dom. Jun 21st, 2026

Periodista mexicana especializada en asuntos internacionales.

Finalmente, la oposición sacó su bandera de combate. Decidió movilizar su alianza, complacer con mayor intensidad a sus aspirantes, desempolvar su estructura y hacer uso de sus considerables recursos. Su urgencia es ponerse a la altura de las corcholatas morenistas y ganar reflectores, es decir, posicionarse dentro del circo mediático.

Desde su tribuna, el presidente López Obrador, líder indiscutido del oficialismo, de Morena y del proceso de selección de candidatos para 2024, sabe que se avecinan tiempos complejos, ya que percibe un aluvión de fuerzas políticas y de la sociedad opositoras, a quienes asume como verdaderos adversarios de su proyecto nacional.

A pesar de que los precandidatos están mejor valorados que los presidentes de sus respectivos partidos: PRI, PAN y PRD, López Obrador sabe que no se puede confiar en él, porque más allá de las estructuras partidistas, hay grupos empresariales que harán todo lo posible por ello. el candidato que definan el próximo 3 de septiembre, juega palmo a palmo con la corcholata que define la coalición Morena-Partido Verde-Partido del Trabajo.

En una elección presidencial, el perfil de los candidatos es clave para la victoria, sobre todo cuando México cuenta con instituciones autónomas y bien definidas como el INE, encargado de organizar las elecciones, y el Tribunal Electoral, que supervisa y resuelve las controversias. Bajo el viejo PRI, cuando el Ministerio del Interior definió las elecciones, la alternancia era imposible de llegar. Ahora bien, el cambio de partido o de alianza podría llegar cada seis años, si los gobiernos no funcionan bien.

Hay estabilidad social en México, entre muchas otras cosas, porque se sabe que el partido en el poder se puede mantener o cambiar cuando llegue el momento. La confianza mayoritaria en el INE ya es indiscutible, por más golpes que haya recibido en este sexenio. Pero, el papel de los candidatos en 2024 será crucial para que su respectiva coalición tenga éxito.

Por un lado, quien provenga de la alianza oficial tendrá que saber administrar, alimentar, utilizar o incluso enterrar (depende de la estrategia de cada uno) la imagen del gran líder, omnipresente en la vida de los mexicanos, y que ha ideologizado desde su muy personal punto de vista, las instituciones políticas del país.

Del lado de la oposición, el candidato, si quiere ganar, debe ser alguien con un liderazgo natural (casi sobrenatural), que revitalice a toda la maltrecha oposición y no sea sujeto o títere de los intereses empresariales, sino que, al Al mismo tiempo, ofrecer identidad a ese sector social indiferente o hastiado de la 4T, pero también a los que no asumen el apoyo priista, panista o perredista.

Si el candidato de la oposición se subordina, es un títere, o no tiene la suficiente independencia para crear sus propios cuadros y provocar e inspirar masivamente a la sociedad, olvídalo, ríndete.

Desde mediados de junio, Morena y sus corcholatas tuvieron su momento estelar para caminar sin sombras, ellas mismas eran sus propias enemigas. Ahora tendrán nuevos rivales políticos que impactarán en sus estrategias, veremos cómo lo resuelven.

Dado que eligieron su método para seleccionar al candidato elegido para 2024, además de sus renuncias y giras, lograron centrar la atención exclusivamente en ellos. ¿Quién lo usó mejor? Lo veremos pronto en las encuestas.

Aunque, todo indica que Marcelo Ebrard logró tejer mejor su estrategia inicial, a base de generar especulación y sorpresa. De la idea de crear una Secretaría de la 4T, el vocho eléctrico, la cercanía con la gente: pescar en un bote con los pescadores, comer el taco de frijol en el mercado, caminar por los malecones con mariachis, rodearse de jóvenes gente. Se nota una campaña estructurada y significativa, que le ha permitido conectar con los distintos sectores definidores en lo que serán sus encuestas.

Claudia Sheinbaum, por su parte, no ha impactado como se esperaba. Sigue en la inercia de ser jefa de gobierno y no candidata. Organiza mítines con acarreo, en pabellones o salones de baile, lejos de la gente. Parece forzada y falsa, harta y cansada, su voz débil y la poca sustancia de ella, no transmiten. Sigue apostando a ser la favorita del presidente, y eso más allá de ser cierto, reduce su competitividad para paliar una oposición por la que apostará fuerte. Para colmo, presume de fichajes como el del diputado Gonzalo Espina, expansionista y que en su momento llamó a López Obrador “mamarracho” y “resentido”. Cálculos desafortunados.

Poco que decir de Monreal, Adán Augusto y Manuel Velasco. Entre los tres no despiertan ningún entusiasmo y mucho menos apego en las personas. Ahora a decir que el petista, Fernández Noroña, ha ganado el inicio del concurso contra estas tres corcholatas, es porque empezaron de plano y sin combustible.

Si ya nos sentimos abrumados por las 6 corcholatas morenistas, ahora con la oposición a bordo de la nave electoral, y su complejo procedimiento que implica recogida de firmas, foros, debates, encuestas y consultas… el concurso será un circo en varios carriles. Habrá que ver el impacto real de sus figuras en la sociedad. Sus posiciones y posiciones que ilustran su Currículum vitae dejarán de contar, porque en las elecciones se requiere algo más que su trayectoria, y eso es lo que se conoce como talento político y con eso nacen. Las cosas mejorarán en este camino de muchos juegos de artificio, rumbo al 2024. En estos Trópicos, les seguiremos dando los detalles.

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