mié. May 13th, 2026

Hoy martes 2 de mayo, la asesora de seguridad nacional del presidente Biden, Elizabeth Sherwood-Randall, será recibida en Palacio Nacional por el presidente López Obrador.

El tema anunciado es la migración, la búsqueda de mecanismos migratorios ordenados que permitan no sólo los cruces legales y regulados sino, sobre todo, la ansiada regulación de los flujos migratorios.

Algo, en términos concretos, muy difícil de lograr.

Eso no quiere decir que no se intente construir métodos ordenados que protejan la vida de los migrantes, evitando la persecución policial por parte de la Guardia Fronteriza.

Son temas de alta sensibilidad para ambos países, hoy enfrentados con diferentes posiciones y visiones del problema.

Es de reconocer que la administración Biden ha sido extraordinariamente paciente con el gobierno mexicano, el cual ha cambiado su posición y política al respecto más de una vez en los últimos cuatro años.

Desde aquella declaración –ampliamente desafortunada– de la señora Sánchez Cordero, entonces Secretaria de Gobernación, de “bienvenidos hermanos centroamericanos” y las sucesivas caravanas que provocaron, hasta la amenaza de medidas –entre ellas aranceles y suspensión de capítulos del TLC– por Trump y su gobierno, llegamos a la creación de la Guardia Nacional y su principal tarea asignada en la vigilancia fronteriza.

Ha sido, por decirlo sintéticamente, una montaña rusa de altibajos de tonos, posicionamientos, mecanismos y discursos.

Todos, a juicio de los expertos, fallidos y torpes porque se niegan a enfrentar el fenómeno de manera integral.

Cuando Ebrard y López Obrador acordaron contener a millones de migrantes para evitar que llegaran a la frontera con Estados Unidos bajo el mandato de Trump, un acuerdo, por cierto, celebrado a espaldas del Congreso y del pueblo mexicano, nos convertimos –sin saberlo – un tercer país seguro; Aunque Cancillería lo niega, los hechos lo confirman.

La campaña electoral estadounidense en la que los republicanos intentarán recuperar la Casa Blanca se basará, en gran medida, en lo que llaman el fracaso migratorio de Biden y la incapacidad de las autoridades mexicanas para cooperar. Reconocen esfuerzos, pero, afirman, son insuficientes.

El tema es que volverán a reunirse para analizar y discutir el tema, luego de los 30,000 inmigrantes mensuales que México acordó retener, luego de la reunión de enero entre Biden, Trudeau y López Obrador, la cumbre de “los tres amigos”.

Sin embargo, me parece que el asesor de seguridad nacional le presentará al presidente mexicano evidencias y argumentos mucho más contundentes que el tema migratorio.

El reciente desaire a la delegación mexicana para la llamada cumbre del fentanilo en Washington, hace apenas tres semanas, evidenció la molestia y el malestar que cunde en el gobierno estadounidense por la inacción del gobierno mexicano contra los cárteles de la droga. De manera especialmente notable, con el cartel del Chapo Guzmán y ahora con sus hijos, Los Chapitos.

Hace apenas ocho días se dio a conocer que la DEA se había infiltrado en el cártel, con lo cual pudo comprobar no solo el ingreso de fentanilo a Estados Unidos en cantidades importantes, sino que existen múltiples laboratorios para su producción en México.

Las críticas de AMLO a la intervención de la DEA parecían, a ojos de especialistas de ambos lados de la frontera, una innecesaria defensa del Cártel de Sinaloa.

¿Qué sabe la DEA sobre la eventual “protección” del gobierno mexicano a Los Chapitos? ¿Qué información tiene sobre los encuentros, saludos y otras atenciones que el presidente López Obrador ha brindado a esa organización?

En los últimos días, el abogado de la familia Guzmán volvió a escribir a AMLO quejándose de que el gobierno no había hecho nada -sigue lo prometido- para extraditar a México a Joaquín Guzmán Loera, el Chapo Guzmán.

Muchos elementos sobre la mesa para el análisis de las piezas que, en su conjunto, podrían ofrecer alguna aproximación al contenido de la conversación de hoy en Palacio Nacional.

Mucho me temo que no sabremos, ni en declaraciones ni en filtraciones, si el asesor del presidente Biden presentó pruebas significativas respecto a la relación entre el Cártel de Sinaloa y el actual gobierno de México. Un tema que, por su alta delicadeza y sensibilidad, podría encender las luces de alerta en Washington.

Veremos si el Canciller Ebrard está presente en la oficina presidencial durante la reunión o si es solo el Presidente con su traductor y el enviado de la Casa Blanca.

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Metro

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