
Los países que se han desarrollado y colocado a la vanguardia del mundo han experimentado e implementado profundas reformas educativas. La incorporación de la ciencia y la tecnología en sus programas de enseñanza ha sido el elemento que ha hecho posible su progreso y crecimiento económico.
En su época, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia realizaron profundas transformaciones en sus sistemas educativos. Los países que asumieron la responsabilidad de transformar su educación dieron el salto al futuro, los demás quedaron anclados en la inercia del pasado.
Ha habido un largo período de reconstrucción y progreso en todos los ámbitos de la vida, que se ha acelerado aún más en las últimas décadas. El progreso en todas las áreas del esfuerzo humano es impresionante. En la agricultura, la medicina, el transporte, la industria de la construcción, la generación de energía, la educación e incluso el arte, nos encontramos a diario con innovaciones inesperadas. Nos asombra el despertar de las comunicaciones: internet, Facebook, Twitter, Instagram y muchas aplicaciones más. Nuestra convivencia es diferente. Las nuevas generaciones no tienen nada que ver con las nuestras, es otra dimensión, otras formas de actuar e interacción humana.
India, con Nehru, transformó hace varias décadas la educación en su país. Se abrió a nuevas técnicas e incorporó la ciencia y la tecnología a los procesos educativos. Transformó la educación primaria al incorporar inglés, matemáticas y otras materias técnicas. Creó universidades de primer mundo con profesores bien pagados de Harvard, Oxford, Cambridge y la Sorbona, lo que le permitió dar el salto a otra dimensión. Esta acción visionaria de un estadista produjo los profesionales y técnicos que hicieron posible la instalación de empresas de software de muy alta tecnología en el país.
China, el fenómeno más impresionante de los últimos años, se convirtió en el gigante del mundo gracias a su gran transformación educativa. Está al frente de la guerra tecnológica y comercial, ganando batallas que parecían imposibles. Países asiáticos como Singapur y Corea, que tenían niveles de crecimiento similares a los de México hace varias décadas, dieron un salto y nos dejaron atrás.
Es hora de México, el futuro nos alcanzó. Nuestra ubicación geopolítica, lindando con el mercado más grande del mundo, y la guerra comercial de Estados Unidos con China nos brindan ventajas comparativas que debemos aprovechar para reactivar la economía nacional y en especial la de las zonas empobrecidas del país. Chiapas podría ser el plan piloto global donde Estados Unidos, Canadá y México establezcan condiciones preferenciales e infraestructura para el establecimiento de empresas internacionales vinculadas a las exportaciones.
Es importante señalar que para que esto suceda es necesario garantizar la seguridad jurídica, el respeto a las leyes y una fuerza laboral capacitada para convertirse en un país atractivo para las inversiones extranjeras que buscan espacios para su instalación. Es hora de crear grandes espacios de educación técnica y científica para la formación masiva de la mano de obra que demandan las empresas exportadoras. No perdamos esta oportunidad, es única, está a la vista. No la dejemos ir. Atrapémosla por el bien de nuestro país.
México no tiene otra alternativa que vivir una gran transformación educativa. Los tiempos exigen cambios drásticos en esta materia. Es la única forma de salir adelante, de competir en el mundo. Una educación moderna, de vanguardia y avanzada hará posible la creación del nuevo mexicano.
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