mar. Abr 28th, 2026

Al Presidente de la República y sus simpatizantes les encanta repetir una y otra vez que deben transformar el país, porque en 2018 hubo más de treinta millones de electores que así lo ordenaron. Sin embargo, omite decir que en las elecciones federales intermedias de 2021, de dicha cifra apenas alcanzaron -junto a sus aliados electorales- un total de veintiún millones de votos. Perdieron más del 30 por ciento de los votantes en solo 3 años.

Puede haber muchas explicaciones para esto y deben ser consideradas con fines de análisis y prospectiva y, sin duda, dicha victoria hace tres años se basó en la fuerte personalidad e influencia que tiene el actual Presidente de la República entre sus seguidores. Cuando se votó por él y no por su partido, sus simpatías le dieron la victoria a Morena y no al revés. Por eso, en 2021, al no estar AMLO en las papeletas, las preferencias morenistas se derrumbaron. En 2024 López Obrador no estará en la boleta electoral y ninguno de los posibles candidatos de su partido se acerca al tamaño que tuvo López Obrador como candidato. Ninguno de ellos atrae a la gente, ni despierta la pasión obradorista, y mucho menos genera confianza en el electorado. Solo había un AMLO, punto.

Sin duda, una parte importante de los ex amloístas de 2018 y que hoy se plantean seriamente darle la espalda a Morena en 2024, son votantes pertenecientes a la clase media. A esa clase media urbana que le dio la victoria a López Obrador, que siempre se lo había negado por su distanciamiento de ellos. Estas clases medias no son las que viven en Polanco o las Lomas de Chapultepec, no. Se trata también de clases “medias-medias” de barrios que el imaginario morenista considera proletarios y que no lo son. Hay muchos miembros de la clase media que viven en Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Ecatepec, etc. Y a muchos de ellos, el presidente les ha recetado desde que comenzó su gobierno, toda una serie de insultos y descalificaciones, que todos conocen y que nadie merece.

Entre ellos, hay pequeños empresarios, profesionales, comerciantes, empleados, trabajadores, agricultores, académicos, artistas, etc., que en un acto de contrición hoy admiten que se equivocaron y que su voto fue erróneo en el 2018, por lo que planean para enmendar en 2024. En un análisis serio, hoy nos damos cuenta de que las clases medias habrían estado mejor representadas e identificadas con un candidato como José Antonio Meade. Incluso López Obrador lo califica como una persona decente, buena y honorable. Vaya que lo es. Ni modo que se haya vuelto un canalla en este tiempo que no ha tenido un cargo público, pero ya sabemos que de Morena se puede esperar cualquier cosa. Quizá la mentirosa de Layda Sansores le inventa algo, finalmente que las decisiones de los tribunales federales le valen un cacahuete. Con esa moral tan inmoral que tienen algunos morenistas, pronto le inventarían fechorías, aunque el mismo AMLO ha dicho que es decente, bueno y honrado.

A diferencia de 2018, las clases medias ya saben lo que es Morena y de lo que es capaz para mantenerse en el poder sin vergüenza alguna. No les digan que la ley es la ley, porque para ellos la única ley que cuenta es la que sale de la garganta de López Obrador. Muchas de estas clases medias buscarán a alguien que las represente y las entienda, que no las insulte, sino que se apoye en ellas para reconstruir después de la pesadilla de López Obrador… y Meade sin duda reúne esas condiciones.

José Antonio Meade es una clase media digna que solo logró un poco más de nueve millones de votos en 2018. Muchos simpatizantes del PRI lo abandonaron por no haber roto contundentemente con uno de los gobiernos más corruptos y frívolos que hemos tenido, el de Peña. Nieto. Pero hoy ese lastre ya no pesa tanto porque ha pasado el tiempo. Muchos representantes de la clase media que votaron por López Obrador han dicho que debieron haber votado por Meade en 2018, que el país estaría en mucho mejores condiciones que ahora, y posiblemente tengan razón.

Además, Meade es un candidato que ya hizo campaña, ya es conocido, reconocido y aceptado por los priistas y panistas -que son el grueso de la alianza- y el PRD hará lo mejor para que no pierda el registro. Evitaría que las alianzas construyeran un candidato desde cero, al que se sumarían los votos decepcionados de Morena, el voto duro del PRI y el voto del PAN. Sería una masacre contra Claudia Sheinbaum y su grupo de infractores, a quienes podría ganar con muchos millones de votos.

México requiere un presidente decente, conciliador, con reconocimiento mundial después de este sexenio de mirarnos el ombligo con una política exterior campesina y mediocre. Debemos restablecer la relación con Estados Unidos y con otras democracias del mundo que se caracterizan por tener una clase media numerosa, creciente, próspera y en progreso. No veo cómo uno de los poppers idiotas, ineptos e indiferentes puede eclipsar a Meade. Quizá sea hora de cambiar el ilegal #esClaudia por uno que diga #esMeade.

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