
Carlos Castillo Peraza se refirió en varias ocasiones a lo que llamó “la cultura del mural”. Acuñó el concepto cuando notó que el muralismo mexicano es insoportablemente maniqueísta.
En efecto, como cualquiera puede comprobar fácilmente, varios de los autores más renombrados del movimiento muralista se dedicaron a pintar, por un lado, con rasgos grotescos, los villanos de nuestra historia y, por otro, con formas angelicales, los buenos de esta película de cinco siglos.
Los primeros son –o fueron— siempre y por definición malos, y los segundos son superlativamente buenos e inmaculados, también por definición. Demonios y santos, malos y buenos, tuertos y correctos, siempre y durante toda su vida y en su participación en la vida pública de México. No puede haber mayor maniqueísmo.
La “cultura mural” se alimenta de la “subcultura cliché” (concepto que ya no corresponde a Carlos Castillo), es decir, la que define oficialmente la verdad inapelable, dogmáticamente impuesta, sobre cada hecho histórico. Evento en el que, según el respectivo cliché según la interpretación oficial, participaban los buenos por un lado y los malos por el otro. El primero en la épica y gloriosa; el segundo en derrotas, abusos, compromisos y traiciones.
Uno de esos clichés, repetido una y otra vez por la historiografía oficial, es el que atribuye la fundación del PAN a una especie de reacción contra la expropiación petrolera realizada en 1938.
En el mitin realizado el 18 de marzo en el Zócalo capitalino, convocado por el presidente López Obrador para conmemorar el 85 aniversario de dicha expropiación, dijo:
“En ese ambiente se fundó el 17 de septiembre de 1939 el Partido Acción Nacional, que nació criticando la expropiación petrolera. Esto lo digo aquí, en el Zócalo, porque no miento, digo la verdad.” Pues no, el Presidente, y en el Zócalo, era mentira.
Respecto a la posición de Acción Nacional sobre el petróleo y su expropiación, ningún documento la explica mejor que el extenso informe -como él lo llamó- redactado por Manuel Gómez Morin, fundador del PAN, con fecha 28 de febrero de 1940, en respuesta al discurso pronunciado por el presidente Lázaro Cárdenas el 20 de ese mes ante el “asombrado” legislador del estado de Guerrero, “elegido por razones desconocidas para conocerlo”.
Refiriéndose al tema específico del petróleo, Gómez Morin escribió: “El Presidente considera que no debe retroceder el camino seguido en materia petrolera; pero no se limita a eso, sino que afirma gravemente que quienes no están de acuerdo con el proceder de su gobierno ‘están ligados a los intereses de los explotadores del pueblo’. Poco se ha informado al pueblo de lo que se ha hecho en materia petrolera –dijo Gómez Morin-, más allá de la propia expropiación”.
Y agregó: “Sobre la expropiación, todos los mexicanos anhelamos ardientemente que el arreglo final defienda y garantice la dignidad y autonomía de la Nación y no signifique una carga insoportable para el futuro. En cuanto a la organización de la propia industria petrolera, es insostenible la afirmación de que no se debe dar marcha atrás en lo que ha hecho el régimen. Sí, debe retroceder, para que esta organización responda a las necesidades nacionales ya los fines nacionales invocados como fundamento. Debe volver tan pronto como sea necesario para crear un sistema técnico y eficiente para la explotación y aprovechamiento de ese recurso natural que pertenece a México; [sí debe retrocederse] tan pronto como sea necesario para evitar abusos, ganancias, favoritismos y derroches en la administración de la industria…rendir cuentas públicas claras de la gestión realizada en la industria…”
Gómez Morin luego agregó enfáticamente: “El viejo y justificado anhelo de que México aproveche al máximo sus propios recursos naturales de la mejor manera posible, no se ha concretado. Y así creerlo fundado, y decirlo así, y gestionar lo que sea necesario para que este ideal se cumpla verdaderamente en bien de toda la Nación, no implica pactar con los vagamente llamados ‘explotadores del pueblo’”.
En otras palabras, a lo que Gómez Morin se opuso categóricamente no fue a la expropiación de la industria petrolera, sino a la forma en que ya se estaba manejando esa industria, menos de dos años después de que el gobierno la hubiera tomado: sin técnica, con ineficiencia, con ” abusos, usurpaciones, favoritismos y despilfarros en su administración”. Lo que lamentablemente hasta la fecha subsiste, y todo el mundo lo sabe.
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