jue. Abr 9th, 2026

Una y otra vez durante la última semana, portavoces del oficialismo, militantes de Morena y dirigentes de la 4T han insistido en que hay una guerra sucia contra ellos.

Entender “guerra sucia” como una campaña orquestada en redes sociales y medios de comunicación para criticar, denigrar e incluso cuestionar a la 4T.

Afirman, víctimas sensibles, que no es justo, que les atacan de forma vil y rencorosa.

La primera respuesta obligada es señalar que vivimos en tiempos de campañas electorales. La etapa precisa en la que los ataques, críticas, acusaciones y cuestionamientos profundos no sólo aparecen, sino que son utilizados por los partidos con énfasis y repetición, para acusar y dañar al adversario en la percepción pública.

El presidente se enojó públicamente (hace tres días) porque un reportero de Radio Acir, en el programa matutino, le pasó un audio de una ciudadana que llamaba a la famosa Megafarmacia y solicitaba medicamentos: le respondieron que no los tenía.

El presidente se enoja, dice que es falso, que es una campaña para desprestigiarlo y luego lanza una seguidilla de insultos, agravios y descalificaciones contra medios y periodistas.

¿Lo que sucede? ¿Por qué pierde su caso por una pregunta de un periodista?

La falta de medicamentos es real, no es un invento de malos neoliberales. Este gobierno, que se acerca a su fin, reinventó cuatro veces el sistema público de distribución de medicamentos en clínicas y hospitales gubernamentales.

Primero, fue la ONU —recordarán— cuando en sus primeras apariciones pidió a las Naciones Unidas que se hiciera cargo de operar un sistema justo y equilibrado en materia de medicamentos; El segundo fue Insabi, que duró poco y fue desastroso por su incapacidad e ineficiencia, luego vino Birmex, para que lo distribuyeran en todo el país, y finalmente Megafarmacia.

Todos fracasos estrepitosos, que se niegan a aceptar y tratan de ocultar. Pero el presidente dice que es una guerra sucia por parte de los medios.

Mario Delgado y Epigmenio Ibarra han señalado que es injusto hablar del sangriento y criminal clima de inseguridad que vive México como responsabilidad de este gobierno.

¿Y luego de quién? ¿Repetir la misma vieja canción y sus errores? ¿No prometieron arreglarlo? ¿No prometieron enviar a los soldados a sus cuarteles?

México va a cerrar este sexenio con casi 200 mil muertes en seis años. Más del doble que Peña Nieto y casi el triple que Calderón. Estos son datos, por cierto, de sus propias organizaciones de registro y contabilidad.

También dicen que es injusto porque ellos no iniciaron el problema, que empezó en 2006 con Calderón. ¿Y luego? ¿Justifica eso el hecho de que se haya desbordado bajo su gestión?

La ausencia de una estrategia clara para combatir el crimen o contener la violencia ha producido este desastre nacional que tiene al país en sangre.

Pero hablar de eso es guerra sucia, es atacar indebidamente al gobierno.

Todo cuestionamiento crítico proviene del neoliberalismo. Cualquier cuestión sobre el presupuesto, las obras públicas, el fracaso y el éxodo educativo en la educación secundaria, el colapso del sistema nacional de salud, se considera obra de una campaña estratégica para perjudicarlos.

Señoras y señores de la 4T, no hace falta ninguna estrategia ni campaña. Puedes hacerlo solo.

Pero el presidente se derrumba y lanza insultos y amenazas cuando algunos personajes de los medios hablan de corrupción, investigaciones sobre los negocios de sus hijos y empresas en manos de los amigos de sus hijos. Contratos multimillonarios en sistemas de salud, como proveedores de servicios o artículos en múltiples entidades y agencias.

Eso también es guerra sucia.

Por qué cuando la izquierda estaba en la oposición –si Morena puede considerarse de izquierda– era válido criticar al gobierno de turno; señalar los excesos, los oscuros desvíos de fondos y presupuestos, el comportamiento comprometedor, cómplice y silencioso del gobierno de Peña.

Ahora que están en el poder, estas preguntas no son válidas, es mal humor, están animados por el resentimiento y la insidia que busca polarizar.

El primer generador de polarización en el país se llama Andrés Manuel López Obrador. Logró, exitosamente para sus propósitos de continuidad en el poder, salir de este país, dividirlo: en liberales y conservadores, entre neoliberales y morenistas que aman al pueblo y múltiples categorías más. Son miles de horas suyas delante de las cámaras cada mañana desde hace más de cinco años.

Vivimos en una campaña electoral, un momento de contraste de propuestas y soluciones a los problemas. Tiempos de promesas y visiones, y también de críticas y cuestionamientos.

¡Esperar! Eras peor cuando estabas en la oposición.

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Metro

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