jue. May 14th, 2026

¿Qué habrán sentido las “corcholatas” de Andrés Manuel López Obrador al escuchar cómo tendrán que gobernar cuando uno de ellos sea destapado? ¿Qué pensaron cuando escucharon su discurso sobre la creación del “Obradorato”? ¿Cómo habrán reaccionado -en su foro interno- al anuncio de la perpetuación en el poder del hombre que dejará el trono, pero quiere seguir de pie detrás de él? Sin zigzagueos, sin titubeos, sin medias tintas, sin enmiendas ni correcciones. Seguir el curso, bajo amenaza de muerte política. Para plegarse a las posiciones del héroe, incluso cuando ya no lo es. Con su posicionamiento en el Zócalo conmemorando a sí mismo, AMLO convierte a sus posibles sucesores en eunucos y a su posible sucesor en esclavo. El PRI Maximato, ahora reencarnado en el lopezobradorista Obradorato.

Mismo discurso, mismos objetivos. La exaltación del pueblo, con el afán de controlarlo. La ideología del nacionalismo revolucionario para ocultar el proyecto autoritario. La utilización política de las causas de los de abajo, para construir una nueva élite, poblada por los que llegaron arriba. En el Zócalo escuchamos una apología del pasado, desprendida del presente. AMLO y la nueva mafia en el poder, protegidos y separados por vallas, incapaces de entender que lo que aplauden es lo que deben cambiar. Incapaz de entender las heridas que deja el PRI. Incapaz -ahora en la 4T- de componer lo que la ideología de la Revolución Mexicana, y el corporativismo cardenista, y la creación del partido hegemónico arruinaron. AMLO construye su transformación sobre un engaño, promovido durante años por los libros de texto gratuitos. No es un constructor del futuro; es un mal plagiario del pasado.

Ese pasado mitificado que ignora cómo los poderosos buscan proteger sus feudos, y así lo han hecho desde la Independencia. Que ignora cómo los depredadores de los bienes públicos siguen atrincherados y siguen saqueando al País, antes y ahora. Eso borra cómo el ejido dignificó a los campesinos, pero no una salida de la pobreza. Que los políticos priístas -y otros partidos reciclados en Morena- sigan tejiendo complicidades con licencias y contratos y concesiones y subsidios. Que la gran mayoría de los mexicanos de pie en el Zócalo no pueden influir en el destino de la Patria, aunque se sientan vistos y representados por un hombre que pretende actuar en su nombre. Que la falta de gobiernos democráticos, competentes y transparentes está en el corazón de nuestra historia.

La historia real que el Presidente reescribe a conveniencia. El pasado glorioso al que debemos enfrentarnos si realmente queremos progresar. La nostalgia que borra el patrimonialismo, el rentismo, la corrupción, la desigualdad, el México de los privilegios, el uso arbitrario del poder y la impunidad con que se ejerce. Y cómo estos vicios históricos persisten en la “4T”. El cardenismo es utilizado como caparazón para encubrir una traición. La identificación es manipulada para encubrir la desfiguración. AMLO busca referentes estratégicos, políticos y morales en Tata Lázaro, para cubrirse de ellos. Pero detrás de la retórica polvorienta se esconde la realidad recalcitrante.

Un Presidente sin vocación democrática. Un Presidente que dice amar al pueblo mientras lo condena a vivir con las manos extendidas, esperando el cheque que le entrega otra camarilla de arribistas: la suya. Un Presidente que ha puesto a su servicio la alianza cuatista entre poder económico y poder político. Una austeridad republicana donde los pobres reciben dinero, pero pierden el acceso a la salud, la educación de calidad, la posibilidad de movilidad social. Un gobierno que se jacta de las remesas, enviadas por quienes tuvieron que huir, en busca de oportunidades que su propio país no les brinda. Un presidente cuya violencia verbal lleva a la quema de una figura que representa a la ministra Norma Piña, identificada como enemiga existencial. Un aniquilamiento institucional disfrazado de transformación histórica.

Con su discurso, AMLO llama a continuar con el derribo. Glorificar la pauperización. Justificar la quema. Colocando más cadenas de las que los gobiernos pasados ​​nos habían obligado a llevar. Su llamado no es un toque de clarín por un México próspero, incluyente, ciudadano al que tenemos derecho a aspirar. Es un oratorio fúnebre que anuncia otro invierno del Obradorato. Y eso ya lo sufrimos.

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