
Diputado Federal por la LXIV Legislatura
La evasión y elusión fiscal fue una práctica común durante el régimen neoliberal. Algunas de las grandes fortunas del país se fundaron y consolidaron sobre este pilar durante seis sexenios. Otro de los grandes pilares fue la compra de empresas y activos nacionales a precios de remate, en ocasiones adquiridos con generosa financiación pública.
Durante ese período se hizo costumbre pagar muy poco o nada de impuestos, gracias a las grandes y generosas deducciones, así como a las condonaciones y devoluciones. También recurrieron a supuestas pérdidas fiscales y todo tipo de artimañas.
Las corporaciones económicas y financieras nacionales y extranjeras se dotaron de profundos equipos de ingeniería fiscal para pagar lo menos posible y engordar las fortunas de los ricos. Tampoco se pagaron impuestos por la venta de grandes empresas, al amparo de un fisco autista que se empeñaba en no ver las cuantiosas ganancias generadas.
Esos privilegios terminaron con el ascenso del movimiento social y la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República. El gobierno de la cuarta transformación se comprometió a no crear nuevos impuestos, pero las grandes empresas tendrían que pagar todas las contribuciones previstas en la ley, sin rebajas ni rebajas.
El aumento de la recaudación financiaría proyectos y programas sociales y la inversión pública. Se dejaría de beneficiar a un puñado de magnates para favorecer a la mayoría.
Esta política hizo temblar a los ricos y poderosos hasta entonces, intocables y protegidos por una gruesa capa de corrupción y complicidad, no solo tendrían que pagar impuestos sino también cubrir viejas deudas que ya estaban siendo reclamadas.
No sin gran resistencia, las grandes empresas han desfilado una a una por las oficinas del Servicio de Administración Tributaria (SAT), para alcanzar, entre otras, a Coca-Cola, Televisa, Tv Azteca, Walmart, América Móvil, IBM, Grupo Model. y Grupo BAL. Ahora casi todo el mundo paga, pero algunos resisten atrincherados en los tribunales.
Recientemente, el Tribunal Federal de Justicia Administrativa confirmó por unanimidad que Grupo Elektra, propiedad de Ricardo Salinas Pliego, el segundo empresario más rico del país, deberá saldar una deuda de 4.916.792.000 pesos. En octubre pasado el mismo tribunal ya lo había condenado a pagar 2 mil 772 millones de pesos por irregularidades fiscales observadas en 2006. Ambos créditos fiscales forman parte de los 31 mil millones de pesos que reclama el fisco.
El SAT estima que entre 20 y 30 grandes contribuyentes -corporaciones económicas y financieras- adeudan impuestos por alrededor de 100 mil millones de pesos. Y el gobierno comenzará a llamarlos.
De esta forma, se avanza en la justicia tributaria, donde cada contribuyente debe contribuir al gasto público de manera proporcional y equitativa, en los términos que establece la máxima ley del país.
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