mié. Jun 17th, 2026

La Gloriosa Cuarta Transformación se convirtió en una triste cuarta transformación. Más corrupción, más pobreza, más inseguridad. Lo que iba a ser no fue y no será. Soñaba con ser como Hidalgo, Madero o Cárdenas, pero López Obrador terminará tirado, junto a los populistas Echeverría y López Portillo, en el basurero de la historia. En estos años México vivió un revés, pero eso es la democracia, un proceso de prueba y error. México como país se equivocó al elegir a un demagogo, espero que hayamos aprendido la lección. Por ahora hay señales visibles de que la corriente que llevó a López Obrador a la presidencia está cambiando de rumbo, señalo tres puntos:

En el mundo globalizado en el que vivimos, los movimientos de capital tienen más peso que las ruidosas declaraciones de soberanía, dirigidas a clientelas locales. El anuncio de Elon Musk de que instalará una gigafábrica en Nuevo León para producir autos eléctricos, o el anuncio de que más de 150 empresas canadienses se van a instalar en el país, envían una poderosa señal de que el capital se está moviendo hacia México, a pesar de la inseguridad y la Estado de derecho débil, es decir, a pesar de López Obrador, que ya se va.

El segundo punto tiene que ver con Estados Unidos. Trump soportó la rudeza mexicana porque se identificó con el estilo atroz de López Obrador, a quien llamó Juan Trump. Pero cuando creyó que era necesario, chasqueó los dedos, amenazó con subir los aranceles, y Ebrard literalmente “redoblamos”: cedimos a lo que nos impusieron. Trump volvió a chasquear los dedos y López Obrador acudió obsequioso a la Casa Blanca en plena campaña electoral. Pero los vientos cambiaron y el clima se volvió hostil. No solo un puñado de congresistas republicanos y demócratas señalan el peligro que representa para la democracia López Obrador, son todos los principales diarios y cadenas de televisión estadounidenses los que lo condenan, al punto que se ha convertido en el hazmerreír de los espectáculos nocturnos. Las advertencias provienen del Departamento de Estado y la DEA. El clima adverso apenas comienza, se intensificará a medida que se acerquen las elecciones de 2024.

El tercer punto, el más importante: el despertar ciudadano. Las marchas de noviembre y febrero dejaron en claro que los ciudadanos están muy por delante de los estancados partidos de oposición. Salimos a la calle y vamos a seguir saliendo. La marcha del 18 de marzo no tiene punto de comparación con las marchas que se organizaron en más de 120 ciudades y en las embajadas de México en el exterior. Es necesario encauzar la marea rosa de ciudadanos hacia canales partidistas, vehículos imprescindibles para competir en 2024.

Las cosas no pintan bien en Morena. La predilección de López Obrador por la servil Sheinbaum no deja otro camino a Ebrard que renunciar y hacer campaña con los verdes. Morena llegará dividida, con un candidato con carisma cero (el carisma no se hereda, señaló Max Weber). Adán Augusto cumple fielmente el rol de comparsa de su compatriota y guardaespaldas del candidato presidencial. Ricardo Monreal algún día tiene que cansarse de la humillación recibida. Un partido dividido, pierde.

Las encuestas indican que en la carrera en la que corren solos, los morenistas tienen ventaja. Muy diferente será cuando la oposición elija un candidato. Sheinbaum tendrá que explicar los pequeños escondites de su madre en las Islas Caimán que exhibieron los Papeles de Panamá. No será fácil librarse de las muertes del Rebsamen, de la línea 12 y de la Línea 3 que pesan sobre su espalda.

La oposición tiene buenas condiciones para contender por la presidencia de la república. Dos factores juegan en su contra: el primero, los engaños, las trampas, las mentiras y los pactos con el narcotraficante de López Obrador, dispuesto a todo para conservar el poder, aunque sea a través de un intermediario; el segundo, la falta de miras y la mezquindad de las direcciones partidistas, que han demostrado que es capital.

Los partidos de oposición tienen que unirse en una alianza que incluya a Movimiento Ciudadano. Es fundamental que Dante Delgado deje su juego de estratega y vea por el bien del país, por primera vez en su vida. La alianza, ya conformada, tiene que abrirse a la ciudadanía, para que pueda participar en la elección de candidato a presidente y escaños en el Congreso. Los primeros 18 escaños plurinominales en ambas Cámaras hay que ofrecerlos a los ciudadanos con mejores credenciales: hay que volver a subir el nivel del Congreso, que Morena ha llevado a su punto más bajo (recordemos que los diputados le cantaban las mañanas a AMLO en la ¿lleno?)

Debates, con el mayor número de candidatos -militantes y ciudadanos, como sea posible-; elecciones primarias supervisadas por el INE y abiertas a quien quiera presentarse; participacion ciudadana. Sin democracia interna, es ridículo que los partidos hablen de ataques a la democracia en el país. Ha llegado el momento de cambiar las cosas.

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