
Ex Secretario Ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE)
La política por encima de todo, rectifico, la sucesión por encima de todo, que no es lo mismo. Si así fuera, quienes aspiran a presidir el Ejecutivo federal se estarían refiriendo al cuidado de los derechos más elementales: el derecho a vivir en seguridad; el derecho a la libre circulación; los derechos a la salud, educación, vivienda, trabajo; el derecho a disentir.
A cambio, recurrimos a un espectáculo de “popularidad” y descalificación para el que recurren a ignorar la realidad y personalizar sus males. La narrativa mañanera impone su impronta, vamos, sin un mínimo esfuerzo de originalidad.
En el pasado de la hegemonía priísta, la designación del candidato recaía en gran medida en el presidente en funciones y éste tenía claro que una vez aclarada la ecuación, su poder comenzaba a decaer. De tal manera que su quinto año supuso el último esfuerzo por culminar las obras de su gobierno y una especie de contención de las intenciones sucesorias de quienes aspiraban a ocupar su puesto y sus anfitriones.
No fue una tarea fácil, ya que de ello dependía no sólo que siguiera siendo el equilibrio de la balanza, sino también la estabilidad política y que los enfrentamientos naturales entre los candidatos no rebasaran los límites de la gobernabilidad.
La pregunta no podría estar mejor sintetizada en la frase de Fidel Velázquez: “Quien se mueve no sale en la foto”.
El actual presidente ha seguido muchos de los patrones de sus antecesores de los años “gloriosos” del PRI, pero aquí está rompiendo la regla, dándose la señal temprana de salida de la carrera sucesoria que no solo viola la norma electoral que define veces para ello, sino que también pone a prueba su propia capacidad de control.
El presidente ha definido las reglas dentro de sus filas: NO debates; despliegues “austeros”; cuatro el número de contendientes no, lo siento seis; el tema: la defensa de la transformación, etc.
De la misma manera, no ha tenido reparos en dar pasos claves en su gabinete en áreas que siempre son críticas y más en este momento: el gobierno interno y la representación nacional en un contexto global cada vez más turbulento.
Ahora, en un acto histriónico más, dice que entregará el cargo el 6 de septiembre, un año antes de su mandato constitucional. Una pieza más de un cómic con el que pretende ocultar la intención de perpetuarse en la continuidad de su proyecto.
Anteayer asistimos a una evidencia más de esa narrativa. A la más antigua: un Zócalo lleno, un presidente en el centro, sus “elegidos” en la segunda fila, señalando a los culpables de todo y, lo más preocupante, el dedo en la llaga de una realidad lacerante: primero los pobres.
Tiene razón el presidente, si no atendemos esta dolorosa realidad, no solo tenemos una deuda histórica sino que vivimos día a día alimentando a un “México rudo” que, falto de opciones, recurre a la inmediatez de riquezas efímeras a costa de el riesgo de la vida de todos
Lo que es inadmisible es que haga un uso abusivo de esa incuestionable realidad y ahora la use como amenaza, como catapulta contra los que considera sus enemigos, el presidente juega con fuego…
Día tras día, hecho tras hecho, con todo se confirma su férrea idea de que él es el gran orquestador y que su voluntad está en marcha. Pero la dinámica política impone sus propias condiciones y rumbos, así como las ambiciones de los aspirantes y sus seguidores.
Por otro lado, el escenario ha cambiado en los últimos días, y aunque el Frente opositor aún no lo es (disidencia en sus filas; dudas sobre el predominio partidista sobre el ciudadano; legalidad sobre su comportamiento; cuestionamientos sobre el método y trayectoria de algunos de sus líderes, etc.), lo cierto es que entre sus filas han surgido candidaturas con perfiles desafiantes.
Entre las naturales disputas por liderar la renovación del oficialismo, la posibilidad de candidaturas más competitivas de la oposición y un creciente descontento social, sobre todo por el contexto de inseguridad, lo que se avecina no será una transición liviana, ni siquiera para aquellos que imaginó poder resolver su sucesión sin contratiempos para dar continuidad a su proyecto, o para quien quiera disputarlo.
POSDATA: Qué grave que en medio de la incertidumbre que vivimos, haya quienes apuesten por acentuar la polarización, recurriendo incluso al ingrediente inadmisible del racismo. ¿Se utilizará el razonamiento fascista de que el fin justifica los medios? Cuanta razón tenía Cervantes, “cosas vederes Sancho”, los que ayer fueron héroes en la defensa de los derechos de las minorías y los primeros en indignarse ante cualquier forma de discriminación, acuden hoy a ella desenmascarando su sectarismo.
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