mié. Jun 3rd, 2026

Hay al menos dos factores que Marcelo Ebrard no parece considerar respecto de su eventual candidatura presidencial. Situaciones que hubieran sido difíciles de prever recientemente, pero que con el desarrollo de las cosas hoy podrían ser obstáculos incluso si Movimiento Ciudadano abre la puerta.

El excanciller perdió la candidatura de Morena frente a Claudia Sheinbaum en una campaña definida por López Obrador como de relevo generacional. El Presidente cumple 71 años este noviembre, Ebrard cumplirá 64 el próximo mes y el exjefe de Gobierno capitalino acaba de cumplir 61 años.

Andrés Manuel y el candidato frustrado tienen carreras paralelas, y aunque el primero ha sido el jefe real y formal del segundo, también han sido iguales.

Ambos se conocen desde principios de los noventa. La carrera política de AMLO debutó a nivel nacional con protestas que terminaron en negociaciones con el equipo de Manuel Camacho, entonces regente del Distrito Federal. El MEC fue el interlocutor del tabasqueño en dichas conversaciones.

Tras la salida de Camacho y Ebrard del PRI, y su intento de lanzar un partido, ambos se acercarían a López Obrador. Como él mismo presume, Marcelo declinó por Andrés Manuel en el año 2000 para impedir el triunfo electoral de Santiago Creel en el Distrito Federal.

Jefe de la policía y secretario de Desarrollo Social en el gabinete de AMLO, apostó por que el capitalino lo sucediera en el GDF en 2006, elecciones en las que se creía seguro que el tabasqueño ganaría la Presidencia. Aquí comienza la tercera etapa de su relación.

Los lopezobradoristas acusan que durante la etapa de Ebrard en el GDF los marginó, y como se sabe incluso retó a su exjefe por la candidatura presidencial de 2012. Por tanto, sin estirar demasiado la liga, se puede decir que en más de un sentido son contemporáneos. . Provienen del mismo barro.

Marcelo es producto del antiguo régimen. Parte de sus atributos provienen de esa etapa: su capacidad ejecutiva, su idea de poder, su capacidad de negociación, su conocimiento de las reglas de la grilla. Porque es, como Andrés Manuel, un cuadro formado en el PRI. No es una crítica, eso sí.

La competencia electoral ha puesto, hasta hoy, en la boleta para la Presidencia a dos personas que nunca militaron en el partido tricolor. Y como ya se dijo, incluso el PRI vivirá un fenómeno sin precedentes en 2024: se resignó a ser abanderado por Xóchitl Gálvez, al menos en el papel, panista.

Gálvez tiene 60 años. Pero ella y Sheinbaum provienen de contextos muy diferentes a los de Ebrard. La primera es empresaria y entró en la grilla al llegar al gabinete de Vicente Fox (2000); Su primera campaña sería en 2010, en Hidalgo, donde perdió. En 2015 ganó el Miguel Hidalgo y de ahí al real.

Cuando Sheinbaum estaba en el movimiento estudiantil de la UNAM de 1986 (que comenzó el 11 de septiembre, por cierto), Ebrard ya era funcionario federal. Siguió una carrera científica en la izquierda antes de unirse al gobierno capitalino de López Obrador en 2000.

El relevo generacional, y la cultura política, es hoy un obstáculo para Marcelo. De ser lanzado, esta condición podría obstaculizar sus oportunidades: con Claudia o con Xóchitl llegaría a la Presidencia un relevo generacional y cultura de poder.

El otro factor es mucho más fácil de explicar: afortunadamente, en México se ha establecido que #estiempodemujeres. Y no hay marcha atrás.

Hoy, cuando anuncie su decisión, veremos si Marcelo valoró esta nueva realidad que -ni modo, así pasa- nadie podía haber previsto. Ni él.

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Metro

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