jue. Ago 13th, 2026

En este espacio he reiterado mi preocupación de que López Obrador desconozca una posible victoria de la oposición en las elecciones de 2024 y se niegue a entregar la Presidencia al legítimo ganador en las urnas. Para AMLO es inconcebible que Morena pueda perder el próximo año. Nunca en su historia ha aceptado la derrota y no va a empezar a hacerlo en 2024. Fiel a su estilo, argumentará que los resultados adversos fueron producto de un fraude promovido y avalado por las autoridades electorales. Tal como hizo Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, hará todo lo posible para evitar entregar el poder a la oposición.

El Presidente ya ha enviado muchas señales al respecto. Hoy añado uno más.

López Obrador debió trasladar a Perú la Presidencia Pro Témpore de la Alianza del Pacífico (iniciativa de integración comercial conformada por Chile, Colombia, México y Perú) en diciembre pasado. El nuevo titular sería Pedro Castillo, todavía presidente peruano. Sin embargo, Castillo llevó a cabo un autogolpe que no tuvo éxito y el Congreso lo depuso y lo arrestó.

La presidencia peruana estuvo a cargo de la vicepresidenta Dina Boluarte.

Desde el primer día de los hechos, AMLO criticó la separación de poderes de Castillo y desconoció la legitimidad de Boluarte. Contrario al discurso de no meterse en temas de política interna de otros países que utiliza cuando le conviene, el mandatario mexicano se metió en la cocina en los asuntos internos de Perú.

Obviamente, la posición de AMLO produjo una reacción negativa en Lima. La relación bilateral se ha ido deteriorando al punto que el presidente Boluarte declaró persona non grata a la embajadora de México en Perú y ordenó la destitución de su propia embajadora en nuestro país.

En esta coyuntura, el jefe del Ejecutivo mexicano decidió no entregar la Presidencia Pro Témpore de la Alianza del Pacífico a Perú por considerar “espurio” el gobierno de Boluarte. Ese fue el adjetivo preciso que usó AMLO.

La Alianza del Pacífico es una nimiedad en las relaciones multilaterales de México con otras naciones latinoamericanas. Lo importante aquí es que este tema se planteó en la disputa entre López Obrador y Boluarte. Que en el ámbito internacional.

Pero el tema, me parece, también tiene una lectura política nacional.

El presidente de México está asumiendo el derecho de decidir quién es un gobernante legítimo y quién es espurio. No importa lo que diga la Constitución y las instituciones encargadas de nombrar oficialmente a un representante. Pues lo que hace hoy AMLO al considerar fraudulento a Boluarte y, por ello, no darle la Presidencia de un organismo multilateral, podría hacerlo en 2024 si la oposición gana las elecciones presidenciales.

Yo diría, como usted dijo del Presidente

Peruano, que el vencedor es un títere, un títere, de la oligarquía local que lo único que quiere es saquear los bienes del país y por eso no puede entregarle la Presidencia de México.

La pregunta es qué consecuencias tendría esto para la política nacional.

Formalmente, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación es el encargado de expedir el certificado de “Presidente Electo” al ganador de las elecciones. El día de la toma de posesión, el Presidente deberá comparecer ante el Congreso para rendir el protesto contenido en el artículo 87 de la Constitución. De hecho, según expertos constitucionalistas, después de 2006 cuando López Obrador quiso impedir la juramentación de Calderón en el Congreso, el Presidente asume automáticamente el cargo el primer minuto del día que toma posesión aunque no haya protestado frente al Congreso.

Entonces, por más que AMLO no quiera entregar la Presidencia en 2024, basta que el Tepjf emita el acta de ganador de las elecciones y el día de la toma de posesión el Presidente comienza a gobernar a pesar de que el pasado el presidente no lo sabe.

Sin embargo, imaginemos el escenario de un Presidente en funciones argumentando que su sucesor es un espurio y por lo tanto no entregará la institución presidencial. Serían meses de gran conflicto e incertidumbre política. Algo así como 2006, pero con esteroides, porque sería el mismo Presidente de México, con todo el poder que tiene, quien se arrogaría el derecho de declarar a su sucesor espurio y amenazando con no cederle el poder.

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