
Fracasó el asalto a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La mayoría de sus integrantes resistió de manera ejemplar la maquinación orquestada por el Poder Ejecutivo federal para tomar la presidencia del máximo tribunal.
Perdió el candidato al gobierno, Yasmín Esquivel Mossa, y también perdió su plan B, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena.
Y en la otra elección realizada ayer, la del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA), ganó el magistrado Guillermo Valls Esponda, atacado sin argumentos por voceros del Gobierno.
Fue un mal día para el presidente López Obrador, pero fue un gran día para México.
La primera presidenta de la Corte Suprema, Norma Piña, no es una ministra anti AMLO ni anti 4T.
Es jueza, no militante.
Está todo lo que hacía falta: una jueza sin compromisos ideológicos o de grupo en el ejercicio de sus funciones.
La cuestión es que no ha votado a favor de validar las iniciativas inconstitucionales del Ejecutivo.
Y eso, a los ojos del fanatismo reinante, la ubica como un “adversario”.
Norma Piña no es enemiga del Presidente, pero ha votado como lo haría cualquier juez constitucional decente.
Ha votado en defensa de la Constitución.
Y por defender la Constitución, cualquier ministro es considerado traidor o adversario personal del actual titular del Poder Ejecutivo.
Horas antes de la votación en la Corte, el Presidente dijo en la conferencia matutina que dos (de los cuatro) ministros propuestos por él dieron la espalda, “no al Presidente, sino al proyecto”.
Los miembros de la Corte no tienen ni deben tener otro proyecto que el de Constitución.
Dada la trayectoria de la recién electa presidenta de la Corte, una persona de prestigio en el Poder Judicial, donde ha hecho su carrera, no escucharemos estruendosas declaraciones políticas contra nadie de Norma Piña.
Pero tampoco va a congelar acciones de inconstitucionalidad para evitar que el Presidente se enfade.
Ayer por la mañana AMLO colmó de insultos a los ministros de la Corte, salvo las “honrosas excepciones” que no nombró por su nombre, pero que obviamente se refirió a tres de sus incondicionales, Loretta Ortiz, Yasmín Esquivel y Arturo Zaldívar.
Del titular del Ejecutivo sólo podemos esperar, esta mañana, un saludo amistoso, quizás meloso, al nuevo titular de la Corte.
Y en sucesivas ocasiones escucharemos los despiadados y sistemáticos ataques que utiliza contra quienes no se doblegan a su voluntad.
Lo más importante ayer, hay que subrayarlo, fue que los ministros tuvieron la entereza de frenar el proyecto de hacer de la Corte un instrumento transejenal del grupo que ahora está en Palacio Nacional.
Se detuvo una maquinación literalmente escandalosa para imponer a la ministra Yasmín Esquivel en la presidencia de la Corte.
Una vez derrotada por dos años la iniciativa de ampliar el mandato de Arturo Zaldívar, Esquivel fue el ariete del control transexenal de la Corte Suprema.
Fue una maquinación escandalosa porque en lo que debería haber sido una elección que sólo decidían los ministros, estuvo presente en todo momento la ruidosa intervención de otro poder, el Ejecutivo, y en particular de su titular.
Unas horas antes de la votación, la procuraduría de la Ciudad de México anunció que Yasmín Esquivel no había plagiado su tesis y que ella era la víctima.
Acusaron a un pobre hombre sin siquiera escucharlo.
La maniobra desesperada del gobierno capitalino para salvar la candidatura del oficio a presidir la Corte, concluye que quien copió fue un hombre que presentó la tesis un año antes que el ministro cuestionado por plagio.
Que papelón Aunque a tiempo de mostrarnos como se tuerce la justicia en el Gobierno de la Ciudad de México para beneficio político.
Y en la votación para presidir la Corte, Yasmín Esquivel tuvo dos votos, presumiblemente de dos baluartes del “proyecto”, ella y Loretta Ortiz.
En la siguiente ronda, solo tuvo un voto.
Y el plan B, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, tampoco ganó: estuvo a un voto de lograrlo.
De menor importancia que la Corte Suprema, en el Tribunal Federal de Justicia Administrativa –órgano autónomo–, perdió en primera vuelta la candidata Luz María Anaya, magistrada que llegó al cargo propuesta por el Presidente.
Lunes 2 de enero de 2023, un buen día para México.
Pero vendrán varios otros días que también serán clave.
La República aún no está salvada, aunque tampoco está perdida, como pudo haberse perdido ayer.
Consulta más columnas en nuestra versión impresa, que puedes visualizar haciendo clic aquí
METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.
