
El incumplimiento de los alimentos siempre ha sido visto como un asunto íntimo, cuando en realidad es un problema público por el costo que implica para el Estado.
A Soledad Paredes le debe más de US$5.000 el padre de su hijo por el pago intermitente de pensión alimenticia.
Hace apenas dos años, esta chilena logró que un juzgado de familia ordenara que a su expareja se le descontara una cuota mensual fija de su salario a través de su empleador. Sin embargo, la cantidad de $200 es insuficiente para cubrir los gastos de un estudiante universitario de 21 años.
Lograr un ajuste o reconocimiento de la deuda significaría otra larga lucha legal para Soledad, que ya no está dispuesta a dar. “Siento que he mendigado la pensión alimenticia de mi hijo toda la vida”, le dice a BBC Mundo.
“Ya basta. Cuando cumplió 18 años, su padre lo demandó para que dejara de pagar la pensión que le corresponde hasta los 28. Afirmó que no estudió. Ha dicho que no es suyo, que no quiere es… todo para no cumplir”.
En Chile, la pandemia ayudó a sacar del ámbito privado este problema de los deudores alimentarios. No existían cifras al respecto, hasta que el Estado estableció que las exparejas e hijos de deudores podían solicitar la retención de los fondos de pensión a quienes adeudaban alimentos.
¿El resultado? Más de 900.000 solicitudes, por un pedido de $700 millones, según datos de la Superintendencia de Pensiones.
Esto impulsó la creación de un registro nacional de deudores de alimentos durante el segundo mandato de Sebastián Piñera y la aprobación en mayo pasado de la Ley de Responsabilidad Parental bajo el gobierno de Gabriel Boric.
Esta norma ahora permite analizar los bienes del deudor a través de entidades financieras o fiscales y ordenar el pago inmediato o la retención de dinero.
“El registro de morosos ha sido un avance. Empezó con cifras muy tímidas y ahora se suman 10.000 morosos cada mes”, dice la ministra Antonia Orellana.
“Un gran costo para el país”
“Los Estados tienen la obligación de intervenir en este tema, porque el incumplimiento de la cuota alimentaria no solo tiene consecuencias para las mujeres y sus hijos, sino que representa un gran costo para el país”, explicó a BBC Mundo Antonia Orellana, ministra. Mujeres Chilenas.
“Estas limitaciones generan pobreza y afectanNo desarrollo Social“, agrega. “Y lo que para muchos es un asunto íntimo o privado termina convirtiéndose en un problema público”.
El registro chileno de deudores de alimentos entró en vigencia a partir de noviembre de 2022. Las cifras más recientes reportan 99.000 personas registradas (solo el 3% son mujeres), que adeudan al menos $126 millones por incumplimiento de la pensión que corresponde a 130.000 niños, niñas y adolescentes
Sin embargo, estos números no reflejan la dimensión real del problema en Chile. “El registro ha sido un gran avance. Empezó con cifras muy tímidas y ahora son 10.000 deudores cada mes”, dice la ministra Orellana.
“Pero hay muchos casos que no van a juicio. Ya sea porque la madre se da por vencida o porque el deudor evade su responsabilidad con artimañas legales. Eso es lo que estamos tratando de cambiar, porque al final se convierte en un problema social que alguien termina pagando”.
Este daño patrimonial causado por el incumplimiento del pago de alimentos supone en la práctica una forma de control y, por tanto, una manifestación de violencia.
Francia, por ejemplo, paga las pensiones de las madres o de los hijos y luego las cobra a los deudores, para proteger a los acreedores de caer en una situación de insuficiencia financiera. Lo mismo sucede en otros países europeos como Dinamarca, Finlandia y Alemania, entre otros.
América Latina recién está incursionando en esta área.
daño a la propiedad
En noviembre de 2022, la Cámara de Diputados del Congreso argentino aprobó la creación del Registro Nacional de Deudores Morosos (ReNDAM). Quienes estén registrados no podrán abrir cuentas bancarias, acceder a tarjetas de crédito, renovar la licencia ni ser proveedores estatales.
Este proyecto de ley espera la aprobación del Senado. Sin embargo, el gobierno de la provincia de Buenos Aires ya comenzó a restringir la emisión de licencias de conducir a quienes adeudan alimentos desde mayo.
Un estudio del Ministerio de la Mujer, Políticas de Género y Diversidad Sexual de Argentina reveló que Más de la mitad (66,5%) de las mujeres bonaerenses separadas del padre de sus hijos no reciben ayuda económica o la reciben ocasionalmente.
Sólo uno de cada diez obtiene un aporte suficiente para cubrir todos los gastos de sus hijos. El resto recurre a estrategias para llegar a fin de mes, como aumentar la jornada laboral o endeudarse.
Que el daño patrimonial causado por el incumplimiento del pago de alimentos en la práctica supone una forma de control y, por tanto, una manifestación de violencia.
“Cuando un padre dice que no puede, una madre tiene que encontrar la manera de pagar”, dice Maru Breard, directora de Equidad de Género de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.
“Este menoscabo de su patrimonio, cuarto, la libertad de la mujer, la precariza y la subordina. Por eso hablamos de violencia económica, porque los hombres siguen teniendo el control de ese hogar a través del dinero. Sin contar otros daños que causan, como insultos, palizas, chantajes sexuales e incluso la muerte”.
pacto de silencio
Soledad Paredes exigió el pago de alimentos desde que nació su hijo. Llevó su caso a los juzgados de familia en dos ocasiones y de su padre solo recibió agresiones: “Me mandaba mensajes diciéndome que lo dejara en paz, que nunca lo ha reconocido y que no le interesaba ayudarlo”, dice. .
A los 23 años tuvo que asumir sola los gastos de un hijo. Esto la obligó a trabajar horas extras y abandonar sus estudios. “Me retrasé”, admite Soledad, que ahora tiene 44 años.
“Recién el año pasado pude terminar la carrera. No tuve tiempo, porque nunca he dejado de trabajar. Ha sido un proceso muy agotador. Muchas veces me he preguntado: ¿por qué tengo que hacer esto si es tu hijo? Es tu obligación moral y lícita”.
En el caso de Chile, el impuesto de alimentos se encuentra regulado en el Código Civil y en la Ley N° 14.908, conocida como Ley de abandono de familia y pago de alimentos. Pero este deber también está establecido en tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño, entre otros.
La evasión, por tanto, no es la consecuencia de un vacío legal, sino la respuesta a un problema cultural. “La sociedad señala con el dedo a la madre autónoma, pero tiene un pacto de silencio con los deudores de alimentos—dice Breard—.
“A las mujeres que exigen el pago las llaman higueras, rencorosas, malas administradoras… Les piden que hagan su vida y dejen vivir, cuando en realidad es una cuestión de corresponsabilidad. Incluso, el Estado es el primer deudor de alimentos al no intervenir y dejar que estas situaciones que afectan a sus ciudadanos sigan ocurriendo“.
maternidad digna
La historia familiar de la mexicana Diana Luz Vásquez ha estado plagada de padres ausentes.
Primero, su abuela. Luego su mamá. También sus tías y luego ella. Al darse cuenta de esa cadena, decidió que no quería que su hija Sabina pasara por lo mismo y emprendió una pelea legal en los juzgados de Oaxaca para exigir el pago de la pensión alimenticia.
Pasó cuatro años en la corte sin obtener una respuesta. Su impotencia, al final, la empujó en 2021 a tomar medidas extremas: exponer en público su rostro de deudor y presentarse en su oficina para manchar las paredes con pañales sucios.
Desde entonces, otras mujeres se han sumado a su causa y han recorrido el país llevando susSí “tendederoSí de deudores” en un acto de reclamo de impunidad con el que algunos padres actúan para evadir su responsabilidad.
En Mexico, al menos él 67,5% de las madres soltero no recibir pensión alimenticiasegún datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Se dice que tres de cada cuatro hijos de padres separados no cuentan con apoyo económico. Un panorama que explica por qué la lucha de Diana Luz Vásquez ha terminado convirtiéndose en la lucha de muchas mujeres mexicanas.
“Queremos justicia, porque el sistema no criminaliza a estos hombres, cuando son ellos los que actúan como delincuentes evadiendo la ley“, dice Diana a BBC Mundo.
“Falsifican la dirección de su residencia, cambian de trabajo, alteran sus ingresos, transfieren sus bienes para declarar la insolvencia y no van a las audiencias. Muchas veces dejan a sus esposas con deudas, las estafan y las condenan a la pobreza”.
Su labor como activista allanó el camino para el registro de deudores de alimentos al margen del público en el estado de Oaxaca y el establecimiento de un certificado de pensión sin deuda como requisito para acceder a contratos públicos o créditos financieros.
Ahora, lleva su lucha al Senado para que la Ley Sabina -nombre que le dio en honor a su hija de seis años- se aplique en todo el país. “Aún nos falta lograr 40 reformas más y eso es lo que estamos impulsando con esta Ley”, dice Diana.
“No es posible que las madres tengan que pagar una prueba de ADN en un juicio de paternidad con dinero que no tenemos. Queremos que se fije una pensión mínima para que no quede al arbitrio de los jueces, que sean Prohibido cambiar de guardia y custodia… El Estado debe asumir su responsabilidad, porque la maternidad también es un tema político“él añade.
Reclamar pensión alimenticia, básicamente, no debe reducirse a una cuestión de dinero, aclara Marú Breard. A su juicio, la discusión sobre la pensión alimenticia debe reorientarse para que la sociedad comience a hablar sobre el derecho a la maternidad digna.
“No podemos continuar la maternidad solas, en silencio y sin dinero. Las mujeres a las que se les niega el apoyo económico no pueden ser las madres que soñaron si viven a espaldas del progenitor y en un estado de constante maltrato e incertidumbre. Sin cuota alimentaria nunca tendremos maternidad digna ni infancias protegidas“.
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