
El general Lorencez llegó a México con sus tropas para enfrentar al general Ignacio Zaragoza, con el pretexto de negociar el pago de un préstamo a Francia, del cual Juárez había pedido prórroga, provocando un enfrentamiento bélico que finalmente se denominó Batalla del 5 de mayo, uno del mayor orgullo de nuestro país. Los franceses eran una fuerza expedicionaria de más de 7.000 hombres, fuerzas armadas que estaban formadas por zuavos, soldados y marineros. Zaragoza mencionó en un telegrama al Ministro de Guerra que tenía 3.500 hombres; con la mitad se logró el triunfo.
Pero la historia entre el país francés y el nuestro viene de más atrás, de la época de la colonia. Llegaron miembros de las órdenes religiosas francesas, con los franciscanos, dominicos y jesuitas, incluida la cocina de las monjas. Se señala una teoría de la primera afrancesación en el siglo XVIII con los virreyes que emanan de la incorporación de los Borbones a la nobleza española, con Felipe, duque de Anjou, (Versalles, Francia, 19 de diciembre de 1683-Madrid, España, 9 de julio 1746), quien asumió el trono de España como Felipe V en 1700, hijo de Luis de Francia, El Gran Delfín y María Ana de Baviera, y nieto de Luis XIV y su esposa María Teresa de Austria, hija de Felipe IV de España. En la lista de Nueva España estarían profesionales y expertos en distintas ramas; cocineros, médicos, artistas, impresores, peluqueros y soldados. Sin embargo, no hay estimaciones de cuántos y quiénes eran. También procedían de la propia América, una vez finalizada la Guerra de los Siete Años, y Luisiana fue cedida a España en 1763, se produjo un traslado natural de habitantes. Aparecen 700 documentos franceses en el año 1800.
En 1821, las primeras “barcelonnettes” ingresaron a la recién nacida nación mexicana, una comunidad francesa de habitantes de los Bajos Alpes. Este grupo de trabajadores, con una arraigada identidad colectiva, fue de los más destacados del siglo XIX. El primero en llegar a México fue Joseph Antonoine Couttolenec, se radicó en Veracruz en 1820, y luego se trasladó a Puebla (1847), dueño de un molino de trigo, también de hilandería de seda. Su hijo Joseph Coutollenc terminó siendo un general mexicano. Con el paso de los años desembarcaron los Caire, Manuel, Derbez, Ebrard, Jauffred… y muchos otros, iniciando una importante corriente en el comercio, la industria y la banca.
En la década de 1830, una empresa francesa se estableció en la región de Coatzacoalcos, punto estratégico para el proyecto de construcción de un canal interoceánico para el istmo de Tehuantepec (cabe señalar que esa no es la idea del gobierno actual). Luego de que un francés, dueño de una posada, se quejara ante el encargado de negocios francés de haber sido víctima de un robo por parte de funcionarios mexicanos, esta historia quedó fijada en el imaginario popular y fue utilizada como excusa para provocar el conflicto que llamaron el La Guerra de los Pasteles, fue la primera intervención francesa (1838-1839).
Sus costumbres, especialmente en su forma de comer, en sus técnicas e ingredientes, fueron un detonante en la gastronomía, acentuándose significativamente con Maximiliano y Carlota.
De todas estas intervenciones, innumerables individuos y soldados decidieron radicarse en México, de hecho, algunos fueron considerados como desertores, lo que bien pudo haber sido su intención desde un principio. Los negocios franceses comenzaron a prosperar, los puntos de venta en el extranjero y las tiendas departamentales vendían artículos que llegaban al puerto de Veracruz. Los conocimientos culinarios que llevaban en su equipaje destacaron entre la alta sociedad, sedienta de abandonar todo lo que tuviera que ver con España, reacción natural que desembocó en el afrancesamiento de nuestro país. Palabras como consomé, tortilla, canapés, champiñón, mayonesa, croquetas, brochetas, crepes, soufflés y vol-au-vans comenzaron a sonar.
Porfirio Díaz terminó dando el golpe de gracia a los moles, sopes, pozole… hasta los elegantes chiles en nogada.
Por herencia histórica, la clase poderosa volvió a ver las costumbres europeas, menospreciando a los nativos de nuestra tierra, quienes tuvieron que esperar hasta después de la Revolución Mexicana para que la identidad arraigara en raíces ancestrales. Así, el sincretismo que legaron estos franceses provocó una diversidad culinaria muy importante para México. ¡Quién podría rechazar unas deliciosas crepas con huitlacoche, yo no!
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