
Probablemente, en las elecciones del próximo año veamos a varios exdirectores de seguridad pública competir por cargos de elección popular, especialmente gobernaciones o alcaldías. Entre los casos más destacados recientemente están los de Omar García Harfuch, quien renunció hace unos días para –al parecer– competir por la jefatura de Gobierno de la CDMX, y el de Alberto Capella Ibarra, exsecretario de Seguridad de Tijuana, y de los estados. de Morelos y Quintana Roo, quien parece interesado en competir por la alcaldía de Tijuana, el municipio más poblado y violento del país.
En ambos casos, se trata de exfuncionarios contrastados, que han demostrado altas capacidades estratégicas y operativas para implementar acciones, y diseñar e implementar programas que han reducido significativamente la incidencia delictiva e incluso delitos de alto perfil. Además, Capella Ibarra y García Harfuch han demostrado que tienen una visión de Estado, en el sentido de conducir políticas de seguridad con criterios técnicos (no políticos), y de ser persistentes en la construcción de corporaciones policiales profesionales que garanticen la seguridad pública en el país. a largo plazo. plazo, capaz de resistir los vaivenes de la tumultuosa vida política del país.
Confieso que antes me arrepentía de este tipo de cambios o saltos profesionales, porque estando el país tan mal en materia de seguridad me frustraba que nuestros mejores funcionarios del sector seguridad “hicieran las maletas y se mudaran”. a otros países. ámbitos del desarrollo profesional. Sin embargo, con el tiempo he cambiado de opinión. Después de observar el mal trabajo de la mayoría de gobernadores y alcaldes en este tema, me parece que debemos celebrar, e incluso promocionar, que funcionarios que han tenido un paso brillante en materia de seguridad, como en los casos de Capella y Harfuch, y que tienen el ímpetu de incursionar en el ámbito político-electoral, que lo hagan. Hoy, más que nunca, necesitamos líderes políticos que conozcan a fondo y en detalle la seguridad pública. Necesitamos líderes que, con conocimiento de causa, promuevan la profesionalización policial y adopten sin vacilar “mejores prácticas”.
Durante los últimos 15 años hemos observado el desafortunado desfile de una plétora de líderes y gobernantes políticos oportunistas, corruptos y mal preparados que, como gobernadores y alcaldes, no sólo han arruinado las instituciones de seguridad, sino que han provocado irresponsablemente la violencia. , y en algunos casos han acabado coludidos con las mafias. Los gobernadores y, sobre todo, los alcaldes han aprovechado sus cargos para cooperar con los delincuentes y enriquecerse. Este tipo de casos abundan en estados como Baja California, Chihuahua, Tamaulipas, Veracruz, Quintana Roo, Nayarit, Morelos y Michoacán, por recordar algunos de los casos más conocidos. Dadas las circunstancias excepcionales que atraviesa el país, necesitamos un nuevo perfil de gobernantes y políticos profesionales que tengan en su currículum conocimientos y experiencia en materia de seguridad.
La repentina aparición en 2008 de una crisis de violencia criminal a gran escala en México –una crisis que seguimos sufriendo hasta el día de hoy– tomó al país con la guardia baja y desprevenido. Entre muchas otras cosas, México no contaba con personal calificado para enfrentar (diablos, ni siquiera entender) a las grandes organizaciones criminales que se expandieron abruptamente por todo el país. En todos los eslabones de la cadena de seguridad institucional, las falencias del país fueron y siguen siendo enormes: bajas capacidades de inteligencia, policía preventiva e investigativa poco profesionalizada, ministerios públicos letárgicos, fuerzas militares anacrónicas, cárceles penetradas por el crimen, entre otras. otros.
Así como al país le tomó alrededor de tres décadas construir las capacidades institucionales necesarias para una gestión solvente de la economía y las finanzas públicas, después de las crisis recurrentes que devastaron el país durante el último tercio del siglo pasado, así también debe proceder ahora. Estado mexicano para construir las capacidades institucionales necesarias para superar la crisis de seguridad nacional que sufrimos. La duración de esta crisis de inseguridad dependerá directamente del tamaño del esfuerzo que realicen las autoridades federales y estatales para capacitar personal profesional en materia policial, de inteligencia e investigación criminal, entre otras especialidades, para que, con este recurso humano calificado, las áreas de mitigación y criminalidad Las estrategias de contención pueden implementarse y mantenerse en el largo plazo. No tengo dudas de que este colosal esfuerzo que el país tiene por delante se llevará a cabo con mayor convicción, diligencia y oportunidad, donde gobiernan figuras como Capella Ibarra y García Harfuch, quienes conocen, como pocos, y de primera mano, la alcances y limitaciones de nuestra bestia criminal.
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