
“Como lo nuestro es mandar obedeciendo, por eso obedecemos y marchamos, porque el pueblo quiere”, declaró Andrés Manuel López Obrador el 15 de noviembre en su acto matutino.
¿Quién, presidente? ¿Quién le ha pedido que el jefe del Ejecutivo marche el próximo domingo?
Simplifico la respuesta: nadie.
Es una idea que salió de su equipo de propaganda, de esos ingeniosos manipuladores de la realidad, que trabajaron sin descanso para encubrir el fracaso de la 4T.
Una mentira replicada millones de veces: el pueblo quiere, el pueblo exige, el pueblo se expresa.
Comparto algunas historias de terror y coacción:
Los operadores de Morena en todo el territorio nacional iniciaron el operativo hace siete días. Miles deben “acompañar” al presidente en esta marcha… ¿por qué fue la marcha? Si no es para defender su reforma electoral, es decir, para destruir el INE; Entonces, ¿cómo justifica el gasto, el tiempo, la movilización de miles de seguidores y beneficiarios de Morena?
Ahora se ha inventado “la celebración por los éxitos de la 4T”. Otra falsedad aplastante que no se prueba en ningún terreno.
En Morelos, las coordinadoras territoriales de Morena comenzaron a preparar las listas para confirmar a sus participantes. Ante la negativa de participación voluntaria de madres, estudiantes o adultos mayores, todos beneficiarios de programas sociales, apareció la amenaza: “quizás no llegue la pensión del próximo mes”; “la entrega del programa puede retrasarse”, etc.
En Ciudad de México, tianguis, mercados y puestos callejeros en municipios gobernados por Morena, quienes no solo tienen sus permisos sino también algunos “estímulos”. Los repartidores de puestos y esquinas, los líderes que cobran tarifas por la presencia de carritos de venta o quioscos móviles, exigieron participar el domingo 27, bajo la amenaza de perder concesiones y permisos. “O vas tú o vamos a tener que revisar tu permiso”, les dijeron.
En Campeche, donde la artillera Layda Sansores se ha convertido en el principal ariete del presidente, dio instrucciones para que una caravana grande y muy ruidosa a la CDMX a partir del sábado sea muy temprano en la marcha. Ante la resistencia de los empleados públicos y gubernamentales, difundió la versión de que su bono podría no llegar.
Entre la extorsión y el chantaje están los argumentos de la participación obligatoria.
La voluntad popular es inexistente, es producto de un sueño político e ideológico, cuando no se trata de votos serios, auscultados, registrados y contados.
El presidente marcha porque pretende lanzar un mensaje de fuerza invencible de cara a los próximos compromisos electorales. AMLO sueña con construir imágenes masivas de apoyo abrumador que difundan la versión de que “el país lo apoya en una mayoría”.
Se gastarán millones de pesos en transferencias, almuerzos, cupos para operadores, para líderes locales y barriales, habrá una gran movilización para proyectar ante la oposición y el mundo que AMLO tiene miles de simpatizantes. Pero lo cierto es que muchas de ellas se llevarán bajo las clásicas técnicas de movilización política en México.
Cuando una administración pretende ejercer las funciones de gobierno por y para los intereses del pueblo, traiciona a la nación cuando ninguna de sus promesas ha sido cumplida.
Incluso en el Senado, los morenistas presionaron a Ricardo Monreal, líder de su bancada —quien anunció su ausencia de la marcha por un viaje de negocios a España— para que cancelara y asistiera a la manifestación. El argumento expreso “son tiempos de apoyar al presidente”.
¿Es de interés popular marchar para celebrar los éxitos de la transformación?
Deberíamos preguntarnos ¿cuáles? No se colapsará y desmantelará la salud pública; ni educación pública sin planificación, estrategia, presupuesto o proyecto; Tampoco pueden ser las obras de infraestructura multicitadas, pues el Tren Maya ya costó más del doble y este año 2022 terminará con el ejercicio del 142 por ciento del presupuesto originalmente autorizado; o Dos Bocas, que tiene un valor de 400 mil millones de pesos con un aumento del 71 por ciento en el presupuesto; si se trata del combate a la pobreza con los famosos programas sociales de la administración, pues el INEGI reporta un incremento en los niveles de pobreza extrema y media de 4.0 a 6.0 por ciento; o quizás la lucha contra la corrupción, donde el 83 por ciento de los contratos de este gobierno han sido asignados directamente, sin concurso ni licitación.
¿Dónde están los éxitos y los motivos de celebración?
No la hay, más allá del capricho presidencial para una falaz demostración de fuerza política y apoyo popular, con decenas de miles pagados, amenazados y arrancados.
¡Viva la 4T!, la máquina más refinada para la manipulación y el acarreo.
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