mar. Abr 14th, 2026

De la mano del presidente López Obrador, México ha tomado lentamente el camino del socialismo estatista empobrecedor, que anula el estado de derecho y promueve la polarización social desde la infancia.

Ya no hay forma de pretender que no vemos lo que está pasando y hacia dónde vamos.

La pregunta que hizo el líder empresarial Juan Sánchez Navarro a fines de la década de 1950 a Adolfo López Mateos tiene hoy una vigencia urgente: “¿Qué camino, señor presidente?”.

“¿Quieres seguir el camino de Cuba o el camino del mundo libre?” le preguntó el entonces líder del Consejo Coordinador Empresarial al presidente López Mateos, cuyo gobierno cubrió cada vez más los espacios de la economía que correspondían al sector privado.

López Mateos corrigió el rumbo y don Juan Sánchez Navarro pasó a la historia como un gran líder empresarial con sentido social en México.

Ya no hay líderes de organizaciones empresariales con la valentía y claridad del expresidente de Grupo Modelo. Los jefes del sector privado se inclinan ante López Obrador, exhibiendo así su dependencia de los ingresos que facilita la discrecionalidad del gobierno.

Germán Larrea, dueño de Ferrosur, como otros, hizo doblete de inicio ante López Obrador.

Como señaló ayer Carlos Loret: “Ante sus malas decisiones económicas (de AMLO), ante sus insultos autoritarios, (Germán Larrea) guardó un respetuoso silencio y jugó a arreglar con el Presidente individualmente, en privado, en la oscuro, apostando a que no lo iba a tocar. Y lo tocó”.

Aún sin empresarios a la altura, es necesario repensar la pregunta de Sánchez Navarro porque los hechos nos hablan del peligroso camino recorrido por el Presidente de la República.

Con su accionar, López Obrador nos conduce hacia un socialismo retrógrado, despótico y empobrecedor. Una élite rica que come de la mano del gobierno, y un gran sector de la población cautivo de la generosidad del gobierno para vivir.

Disculpen la comparación, pero así es el socialismo bolivariano de Venezuela.

No es una socialdemocracia la que está en el horizonte hacia el que nos dirigimos. Ni siquiera es un socialismo postmaoísta, en el que se acoge la iniciativa privada, el desarrollo, la educación y el progreso científico, pero se vulneran las libertades.

La ruta de México con López Obrador es hacia el socialismo basado en el odio a los que no se someten a su pensamiento ni a sus ocurrencias, a los que tienen bienes, a los que se educan ya los que prosperan.

En el primer trienio de gobierno hubo una línea de contención que se rompió con la ley de expropiación. Lo que pasó el viernes fue una ocupación armada por parte del gobierno.

La Presidencia de la República alienta explícitamente el hostigamiento a los ministros de la Corte Suprema para doblegarlos y destruir ese poder equilibrador.

La secretaria de Gobierno de un estado de la Federación portaba el féretro del presidente de la Corte, frente al edificio de la SCJN, con el rostro de Norma Piña adentro, mientras su jefe, el gobernador, sembraba odio contra los ministros desde una cabina .

Y el Presidente celebró esa manifestación y su organizador.

De suma importancia fue lo expresado este lunes por el ministro Alberto Pérez Dayán: “Estamos convencidos de lo que hacemos. Nadie nos va a doblegar. Nada nos va a doblegar.” Esta es la presión para quebrar el máximo tribunal constitucional de la República.

En el mundo de las finanzas y los negocios en el exterior ya se ha visto la deriva mexicana, donde “se están cumpliendo los peores temores de sus críticos” (de AMLO, tras la expropiación), señaló el diario más influyente del sector, The Wall Street. Revista, en editorial institucional.

El diario neoyorquino advierte lo que callan los líderes empresariales en México: “Los riesgos para la democracia mexicana van más allá de los derechos de los inversionistas”.

La libertad de expresión está siendo anulada, mediante presiones a los dueños de los medios para que despidan a los periodistas críticos.

El Presidente pide que sean silenciados. Lo reveló en una conferencia matutina. Todos son corruptos menos La Jornada, dice AMLO e interviene en la vida interna de los medios. Quiere someterlos mediante boicots publicitarios, extorsiones públicas a sus dueños y presiones a los anunciantes.

Los ciudadanos quedan sin acceso a la información pública, como manda el artículo VI de la Constitución, debido al nuevo decreto que busca eludir el mandato de la Corte.

A los militares se les asignan funciones que corresponden a civiles y empresas privadas, con la intención obvia, evidente y acertada de ponerlos en el negocio para corromper selectivamente a nuestro alto mando militar.

La educación que se va a imponer desde el primer grado básico tiene una marcada orientación ideológica, en la que se enseña explícitamente a los niños que los derechos individuales están sujetos a asambleas colectivistas.

¿Dónde están, pues, los herederos de don Juan Sánchez Navarro?

Son los únicos que pueden frenar, antes de las elecciones de 2024, la carrera hacia el socialismo que anula las libertades, aplasta el Estado de derecho e impone un pensamiento único.

Ninguno de ellos le va a preguntar a López Obrador: ¿por dónde, señor presidente?

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Metro

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