vie. May 8th, 2026

“Pero lo mejor es que se liberan; Si no, los voy a acusar con sus padres y con sus abuelos”. Así respondió el presidente Andrés Manuel López Obrador a las insistentes preguntas de un reportero sobre la situación de 16 funcionarios que fueron secuestrados por el crimen organizado en Chiapas. Y aunque pareciera, en parte de sus respuestas, que el presidente “enfrentó” a los secuestradores, que “no habrá impunidad”, pero nuevamente recurrió a su guión de culpar al pasado “que no creen que sea como antes pueden delinquir y tienen a garcia luna o su equivalente no?, quien los va a proteger, ya no hay mas manijas, el gobierno no es complice del crimen, entonces no estan pensando que nosotros somos los mismo, para que no le hagan daño a nadie, que no le hagan daño, y vamos a seguir garantizando la paz y la tranquilidad”.

Además del dolor que causa a los familiares de los secuestrados y víctimas del crimen la recurrente solución propuesta por el presidente de “abrazos y no balazos” y de acusar a los delincuentes de sus “padres y abuelos”, estas frases envían un mensaje de sumisión del Estado a los criminales. Y lo más ofensivo es que ante el derramamiento de sangre, que viene por la debilidad institucional y la eminente violencia de los procesos electorales, el Comandante en Jefe y responsable de la integridad física de los mexicanos utiliza el humor, la denigración y la culpabilización del pasado. para “tapar” su incapacidad para enfrentar la inseguridad del país.

Esta semana usó un “Amlito”, un peluche con su parecido que dice frases como “lo que diga mi dedo meñique” y “me canso ganso”, frases que escupe el muñeco, como excusa para no seguir respondiendo. sobre los 16 funcionarios secuestrados en Chiapas.

Desde su campaña, Andrés Manuel López Obrador prometió pacificar el país, no enfrentar al crimen organizado ni a los violentos. Y el trato público del presidente a las figuras del crimen organizado ha sido respetuoso, incluso deferente: encuentros públicos con la madre y el abogado del “señor Joaquín Guzmán Loera”, entre muchos ejemplos.

En resumen, la estrategia de seguridad y justicia de “Abrazos y no Balas” es deferencia, sumisión y humor ante las poderosas organizaciones criminales que ahora controlan un importante porcentaje del país. Y ahora, el país enfrenta el proceso electoral más grande de la historia, con claros indicios de que los grupos del crimen organizado jugarán un papel fundamental en las elecciones de 2024, ya sea proporcionando recursos, seleccionando a sus candidatos o simplemente amenazando y matando candidatos.

Ante el debilitamiento del aparato de seguridad y el claro deterioro de la seguridad del país, el próximo presidente estará sujeto a presiones inimaginables de tener que elegir entre enfrentar a los violentos o someterse.

¿Confrontar, negociar o someterse? Estas son las opciones y el gran dilema del próximo presidente de México.

Independientemente de cuál sea su decisión, claramente para enfrentar la violencia y las organizaciones criminales, el próximo presidente necesariamente debe tener un estilo de liderazgo completamente diferente al del actual presidente, donde utiliza la agudeza, el humor y la polarización como estrategia para distraer a la población para seis años.

Pero el próximo presidente tendrá que ejercer el liderazgo en la crisis, dadas las amenazas a la seguridad que representan las organizaciones criminales. La estrategia de seguridad deberá incluir el uso de la fuerza, requiriendo un Fiscal General de la República para el ejercicio de sus funciones, fortaleciendo la capacidad del Estado para investigar, detener, juzgar y encarcelar a los líderes de las organizaciones criminales. El tono del nuevo presidente será exigir, no negociar para que dejen de agredir y utilizar a la población como rehén para que puedan realizar sus actividades delictivas.

El nuevo líder debe asegurarse de que los delincuentes le tengan miedo a las autoridades y que entiendan que hay consecuencias por burlarse y amenazar a las autoridades. Los funcionarios locales y federales que mantengan convenio o trabajen para los cárteles estarán claramente identificados. Pero lo más importante será que el nuevo presidente deje de lado la polarización para unir al país para hacer un frente donde haya absoluta claridad de quiénes son los buenos y quiénes los criminales.

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