jue. Abr 23rd, 2026

Gilberto Macías, representante de Yara

La conciencia medioambiental sigue creciendo. Entender las necesidades del planeta, y alinearlas con el impacto que muchas veces implican las actividades humanas, es la forma más efectiva de reducir los daños y comenzar a cultivar un futuro alimentario positivo para la naturaleza.

Casi al unísono, las industrias se están uniendo para desarrollar estrategias y enfoques conjuntos para reducir las emisiones nocivas de sus operaciones, pero aún quedan muchas incógnitas.

Para profundizar en la comprensión de las necesidades ambientales, se ha comparado incluso el pulso de la corteza terrestre con el del ser humano. Sí, al igual que las personas, la corteza terrestre también respira y late.

Lars Eivind Augland, profesor asociado del Departamento de Geociencias de la Universidad de Oslo, explica que cada 26 segundos, las estaciones sísmicas de todo el mundo captan un pulso de la Tierra. ¿En qué consiste? En microtemblores regulares en la corteza, cuya explicación contempla a partir del impacto de las corrientes marinas, como la actividad volcánica y otros elementos.

Es este pulso de la Tierra el que deja patente la conexión que tiene con la especie humana, una relación de miles de años, con la agricultura como eje central, actividad clave para construir un futuro mejor.

AGRICULTURA SOSTENIBLE, PRIORIDAD PARA EL CAMBIO

La industria alimentaria, en particular, representa un amplio campo de oportunidad para la concienciación y protección del medio ambiente.

La agricultura representa alrededor del 25 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 70 por ciento del uso de agua dulce en el mundo. No es casualidad que China, uno de los mayores productores agrícolas, sea también el país que más emisiones de CO2 registra anualmente.

Por lo tanto, nuevas estrategias son necesarias para la optimización de esta industria. Una alternativa es la agricultura sostenible, que representa una oportunidad para cambiar las malas prácticas realizadas hasta el momento.

La prioridad debe ser entonces ofrecer un mayor apoyo al campo y sus productores para que puedan invertir en la innovación, la ciencia y la tecnología necesarias para adoptar finalmente nuevas herramientas de trabajo y nutrientes eficientes para reducir el impacto ecológico en sus procesos diarios.

Algunos ejemplos son el desarrollo e implementación de amoníaco limpio y fertilizantes verdes, que contribuyen a descarbonizar la producción de alimentos, así como tecnología útil para optimizar la eficiencia en el uso de nutrientes, promoviendo la agricultura regenerativa en toda la industria.

Este hecho también permitiría mejorar las ganancias económicas, ya que las estrategias y acciones para el cuidado del clima, según un informe de La nueva economía climáticagenerará hasta 26 mil millones de dólares en beneficios, de cara al 2030(1).

Además del impacto ambiental, existen otros problemas globales relacionados con la industria alimentaria, como la desigualdad, la desnutrición y las interrupciones en la cadena de suministro, puntos que refuerzan la necesidad de replanteamiento y adaptación.

El objetivo de todas estas iniciativas es cultivar un futuro alimentario positivo y sostenible para la naturaleza y con mayor eficiencia, ya que, según el Programa Mundial de Alimentos, cerca de 828 millones de personas viven con incertidumbre respecto a su próxima comida(2).

Este panorama debe revertirse y desde el sector estamos preparados para lograrlo con tecnología y talento mexicano, que son la fórmula perfecta para hacer evolucionar la agricultura.

(1) El Informe 2018 de la Comisión Global sobre la Economía y el Clima, La Nueva Economía Climática.

(2) Una crisis alimentaria mundial, PMA.

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