dom. Ago 9th, 2026

El comentario casi unánime de los analistas políticos tras la elección, el lunes pasado, como presidenta de la Corte Suprema de Justicia de la ministra Norma Piña Hernández, es en el sentido de que fue una derrota para el presidente López Obrador. Por supuesto que lo era, aunque tiene un significado mayor.

A lo largo de los cuatro años que lleva como presidente, AMLO ha tenido muchas derrotas. Imposible mencionarlos todos, porque ha habido más de los que se suele tener en cuenta. Y han sido de distinta magnitud y calibre. Ha habido pequeños, medianos y grandes.

Entre los que probablemente vienen más rápido a la mente están: la votación más baja obtenida por Morena y sus partidos aliados en las elecciones federales intermedias del 6 de junio de 2021 (dos millones de votos menos que el conjunto de la oposición), resultado que debe tener activó todas las alarmas en Palacio Nacional y provocó el pánico en su principal habitante; Así como lo fue enterarse ese mismo día de la derrota electoral sufrida en la mayoría de las alcaldías de la Ciudad de México. Dos duros golpes, nada menores, en el mismo día.

La primera consecuencia mencionada de la derrota de López Obrador fue la pérdida de la mayoría calificada (dos tercios) que ya no tenía la Cámara de Diputados de legisladores sumisos y obedientes, que sí tuvo durante la primera parte de su gobierno.

Otro revés para López Obrador, que en buena medida desencadenó lo anterior, fue la aprobación por parte del INE de la fórmula legal y constitucionalmente correcta para llevar a cabo entre los partidos contendientes la asignación en 2021 de diputados federales por representación proporcional (la famosa plurinominal) , en lugar del indebidamente aplicado tres años antes.

Tal fracaso en 2018 permitió que Morena y sus aliados tuvieran una sobrerrepresentación excesiva en la Cámara de Diputados, superior a lo que ya admite la Carta Magna, que es del 8 por ciento. Este exitoso acuerdo del INE, absolutamente legal, terminó por enfurecer aún más a López Obrador contra la autoridad electoral, llegando, como hemos visto, a extremos dementes.

Las otras derrotas de AMLO han sido el rechazo a sus iniciativas de reforma constitucional en materia eléctrica y electoral, ocurrido en abril y diciembre del año pasado, respectivamente; así como la bajísima participación registrada en la consulta popular de agosto de 2021 y la revocatoria de mandato el año pasado, ambas impulsadas por él.

Ahora bien, como López Obrador no ha podido llevar a su ministra favorita –Yasmín Esquivel– a la presidencia de la Corte Suprema, a pesar de todas las maniobras realizadas por él y sus secuaces, es, por supuesto, una derrota más. Pero al contrario de lo que parece, su rango potencial es mucho mayor.

El Waterloo de Peña Nieto fue el escándalo de la llamada Casa Blanca. Acaparó la atención durante varias semanas -quizás ocho- y acabó definiendo la suerte de aquél. En esta ocasión, en apenas diez días, la farsa de la tesis plagiada tenía a todos pendientes, pese a estar en la órbita festiva de fin de año.

La opinión pública siguió con bochorno esta comedia oficialista de mentiras, plagios, presiones, ocultamientos, contradicciones, pifias, tropiezos y presumiblemente hasta extorsiones.

Todo para terminar perdiendo la presidencia de la Corte y los vencidos siendo exhibidos como lo que son. Y si consideran que aquí terminó todo, se equivocan. Queda por aclarar el plagio de la tesis. Este episodio bien puede ser el punto de inflexión en el camino hacia la debacle que el actual grupo en el poder está tomando en el país.

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