vie. Jun 5th, 2026

Toda la culpa recae en el candidato virtual de la oposición. Se desinfló, está sola, no tiene una propuesta clara, le falta un coordinador, dónde está la estrategia… son algunas de las frases que se repiten en los medios, y son términos que valen igualmente para la oposición, ¿alguien? ¿visto?

El último gran acto de la oposición fue el 1 de septiembre, cuando con una broma dieron a entender que, tras el conflicto interno, se habían unido en torno a su abanderado, quien subió al estrado de San Lázaro para encabezar una manifestación en el recinto legislativo en una fecha tan importante.

La foto –legisladores de los tres partidos que integran el Frente apoyando al senador que los representará en la campaña presidencial– quedó en el recuerdo; Nunca mejor dicho porque de esa fecha ha sido hace casi mes y medio, y poco más se ha visto.

Emocionados por subir al estrado, convocaron a un mitin en el Ángel de la Independencia para celebrar la unción de Xóchitl Gálvez, que milagrosamente no resultó peor. Si ya hicieron dos grandes marchas, si son la marea rosa + el Frente, “eso” de ese domingo ni siquiera llegó a las kermes parroquiales.

Esa fue una de las primeras señales de que el cierre apresurado del proceso de selección de candidatos del Frente Amplio para México tendría repercusiones. Muchas de las cuales se han convertido en el aluvión de etiquetas que tapan la desconcertante candidatura de Xóchitl.

Ella no es la única que luce perdida o sin música. Porque con la reactivación de los trabajos del Congreso, por un lado, y en la selección de precandidatos a las nueve gubernaturas, por el otro, surge un claro contraste entre lo que hace el oficialismo, y lo que no se da cuenta, que, en todo caso, es hacer la oposición.

El Poder Judicial está en jaque. Morena quiere afrentar a la Corte quitándole fondos millonarios. También quiere enviar un mensaje de poder obvio –e irresponsable–. En cuanto a la resistencia a esta maniobra, como se preveía, la oposición está desbordada por los cuatro lados.

El Frente y la marea rosa se llenaron la boca muchas veces al alardear de las multitudinarias marchas, las primeras hace casi 11 meses, con las que enviaron al oficialismo un mensaje de que no se saldrían con la suya intentando tocar al Instituto Nacional Electoral. Meses después defenderían de esta manera a la Corte.

Como era previsible para todos, excepto –aparentemente– para la oposición, López Obrador no renunció y mucho menos cambió de opinión. No sólo ha puesto en marcha el plan C para activar todo su movimiento con vistas a conseguir la mayoría constitucional en 2024, sino que por el camino reparte descuentos.

El INE se ve afectado. Y mucho. Lo que la oposición y la marea rosa creían haber salvado está lejos de funcionar de manera óptima. La renovación en abril de cuatro concejales, incluido el cambio en la presidencia, se ha traducido en la aquiescencia del consejo a muchas decisiones de Palacio. Y lo que falta.

Mientras que la Corte no podrá escapar al peligro de tener que echar por tierra, por errores procesales, la reducción de sus fideicomisos. De esta manera se denunciará al Poder Judicial como juez y parte de su fuero. AMLO gana porque gana.

¿Entonces? ¿Qué salvaron la oposición y la marea rosa con sus marchas de noviembre y febrero? A menos que sea una carga de conciencia, con la que parecen muy tranquilos, nada. Y encima no parecen preparados para la batalla legislativa ni electoral.

Además de Xóchitl, donde está la oposición.

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