mié. Jun 17th, 2026

Diego Petersen ha publicado este año El chacal (Planeta), una novela digna de estas necesarias vacaciones.*

En su faceta de novelista (tiene varias), también es columnista de El reportero se metió en la tele para ver cómo aparecían o desaparecían personas en la pantalla, y lo que encontró huele muy mal.

No entraré en detalles sobre a qué huele exactamente lo que encontró porque el autor se deleita en clasificar, con la creatividad de un buen monero tapatío, la gran variedad de hedores que maneja un periodista provinciano que se topó, en su carrera ascendente. para triunfar en La Televisora, que abre la puerta a los más variados pecados y alegrías, a los que el protagonista se entrega con tanta entrega como ingenio: se creía parte fundamental del sistema, se creía podía vencer al sistema, creía que el sistema no lo iba a aplastar… Que arrogante que en realidad es una tontería.

cuanto de El chacal ¿Es un retrato preciso de la forma en que la prensa opera sus relaciones con el poder no para informar, sino para ganar millones, para descarrilar proyectos políticos, para intercambiar favores? Menos mal que es una novela, si fuera crónica habría que bajar el telón mediático, no sin antes hacer un grupo mea culpa

Pero no me malinterpretes. Que huele feo, que apesta, que en El chacal avanzan los cínicos y no los valientes, que triunfa el mal, y que el bien –servicio a la sociedad– es un chiste con risa contagiosa para políticos, periodistas y ejecutivos, todo ello no quita que este libro sea un panfleto soporífero.

“Diego Petersen-escritor solemne” no rima, lo sabemos todos los que lo hemos leído durante más de 35 años, y lo sabe cualquiera que lo haya escuchado en los medios electrónicos.

Por eso, uno de los grandes méritos, además del vertiginoso ritmo de sus páginas, es que en El chacal Diego se retrata y bromea, expone y recrea episodios de nuestra realidad que, vistos en retrospectiva, ni el realismo mágico hubiera podido concebir sino con chocongos turbocargados; Petersen construye así un escenario delirante, pero, sobre todo, un personaje –El Reportero– tan familiar y tan misterioso que nos deja a los lectores adivinando su identidad en las tres décadas que dura el auge y caída de la gloria. y el purgatorio, de tan polifacético protagonista.

Porque The Reporter es en realidad un Panini. Él y sus compañeros son un álbum completo del gremio del último medio siglo. Así que auguro horas entretenidas descubriendo el quién es quién del peculiar zoológico periodístico montado por Diego. Por supuesto, todo y cualquier parecido con la realidad es pura e insignificante coincidencia. Semejanzas propias de un surrealismo nacional que año tras año, durante demasiado tiempo, se ha superado hasta el punto de que las víctimas hoy son acusadas de fabricarse autoataques.

Particularmente disfrutables son las escenas donde es imposible –en fiestas y en oficinas, en orgías y mítines, en Los Pinos y en la dirección de noticias de La Televisora, en dormitorios y enlaces en vivo, en asesinatos y en montajes de la AFI…– distinguir, dijo, quién realmente ejerce el poder, los dueños de los medios de comunicación y sus principales ejecutivos, o los políticos, desde el Presidente de la República para abajo. ¿Quién gobierna el país en el que se desarrolla esta novela?

Les dejo tarea y con eso les deseo una Feliz Navidad. Nos leemos en 2023. Sé feliz.

*Con una versión de este texto, El Chacal se presentó en la última FIL de Guadalajara.

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