Debo confesar que el Plan Sonora me parece algo muy positivo para el Estado. Era hora de que el Gobierno de Sonora diera muestras de inteligencia, creatividad e innovación. Al mismo tiempo, el Plan Sonora está marcando la pauta en el país. En sólo dos meses ya ameritó la visita del Secretario de Relaciones Exteriores, embajadores y el Presidente de la República. Con esto, el actual gobierno mexicano ya puede presumir que se suma a la política de adaptación al cambio climático y sustentabilidad. Pero también está volviendo al redil neoliberal.
Un banquete de proyectos
El Plan Sonora se define como un plan de energía sustentable, realizado en forma conjunta por el Gobierno Federal y el Gobierno de Sonora, que busca aprovechar las ventajas comparativas de la ubicación del Estado de Sonora con inversiones en infraestructura y comunicaciones. Estas ventajas incluyen la ubicación del mar, el desierto y la frontera, así como la disponibilidad de recursos naturales estratégicos como cobre, litio, grafito, licuefacción de gas y generación de energía eléctrica solar. Es todo un banquete de oportunidades para el desarrollo industrial de próxima generación.
A esto hay que sumar las comunicaciones. La frontera da acceso al gran mercado estadounidense. La carretera a Chihuahua conectaría a Sonora con Monterrey y el Noreste de México; también hay instalaciones portuarias en Guaymas y un aeropuerto de carga en Ciudad Obregón. Para remediar la falta de recursos humanos calificados, Unison y otras instituciones ya están abriendo programas de capacitación para ingenieros de semiconductores.
Sobre esta base, busca impulsar los parques fotovoltaicos y la industria del vehículo eléctrico. Lo más avanzado parece ser el parque fotovoltaico de Puerto Peñasco, cuya primera etapa comprende 240 hectáreas con alrededor de 279.000 paneles. Esta inversión, al parecer, la está haciendo la Comisión Federal de Electricidad.
El pequeño detalle de todo este atractivo plan es que no se puede hacer con inversión pública, sino que requiere mucha, mucha participación privada, no solo nacional sino principalmente extranjera. Esto vendría principalmente por la reubicación de inversiones que requieren salir de China para acercarse al mercado de Estados Unidos y se conoce como “nearshoring”.
plan neoliberal
Como puede verse, se trata de una estrategia puramente neoliberal en la que la participación y la inversión privadas juegan un papel clave y fundamental. Este plan contrasta con el rechazo que tuvo hasta hace poco este Gobierno a las inversiones privadas, que incluso llevó a la cancelación y congelación de las inversiones en energías renovables y que provocó una “pausa” en las relaciones con España.
En mi opinión, la esencia del neoliberalismo es la participación privada bien regulada por el Estado para que se dé en el marco de un mercado equitativo y sin monopolios. Ese es al menos el neoliberalismo promovido por Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Ese es el neoliberalismo que se promueve en Europa, el Sudeste Asiático, Estados Unidos y que incluso tiene que ver con el auge económico de China.
Solo en México López Obrador ha identificado e impuesto una visión de que la esencia del neoliberalismo es la corrupción. La corrupción es más bien parte de lo que durante mucho tiempo se ha llamado capitalismo de amigos. Este régimen económico de corrupción y amiguismo ha existido en México, al menos, durante todo el período posrevolucionario.
Es de celebrar entonces que la 4T esté corrigiendo el rumbo para no caer en economías estatales y depurar las políticas económicas neoliberales del componente de corrupción que han tenido en México.
Es de esperar, entonces, que la diferencia del Plan Sonora con respecto a las políticas económicas anteriores (neoliberales) sea la ausencia de corrupción y que se den en un marco de transparencia y de cara a la sociedad civil.
Nicolás Pineda
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