jue. Ago 20th, 2026

Economista Jefe INVEX

Es una buena noticia que, según la encuesta a analistas del sector privado del Banco de México (Banxico) publicada el 3 de julio, la mediana de las estimaciones de inflación al consumidor en nuestro país al cierre de 2023 finalmente se ubicó por debajo de 5.0 por ciento por año. En meses anteriores, dicha mediana siempre se mantuvo por encima de ese nivel.

El mismo banco central también ha rebajado sus previsiones de inflación general. Parece que las distorsiones generadas en su momento por la pandemia del SARS-CoV-2, y posteriormente por la guerra Rusia-Ucrania, han dejado de influir en el proceso de formación de precios por el lado de la oferta.

Asimismo, no debe pasarse por alto el mínimo ajuste a la baja en la expectativa de inflación subyacente que reportó Banxico en su más reciente comunicado de política monetaria (de 7.4 a 7.3 por ciento anual en el índice promedio del período abril-junio de 2023).

Dada la restricción monetaria que se ha logrado hasta la fecha, la inflación en México comienza a remitir. Para que esto continúe y la inflación alcance la meta del banco central de 3,0 por ciento, “será necesario mantener la tasa de referencia en su nivel actual por un período prolongado” (en términos reales, por supuesto). Nadie duda de la trayectoria descendente de la inflación general, especialmente ante la caída de los precios internacionales de la energía. Cabe señalar que los analistas y las autoridades financieras ya están confirmando la caída de la inflación subyacente.

Aunque la inflación está bajando gracias a la intervención del banco central, el problema son los riesgos.

Banxico destacó en su más reciente reunión que “se considera que el balance de riesgos respecto de la trayectoria esperada para la inflación en el horizonte de proyección sigue sesgado al alza”. Específicamente, los riesgos al alza son: “Yo) persistencia de la inflación subyacente en niveles elevados; ii) depreciación del tipo de cambio en caso de volatilidad financiera internacional; iii) mayores presiones de costos; y iv) presiones sobre los precios de la energía o la agricultura”.

En particular, y desde el punto de vista de este autor, el principal riesgo al alza para la inflación se concentra en el rubro subyacente debido a un fuerte ritmo de expansión económica. No en vano, dicho riesgo persiste como el principal destacado por Banxico en sus anuncios de política monetaria.

La expectativa de crecimiento del mercado para el PBI en 2023 pasó de 0.98 a 2.30 por ciento entre enero y junio (encuesta de Banxico). De hecho, no sería de extrañar que el consenso converja (por segundo año consecutivo) hacia el 3,00 por ciento previsto por el Ministerio de Hacienda. Si bien la inflación subyacente anual debería moderarse este año debido a menores aumentos intermensuales en comparación con los observados en los mismos meses de 2022, la gran pregunta es cuánto menores podrían ser estos aumentos si el crecimiento continúa sorprendiendo al alza. Por ahora, las perspectivas de la inversión extranjera directa (e incluso de cartera por el atractivo diferencial entre las tasas de interés de México y Estados Unidos), la demanda interna (especialmente en la parte comercial y de servicios), así como las exportaciones manufactureras a pesar de un marcado apreciación del tipo de cambio, es positivo.

Entre los riesgos al alza para la inflación destacados por el banco central, el que por ahora parece menos probable es el de una “depreciación cambiaria en caso de volatilidad financiera internacional”. Al cierre de este artículo (miércoles), la paridad peso-dólar había roto temporalmente el piso de los 17,00 pesos para luego ubicarse por encima de este nivel.

De hecho, no se descarta que el tipo de cambio registre una apreciación adicional pese a la confirmación de dos alzas más en la tasa de referencia de la Reserva Federal. Considerando la fortaleza que muestra la economía mexicana y la posibilidad de que Estados Unidos no entre en recesión este año, solo un shock como la pandemia, la guerra en Europa del Este, una caída en la actividad global o un grieta bursátil podría disparar el tipo de cambio en lo que resta de 2023.

Hasta ahora no parece eso. Aunque siempre pueden aparecer cisnes negros.

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