
Juan Arturo Torres Landa, conocido en el mundo del toreo, de los negocios y de la vida como “El Pollo”, ha hecho de su existencia un ejemplo. Hace 35 años hizo realidad un sueño, crear un entorno que ofreciera la experiencia única e irrepetible de vivir un festejo taurino con la máxima categoría. Así puso en el mapa taurino e inmobiliario a la Plaza de Toros Juriquilla, que sirvió para impulsar lo que hoy es un desarrollo inmobiliario y comercial de primer nivel en Querétaro, donde llegó a establecerse hace 54 años con las ideas claras, la voluntad de hacer las cosas bien y trabajar duro.
No hay grandes secretos detrás del éxito inmobiliario y taurino del querido y admirado “Pollo”. Trabajo, humildad y pasión por lo que se hace. En el toreo son tres décadas y media de hacer las cosas bien, de conseguir carteles impresionantes con figuras y combinaciones de toreros de todo el mundo. Estudió a su público, supo ver las necesidades y oportunidades de un medio que parece negarse siempre a innovar, y desde entonces ha creado una forma diferente de hacer las cosas, siempre pensando en las personas que pagan un boleto.
En mi carrera profesional taurina, “El Pollo” ocupa un lugar importante porque fue a quien entrevisté por primera vez en televisión hace más de diez años. Fue un puente de fiestas patrias de 2012, con amabilidad, sin prisas y generosidad en sus conceptos y sin tapujos, habló de las corridas de toros, de su forma de entender la vida y de la fiesta taurina. Hubo una frase que me marcó y que creo que debe ser la máxima premisa de cualquier empresario taurino: “No programes un cartel al que no asistirías como aficionado”.
Este breve análisis puede resumir la claridad e inteligencia de un hombre que se ha colocado en lo más alto del negocio taurino, por ser consecuente con sus ideas, pensar sólo en el público y ser un buen torero, respetando estamentos, jerarquías y tradiciones.
Uno de sus grandes aciertos es no haber insistido en que las corridas tengan que ser los domingos a las 16 horas. Entendiendo que dado el atractivo de su oferta, su público no solo era la afición queretana, sino también los capitalinos, potosinos, leones, etc., siempre nos atraía ir a vivir la emoción del toreo en esa hermosa plaza.
Aprovechando fechas clave como puentes o periodos en los que figuras extranjeras marcan la temporada americana, los viernes por la noche hemos vivido corridas memorables con lo mejor de lo mejor, combinaciones de toreros consagrados con nuevos de probado potencial.
Sin escatimar, la oferta continúa en estos tiempos en los que regalar toros es casi obligatorio para los empresarios dadas las barbaridades de atentados que sufre esta cultura. Es vital dar toros, generar volumen de festejos y que el aficionado, al que se intenta prohibir vivir libremente, asista y demuestre que la tauromaquia no se toca y que forma parte de nuestra vida.
Este próximo sábado, Juriquilla vuelve a ofrecer un cartel lleno de atractivos, ocho toros de la ganadería de Pepe Garfias para el hispano Antonio Ferrera, un torero que ha desarrollado su toreo basado en la libertad que le da la madurez como artista. Teatral, innovadora, creativa y con el verdadero atributo del arte, la libertad de creación. Alternará entre el extremeño y tres ases mexicanos, todos ellos jóvenes, toreros que la afición y los medios deberían abrazar ahora como toreros importantes. Ellos son: Leo Valadez, Diego San Román e Isaac Fonseca, este último de una polémica temporada mexicana, que se medirá a tres serios gallos de pelea ante la afición queretana.
Para celebrar los 35 años de la Plaza de Toros de Juriquilla, para celebrar la vida del querido “Pollo Torres Landa”, quien por cierto fue nombrado “Empresario del Año” hace unos días por el Club de Industriales de Querétaro, y para disfrutar de un corrida de toros, bien pensada y seguramente mejor organizada.
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