentir más su resistencia a las disposiciones oficiales.

Las demandas de los manifestantes cubren un espectro muy amplio; últimamente son más recurrentes y van desde demandas para investigar la desaparición de personas, hasta el repudio a acciones y decisiones de poder, como la reforma electoral.

En la mayoría de los casos, los insatisfechos tienen razón, aunque se trate de su libertad para expresar su disconformidad con cualquier cosa en relación con la actuación de sus gobernantes.

¿Qué, por ejemplo, no está dispuesto a hacer una madre o un padre para exigir la intervención de las autoridades para que, en un hipotético caso, se apliquen en la búsqueda de un ser querido desaparecido o de un familiar asesinado?

En esta situación, el nivel social de las personas no importa; su situación económica es intrascendente; que tengan o no educación es lo de menos. Tienen sentimientos y lo que quieren y buscarán legítimamente por cualquier medio, es que se les escuche, se les atienda y se resuelva su problema.

Porque eso, precisamente, es lo que no hacen las autoridades federales, estatales y municipales; o no lo hacen con la diligencia y prontitud que deben, siendo su deber, en la medida de lo posible, evitar que surjan conflictos.

Hoy, la distancia entre gobernantes y gobernados es abismal. Si éstos no cumplen con sus obligaciones, sólo les queda el recurso de la presión callejera que, hasta ahora, se ha reducido a hacer pagar a los justos a los pecadores con los problemas que generan sus movilizaciones.

Estos, en la actualidad, tienen otra composición y otras causas; notoriamente, están protagonizadas por ciudadanos con una mayor ilustración; son conciencia social en movimiento. Tienen estructura, organización, ideales, perspectiva a largo plazo.

Manifestaciones de estas características, más delicadas y preocupantes, son las del 13 de noviembre, en las que miles de personas, que podrían considerarse de clase media, salieron a la calle para decir “El INE no se toca”. El que han programado para el 26 de febrero con el lema “Mi voto no se toca” está motivado por la misma causa.

Por eso, los 11 concejales del INE califican el Plan B de la reforma electoral de regresivo e inconstitucional, atrevido y nefasto, y anuncian que interpondrán todos los recursos legales disponibles contra esa propuesta.

Históricamente, las clases medias han sido protagonistas de los grandes cambios en el mundo; Hoy en día, es probable que estos se catalicen con el potencial de las redes sociales. Son atractivos para ellos.

Por eso, atenderlos y acrecentarlos es un acto de sabiduría del estadista y el mejor seguro para la conservación de los Estados.

Hacerlos víctimas del desprecio y de una política de vejámenes con decisiones injustas puede fácilmente sumarse a las masas y provocar cambios insospechados.

Si la democracia no está en el ADN de los mexicanos, como sostienen Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, es porque con el PRI hemos vivido 70 años con un régimen autoritario, manipulador, de arriba abajo, controlador, condescendiente y corruptor, disfrazado de “ democracia perfecta”.

Como todavía dicen con razón los asesores electorales, veinte años de verdadera apertura democrática son pocos para cometer el error de detenerla o revertirla.

Sotto voce.- El lamentable nivel de comportamiento y la degradación del lenguaje de algunos políticos que caracterizan este tiempo, no solo no pretenden detenerse; se acentuarán al calor de la sucesión presidencial… Separación del cargo, debate y sondeo creíble, que Marcelo Ebrard vuelve a exigir a la Argentina para que la competencia por la Presidencia en 2024 sea pareja, seguirá siendo un estribillo. Y un gran reto a responder en un futuro próximo.

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