
A nivel global, los cambios ocurren a un ritmo acelerado, las disrupciones ocurren todos los días y los nuevos avances tecnológicos dejan un rastro de sistemas obsoletos. Cuando no sabemos adaptarnos y aprender constantemente a dominar las innovaciones que surgen, muchos de nosotros quedamos atrapados en ese torbellino de obsolescencia que nos atrapa y amenaza con tragarnos.
Las adaptaciones geopolíticas se han vuelto comunes y sorprendentes. Por un lado, surge una incomprensible guerra armada, que además de la tragedia de perder numerosas vidas humanas inocentes, distorsiona fundamentalmente los sistemas comerciales establecidos y genera daños en sectores tan importantes como la energía y la alimentación. Las cadenas de suministro se desarticulan repentinamente y se reorganizan rápidamente con consecuencias muy variadas, algunas negativas y otras que se convierten en grandes oportunidades.
El resultado es que sólo hay una cosa de la que estamos absolutamente seguros: el futuro es absolutamente incierto. Nadie puede atreverse a predecir lo que sucederá en los próximos tres o cinco años, vivimos en un entorno impredecible que antes no conocíamos.
En México ya estamos inmersos, y avanzados ilegalmente, en un proceso electoral que ni siquiera las mejores casas de votación pueden predecir con certeza. Es cierto que ofrecen un panorama del momento, con algunas intenciones aparentemente claras, pero los juegos, traiciones, decisiones y negociaciones tienen la capacidad de hacer que la balanza se mueva varias veces en ambos sentidos y en distintas intensidades desde hoy hasta la final. El resultado de las elecciones se dará en 2024.
Económicamente se nos presenta una gran oportunidad: el fenómeno de la deslocalización de empresas, pero también crece el déficit de recursos energéticos, tanto combustibles como eléctricos, y las capacidades logísticas de nuestro país no son muy favorables para aportar eficiencia y competitividad. lo que puede impedir la explotación de todo el potencial que representa este fenómeno.
La incertidumbre es especialmente eficaz para socavar la capacidad de ver el futuro en perspectiva, socavar la confianza tanto en las propias capacidades como en las del entorno y abrir la puerta al pesimismo. Hay esfuerzos por avanzar en la digitalización de las empresas, pero la inseguridad del ciberespacio crece en una relación directamente proporcional. Los conflictos comerciales aumentan y la sobrerregulación asfixia a las empresas.
Es necesario recuperar el optimismo para poder superar con éxito los obstáculos que nos impone un mundo lleno de incertidumbre. Un extraordinario antídoto contra el pesimismo consiste en el crecimiento personal, la mejora de habilidades, conocimientos, habilidades y capacidades, tanto profesionales como humanas.
El cambio climático siempre se nos ha presentado envuelto en un paquete que presagia una crisis, pero hoy eso ha cambiado y el mundo está reconociendo las oportunidades y beneficios de la transición hacia una economía verdaderamente verde. Es necesario comenzar a construir ecosistemas centrados en infraestructura, fortaleciendo las habilidades de la fuerza laboral, desarrollando activamente las tecnologías digitales y la conectividad, adoptando rápidamente los avances tecnológicos y trabajando de manera colaborativa y subsidiaria.
Así, con un optimismo renovado, podremos superar los obstáculos que nos impone un mundo incierto.
Raúl Asís Monforte González.
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