lun. Abr 27th, 2026

“El contexto marca la diferencia”, nos enseñó Dieter Nohlen. Cualquier reflexión sobre el tema de la autonomía universitaria debe tener en cuenta esta advertencia. No es lo mismo pensar y medir la importancia de este atributo en contextos democráticos favorables al pensamiento crítico que en contextos adversos a la libertad de pensamiento y de carácter autoritario. La autonomía siempre será relevante pero no siempre estará amenazada.

Además, hay hechos y circunstancias en los que el autogobierno universitario —atributo de la identidad autónoma— adquiere especial relevancia. La renovación de los órganos de gobierno y, en particular, del rectorado son el mejor ejemplo.

En la UNAM habrá cambio de rectoría en apenas once meses y la situación se ve complicada. Hay muchos riesgos y desafíos que deben superarse.

El proceso de rectorado se dará en un momento en que la UNAM no ha terminado de superar los problemas de gobernabilidad interna. Por diversas razones y no siempre del todo claras, la normalidad académica no ha vuelto del todo. Además, existen problemas estructurales que siguen sin resolver: la situación de los docentes de las asignaturas, la precariedad del personal administrativo de confianza, la maraña normativa, la excesiva burocratización, por citar algunos. La autonomía debe ser una herramienta para superarlos desde dentro y no un pretexto para prolongarlos.

El contexto político nacional será muy complicado. Todos los procesos electorales lo son, pero el que comenzará en 2023 y terminará en 2024 tiene particularidades que no me detengo a contar. Me basta mencionar que la designación de la persona que ocupará la rectoría de la UNAM se verificará en los albores de la misma y la persona designada se ocupará de su decadencia y sus efectos hasta el año 2027. El mantenimiento y ejercicio de la autonomía universitaria será una deber inalienable.

La generación de la pandemia está llegando a las universidades. Jóvenes que vivieron en sus primeros años de vida una experiencia insólita y brutal. También lo hicieron en condiciones desiguales que imposibilitan tratarlos con los mismos estándares. Medir las implicaciones de esta situación y anticipar sus efectos con acciones de contención, pero sobre todo de mejora, es el mayor desafío al que se enfrentarán las instituciones de educación superior en muchas décadas. Si fracasan y permiten que esta sea una generación perdida, comprometerán a la sociedad mexicana en su conjunto en el mediano plazo. Sin hipérbole. En este frente, la autonomía universitaria conlleva una responsabilidad ineludible.

Una agenda central es el género. Las reivindicaciones que provienen de los movimientos feministas, la visibilización y el reconocimiento que exige la diversidad, la erradicación y, en su caso, la sanción de las múltiples formas de violencia son y deben ser prioridades. En la UNAM se han hecho algunos esfuerzos pero son claramente insuficientes. La revictimización, la sanción de los denunciantes, los pactos patriarcales, la simulación institucional siguen presentes. La causa es una cultura centenaria, arraigada y arraigada. Desmontarlo es una tarea pendiente y permanente. La autonomía no puede servir de cortina para ocultarla.

El contexto global también es desafiante. No estoy pensando solo en crisis geopolíticas, guerras, calentamiento global y tantos otros males de estos tiempos. También considero fenómenos ambivalentes como las transformaciones tecnológicas. Su velocidad es inversamente proporcional al shock pandémico. Es una tormenta que no se detendrá y, así como está preñada de oportunidades, conlleva costos ambientales insospechados, desafíos sociales, dilemas éticos, problemas legales, etc. Las universidades —especialmente las públicas— están llamadas a ser los escenarios de la generación de la transformación tecnológica sino también de los mecanismos y respuestas a sus efectos colaterales.

Desafíos internos, vicisitudes políticas, consecuencias de la pandemia, cultura patriarcal y frenesí tecnológico perfilan el contexto presente y futuro del gobierno universitario. Y el contexto hace la diferencia. Las personas que aspiran a la rectoría de la UNAM deben tener esto en cuenta. Deseo.

PD Este texto es un resumen de mis palabras en el foro “Autonomía y Libertad Académica” en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el 2 de diciembre.

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