lun. May 4th, 2026

En el último año hemos sabido de Sasha Sokol por motivos extramusicales. No debe haber sido fácil para ella denunciar lo sucedido hace décadas. Un gran peso sobre su espalda y su conciencia, una rabia contenida, una mirada culpable sobre sí misma, un ancla que la hundía en el pasado. Sasha sabía del dolor, que no era la única suya y que su voz -siempre su voz, herramienta y arma del que canta- sería liberadora para muchos de ella, no sólo para ella.

No sé si el coraje, la impotencia o el simple repaso de la vida que siempre nos tira al bache de forma reiterada, la llevaron a denunciar lo sucedido entre ella y su abusador. O fue la burla que hizo en los medios de lo sucedido lo que disparó su voz, que agotó el silencio. Y luego lo denunció públicamente. Y ella lo llevó a juicio. Suena fácil, pero es todo lo contrario.

Jia Tolentino, escritora estadounidense, en su libro espejo falso, señala sobre el calvario que tiene que pasar una mujer para denunciar una violación y, por supuesto, aquí habría que poner el maltrato: “No hay otro delito que sea tan frustrante y tan punitivo como la violación. Ningún otro crimen violento viene con una coartada incorporada que exonera inmediatamente al delincuente y traslada la responsabilidad a la víctima. No hay ningún tipo de conducta interpersonal que se pueda utilizar para justificar el robo o el asesinato de la forma en que se puede utilizar el sexo para justificar la violación”. Y claro, porque la mujer que denuncia el abuso tiene el peso de la duda general sobre ella: tú lo provocaste, ¿qué hiciste?, aceptaste, ¿por qué te vistes así?, ¿dónde estaban tus padres?, no sabías qué hiciste Es doble o triple victimización, la responsabilidad es de la víctima.

Sasha ya pasó por eso y un tribunal de la Ciudad de México condenó a Luis de Llano a disculparse públicamente, a pagar una multa económica aún por definir y se le prohíbe referirse a la relación asimétrica, abusiva y perversa que tuvo cuando tenía casi cuarenta años. años y Sokol 14. Esa diferencia de edad es clara ahora que el sujeto está próximo a cumplir 80 años y debe acatar la orden judicial por su repulsiva conducta.

Las plazas en las que las mujeres de todo el mundo se reúnen para protestar son manifestaciones de solidaridad: están las que son gritadas en público, las que son violadas en la escuela o en casa, las violadas, las humilladas, las que son acosadas en el trabajo o en la calle. la calle, las amenazadas por sus parejas, las que denunciaron el abuso y las que siguen con miedo. Por eso son tan fuertes y abrumadores.

Tolentino recuerda en su libro lo que el Espejo diario en un editorial de 1906, simpatizando con las mujeres que lucharon por el voto en Inglaterra y que, en protesta, rompieron ventanas e incendiaron edificios: “¿De qué otro modo, sino gritando, golpeando y alborotando, consiguieron que los hombres conquistar lo que hoy se enorgullecen de llamar sus derechos?

Sasha se ha llevado –literalmente– ‘la voz que canta’, con su triunfo en los juzgados, pero también la lucha de millones de mujeres en este país que –también literalmente– no tienen voz, tiemblan o les impiden salir. Que Sasha siga cantando alto y fuerte. Qué bien por ella y qué bien por todos.

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Metro

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