dom. Jun 21st, 2026

En un país normal, a estas alturas del sexenio, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en un acto de protección a su legado, debería haber despedido a varias personas del gabinete, incluido el secretario de Gobernación y posible candidato presidencial, Adán Augusto López, por la muerte de 40 migrantes. Pero, como sabemos, México no es un país normal, al menos cuando se trata de manejar las crisis y la corrupción que se presenta durante un sexenio.

Y esto no es solo un problema de Andrés Manuel López Obrador, sino que también aquejaba a Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Por una u otra razón, los Presidentes no querían o no podían tener un Secretario. Tal vez fue miedo a la extorsión, tal vez porque todos se beneficiaron de la corrupción. Pero debemos ser muy claros, negarse a despedir a una secretaria no fue un acto de lealtad hacia un miembro cercano del equipo. Fox, Calderón, Peña y ahora López Obrador prefirieron asumir los costos políticos de las negligencias y actos delictivos de sus más cercanos asesores.

Desde que comencé a escribir este espacio “Análisis sin Fronteras” hace más de 20 años, uno de los temas que trato con frecuencia es el estilo de liderazgo y gobernabilidad de los presidentes, asumiendo que un líder extraordinario buscaría rodearse de un equipo extraordinario de asesores: personas con experiencia, visión y voluntad para desempeñar sus funciones al servicio del presidente y de la nación.

Jajaja. Obviamente, en ese momento yo creía que en el Popocatépetl vivían unicornios.

Pero también he señalado a lo largo de los años el pragmatismo que requiere el ejecutivo para utilizar a las secretarias como piezas de ajedrez que se sacrifican para evitar un jaque mate al Rey. Disculpen que me vuelva a repetir un comentario que me hizo hace 20 años, en una entrevista que le hice al expresidente de Colombia y luego secretario general de la OEA, César Gaviria, donde señalaba que el presidente debe considerar a los ministros (secretarios ) del gabinete como fusibles que se encendían y apagaban según las necesidades políticas del presidente. Esta fue su reacción a la pregunta que le hice sobre la declaración del presidente Fox, que utilizó un cazatalentos para formar su “Gabinete Montessori”, que su gabinete era por seis años, que nadie perdería su trabajo. Obviamente estaban renunciando, según las ambiciones políticas del Secretario, y no del Presidente Fox: Un ejemplo fue Jorge Castañeda y Felipe Calderón, ambos renunciaron buscando la presidencia, este último logró su objetivo.

En el caso del presidente Felipe Calderón, sin entrar en el debate sobre lo que sabía o no sobre las actividades ilícitas de Genaro García Luna, su error histórico probablemente fue no destituir al entonces secretario de Seguridad Pública por incapaz: hubo varios incidentes, incluido el tiroteo entre policías federales que peleaban por un cargamento de drogas, en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Calderón no usó a García Luna como uno de sus fusibles, y así protegerse de los costos políticos de una estrategia de seguridad fallida.

El caso de Enrique Peña Nieto es muy similar a la situación que vive el presidente López Obrador: Secretarios que no se dedican a servir a la nación, sino a hacer campaña por la presidencia. Y en ambos casos se desmantelaron instituciones para proteger los intereses políticos de los “candidatos”. En el caso de Peña Nieto, desde el primer día de gobierno, el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray tuvieron un enfrentamiento público, buscando la candidatura. De hecho, la Secretaría de Seguridad Pública fue desmantelada para que Osorio Chong pudiera fortalecer el control político y presupuestario en la Secretaría de Gobernación. La fuga del Chapo y el manejo inicial que le dio el gobierno federal al caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa fueron incidentes que ameritaron ser dirigidos al entonces secretario de Gobernación y candidato presidencial, pero el presidente Peña asumió los costos políticos y eso se reflejó en parte. , en el derrumbe de Peña en las encuestas.

El teflón presidente de López Obrador al parecer no necesita que los secretarios asuman los costos políticos de sus errores. El secretario de Gobernación Adán Augusto López, encargado de la política migratoria, no perdió su trabajo por la muerte de al menos 40 migrantes en Ciudad Juárez, pero al parecer AMLO va a desaparecer el Instituto Nacional de Migración para quebrar el orden político y administrativo. responsabilidad de sus corcholatas con el tema migratorio.

¿Por qué tanta lealtad a funcionarios ineptos o corruptos? Porque en el juego del poder, los secretarios ayudan a gobernar, pero también son el talón de Aquiles.

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Metro

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