sáb. May 16th, 2026

La vuelta al cole ya no marca el final del verano como antes. Cada vez con mayor frecuencia nos enfrentamos a días con temperaturas cercanas a récords históricos. Con la aparición del fenómeno de El Niño, declarado por la Organización Meteorológica Mundial (https://public.wmo.int/es/media/comunicados-de-prensa/la-organizaci%C3%B3n-meteorol%C3%B3gica- mundial -anuncia-la-prevalencia-de-unas), y julio convirtiéndose en el mes más caluroso registrado en los últimos 120.000 años (con temperaturas globales promedio 1,5°C por encima del período preindustrial), según Naciones Unidas (https: // news.un.org/en/story/2023/08/1139527), el cambio climático exige nuestra atención inmediata. Es hora de poner la lucha contra el calentamiento global en el centro de nuestras decisiones de política pública.

En las últimas semanas, varios estados del norte de México han sufrido temperaturas superiores a los 40°C. Este aumento de temperatura no sólo ha provocado olas de calor, sino también un aumento de la probabilidad de muertes relacionadas con el calor. Según la Secretaría de Salud de México, en los últimos 4 meses se han registrado al menos 249 casos de muertes relacionadas con estos eventos. Lamentablemente, estas consecuencias afectan más a las personas más vulnerables, como los pobres y los ancianos.

Es crucial examinar cómo el cambio climático afecta la calidad de vida y la situación financiera de este grupo en particular. Los efectos, cuando se combinan, se multiplican y empeoran. Los efectos se pueden dividir en dos tipos: directos e indirectos. En cuanto al primer tipo, ante fenómenos climáticos extremos, las personas tienden a adaptarse para acercarse al promedio o norma. En veranos abrasadores, los gastos en refrescos y el uso de aire acondicionado o ventiladores, dependiendo del acceso a estos bienes y servicios, se disparan. Asimismo, en inviernos duros como los del norte de Europa y América del Norte, aumentan los costes de la calefacción, ya sea mediante gas, carbón, agua o electricidad, y de la ropa de abrigo.

Pero más allá de los efectos directos, también es fundamental considerar los impactos indirectos que afectan la calidad de vida y la salud financiera de las personas mayores. Dos aspectos esenciales son el aumento del coste de la vida, especialmente en alimentación y servicios médicos, y el deterioro de la salud física y mental. La Organización Mundial de la Salud advierte que el cambio climático empeora estos aspectos y aumenta la necesidad de servicios médicos (https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/climate-change-and-health), que en a su vez se vuelven más caros.

Asimismo, no es controvertido que el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial para 2023 (https://www3.weforum.org/docs/WEF_Global_Risks_Report_2023.pdf) refleje estas preocupaciones, colocando el costo de la vida y los eventos climáticos extremos (por ejemplo, el calor intenso). olas, tormentas e inundaciones) como las amenazas más críticas en los próximos dos años (la falta de mitigación del cambio climático es el riesgo más importante para los próximos 10 años). Estos riesgos afectan desproporcionadamente a las poblaciones vulnerables, incluidas las personas mayores.

¿Qué podemos hacer para abordar esta situación? Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/) presentan una hoja de ruta para mitigar los efectos del cambio climático en la salud financiera de las personas mayores. Una opción viable es asegurar eventos climáticos extremos a través de pólizas que proporcionen traslados a estas personas ante la ocurrencia inminente de un evento predefinido, como una ola de calor. En países como México, donde la cultura aseguradora es limitada, estas políticas podrían combinarse con subsidios o transferencias monetarias a través de programas como Prosperar (https://www.iadb.org/es/toolkit/programas-de-transferencias-conditionadas/mexico-prospera) o becas para el bienestar, siguiendo ejemplos exitosos en otras regiones en desarrollo (https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/aa3a35e0-2a20-5d9c-8872-191c6b72a9b9/content).

Es imperativo promover la resiliencia financiera de los hogares, especialmente entre las personas mayores. Los gobiernos, las instituciones financieras y las organizaciones benéficas deben trabajar juntos para implementar medidas que protejan a los hogares vulnerables de los impactos financieros del cambio climático. Esto implica brindar ayuda financiera en tiempos de crisis y también invertir en infraestructura resiliente al clima y sistemas de alerta temprana.

En última instancia, abordar el cambio climático y sus consecuencias financieras para los hogares vulnerables es una responsabilidad compartida. Sólo a través de una estrategia integral, que incluya políticas gubernamentales sólidas, inversiones socialmente responsables y una mayor conciencia pública, podremos garantizar un futuro seguro tanto para las personas mayores como para las generaciones futuras. Ahora es el momento de actuar con determinación y empatía, antes de que el costo financiero del calentamiento global se vuelva insostenible para quienes son económicamente más frágiles.

Leer la nota Completa

Metro

By Metro

METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *