
La Cámara de Representantes de los Estados Unidos, como era de esperar, se convierte en un circo. El mejor ejemplo de esto es el Comité de Justicia, presidido por el republicano radical Jim Jordan.
Jordan siempre ha sido un ferviente defensor de Donald Trump. Es de los que sostiene que la insurrección del 6 de enero de 2021 fue “una gira turística de buenos ciudadanos”. Siempre expresó su deseo de presidir este comité, pues afirmó que desde allí realizaría las investigaciones pertinentes para derrumbar los argumentos demócratas, y exponer los desmanes de lo que llama “la empresa criminal de Biden”.
Lo cierto es que quieren involucrar al hijo de Biden, Hunter, en negocios cuestionables en Ucrania y China. Pero ahora hasta los republicanos le están dando la espalda a Jordan, porque han pasado cinco años de investigaciones y no han podido probarle nada.
Para desviar la atención de ese fracaso, Jim Jordan decidió emitir una citación a Alan Bragg, el fiscal de Manhattan, que lleva el caso que llevó al arresto de Trump: los sobornos ilegales que usó para silenciar a las mujeres que habían tenido relaciones con él. él. Esto es totalmente irregular. Viola la separación de poderes, pero además, Jordan solo tiene poderes a nivel federal, y el caso contra Trump es local. Bragg, con razón, se negó a asistir a la citación, lo que se interpretó como una forma de intimidar al fiscal. Así lo consideró el juez del caso, y advirtió a Trump que no toleraría que se intimidara al fiscal, a los posibles jurados ni a él mismo, mostrando una caricatura que Trump subió a redes, donde aparece amenazando a Bragg con un bate de béisbol. Si Trump reincide, el juez puede ordenar la prisión preventiva.
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Preocupa el deterioro de las relaciones de México con Estados Unidos. El presidente López Obrador no cesa en sus ataques verbales contra su vecino. Más recientemente, acusa al Pentágono de espiar a las Fuerzas Armadas mexicanas. Creo que el Presidente requiere mejor información.
Para empezar, la administradora de la DEA, Anne Milgram, fue quien anunció el operativo que tardó tres años en infiltrarse hasta en los niveles más altos del Cártel de Sinaloa. Allí se derrumba, entre otras, la historia de que la DEA ya no operaba en México. Al inicio del sexenio, AMLO prohibió actuar en México a los operadores de la DEA. Estados Unidos respondió que ordenó la retirada de todos sus agentes del país. Pero no se fueron. Continuaron su trabajo como si nada hubiera pasado. Ahora dieron sus frutos y López Obrador está furioso. Pero no hay nada en el informe de Milgram sobre nuestras Fuerzas Armadas que revele, entre otras cosas, una falta total de confianza en nuestra capacidad para guardar secretos.
El espionaje de las Fuerzas Armadas provino de los documentos difundidos en la filtración realizada por un joven, quien ya fue detenido. Detalla el malestar de Estados Unidos ante la enorme acumulación de poder y dinero que se le ha otorgado a la Sedena. La gota que colmó el vaso fue la nueva responsabilidad del Ejército de controlar el espacio aéreo mexicano.
Ya había rumores en los pasillos de Palacio sobre un conflicto entre los secretarios de Defensa y de Marina. Se verificó ante la prohibición de la Secretaría de Marina de compartir información con la Sedena. Ahora del comunicado presidencial de que en México no se produce fentanilo, ni hablamos. Hay pruebas gráficas de los laboratorios.
En medio de todo esto surge la información sobre los viajes millonarios del secretario general Cresencio Sandoval. Las tropas deben estar asombradas.
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