dom. Jun 14th, 2026

En dos lunes será el día después de las elecciones en Coahuila y el Estado de México. Si las cosas siguen igual, Alejandro Alito Moreno, líder nacional del PRI, se adjudicará la victoria en la entidad norteña, y deslizará que la otra la perdió el gobernador. Entonces quieres ser el factor de 2024.

El campechano tiene la llave de la alianza opositora. Tras las inminentes elecciones, en las negociaciones opositoras con Marko Cortés, del Partido Acción Nacional afirmará que tiene los atributos para ser el candidato opositor. Lo que quiere y puede.

Alito armó su candidatura hace algún tiempo. Hace poco más de un año, con un power point, explicó que la oposición, y en particular el Partido Revolucionario Institucional, estaba lejos de ser marginal o poco competitiva.

También argumentó que la popularidad del presidente López Obrador en las encuestas era similar a la de varios de sus antecesores, y que los resultados del gobierno fueron peores.

Esas reuniones de calentamiento se detuvieron con el aluvión de grabaciones de audio ilegales que Layda Sansores le prescribió desde su tierra. Alito cambió de discurso y tras votar con Morena ampliar la militarización de la seguridad, el gobierno lo dejó en paz. Le doblaron, pero aun así no perdió el partido.

Lo que sí perdió fue la confianza de Marko, que vio cómo su aliado dejaba colgada la moratoria legislativa opositora. Pasaron semanas antes de que el líder nacional del PAN volviera a contestar la llamada. La alianza sobrevivió hacia Edomex y Coahuila, pero aún queda una dura prueba.

Como anunció Ricardo Raphael semanas atrás, Alito quiere ser candidato a Palacio Nacional. O al menos quiere amagar para negociar con Marko, con el PRD y con la sociedad organizada que impulsa la alianza opositora. Pero, inicialmente, dirá que sí quiere y que tiene una mano.

El descrédito de Alito (que no empezó con los audios lascivos de su paisana, pero sí catapultó esa fama al primer plano) provocó una crisis dentro del PRI, pero lejos de verse obligado a renunciar, terminó fortaleciéndolo. Pero esa habilidad no le dio rendimientos similares a nivel de alianza.

Así como Alito no parece darse cuenta de que su descrédito personal anula cualquier aspiración presidencial, Cortés no reconoce que su liderazgo está en entredicho por la evidente falta de impulso y claridad en la forma en que seleccionarán a sus candidatos para 2024.

Alito se quedó con los candidatos del Edomex y Coahuila al ofrecer al PAN ser el factor en la decisión de las candidaturas presidencial y capitalina para el próximo año. Están a punto de robarle ese reclamo, pero nadie puede decir que hizo mucho para retenerlo o hacer que la rebelión le costara más a Alito.

Cortés no es el líder de nada que se asemeje a un proceso interno –ya sea a nivel panista o de alianzas– que lleve meses en ebullición, que entusiasme a los aspirantes, que genere revuelo en los medios, que provoque debate, o al menos inquiete a los morenistas.

Todo lo contrario: la noticia más reciente es que hay una propuesta del PAN para poner una barrera de entrada a los candidatos externos, a quienes se les pedirían miles de firmas para poder concursar. Ellos mejoran cada día.

Marko Cortés tendrá que decidir durante dos lunes si se arriesga a quedar como un ingenuo cuando Alito lo traiciona, o si se divorcia de una vez por todas y finalmente lanza su partido a competir. La alternativa es quedarse, como hasta ahora, en esa mediocridad que ahoga las posibilidades del PAN.

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