sáb. Ago 8th, 2026

Si no crees la reacción del gobierno mexicano y del partido en el poder tras el veredicto de culpabilidad contra Genaro García Luna: jolgorio.

Tan poco Tan malvado.

México está enfermo. La clase política del siglo XXI ha fracasado. García Luna es sólo una expresión de la gravedad del mal que gangrena al país.

Y en lugar de que el estadista aparezca en Palacio Nacional con un mensaje cívico, pedagógico, orientador, aparece un matraca que celebra la podredumbre, de la que forma parte, para sacarle utilidad electoral.

Porque García Luna es corrupto, entonces hay que destruir la democracia, ese es su mensaje a la población.

Mario Delgado, presidente de Morena, tan pequeño y perverso como sus jefes políticos, llama a cancelar la inscripción del principal partido de oposición.

Embalan a García Luna con la defensa de la democracia realizada por un amplio sector de la ciudadanía. A la hoguera todos.

Qué pretexto grotesco para justificar su asalto a la democracia.

Es como si en el próximo sexenio se quitaran los programas sociales por la detención de un alto funcionario mexicano por nexos con narcotraficantes.

Porque en el próximo sexenio van a caer figuras de alto rango de la actual administración. Los vecinos del norte lo han dicho de mil maneras.

El axioma por el que cayó García Luna es claro: el crimen organizado solo puede operar a gran escala con la ayuda de las autoridades.

Durante el actual gobierno se ha disparado el tráfico de drogas a Estados Unidos y los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación Operan en 31 estados del territorio nacional. Son los más poderosos del mundo.

El tráfico de migrantes, es decir, de seres humanos, hacia Estados Unidos está en su punto más alto.

La extorsión a gran escala se extiende prácticamente por todo el país.

Roban y venden gasolina a la vista de la Guardia Nacional y de cualquiera que pase por las vías transitadas.

Estos y otros delitos son cometidos por mafias que solo pueden operar con la complicidad del gobierno federal.

Las autoridades de Estados Unidos fueron quienes dieron la ubicación de Ovidio Guzmán para arrestarlo antes de la llegada del presidente Biden.

Desde la Casa Blanca, el Departamento de Estado, la DEA y el Congreso hay denuncias públicas y explícitas contra el gobierno mexicano por cerrarse a la cooperación en la lucha contra los cárteles.

Despreciar la cooperación es, para Estados Unidos, complicidad.

Entonces, ¿qué están celebrando?

El alboroto del gobierno ha convertido la desgracia del país en una fiesta medieval: quema de opositores a la hoguera, linchamientos, caza de brujas.

Al mismo tiempo, y en ese paquete, pretenden desacreditar a un movimiento ciudadano que ha decidido defender los órganos electorales para tener elecciones justas el próximo año.

El gobierno y su partido están comprometidos con su proyecto, que es la destrucción de la democracia.

la prestigiosa revista El Atlántico publicó un ensayo esta semana titulado El vecino autócrataen el que enfatiza el frenesí destructivo del presidente López Obrador contra la democracia en México.

Señala que para ello cuenta con un “arma siniestra”, que es la politización del Ejército Mexicano.

Dice el historiador David Frum en el ensayo:

“El presidente errático y autoritario de México, Andrés Manuel López Obrador, está conspirando para terminar con el compromiso de un cuarto de siglo del país con la democracia liberal multipartidista. Está subvirtiendo las instituciones que han defendido los logros democráticos de México, sobre todo, el admirado e independiente sistema electoral del país”.

Quienes hoy celebran la investigación de la DEA, la acusación del Departamento de Justicia y el veredicto del jurado contra García Luna no entienden que ellos también están siendo vigilados en su complicidad con el narcotráfico, en su atentado a la libertad de expresión y en el proyecto de liquidación democracia.

El texto implica una afirmación que no puede responderse con fingidas rabietas ni con horas de retórica palaciega: “Si López Obrador logra manipular las próximas elecciones a favor de su partido, hará más daño a la legitimidad del gobierno mexicano y se abrirá”. aún más espacio para que los cárteles criminales hagan valer su poder”.

A diferencia de Estados Unidos, donde las instituciones resistieron el ataque a la democracia perpetrado por el entonces presidente Trump, “al sur de la frontera prevalece el autócrata hasta ahora. Todos los norteamericanos deberían temer que el ganador final en México sea la autocracia, o peor aún, el caos”.

No hay nada que celebrar con lo ocurrido en Brooklyn, y mucho que corregir.

Nuestro gobierno va en la dirección opuesta: fortaleciendo los cárteles, deliberadamente o por omisión, y destruyendo a la oposición y, con ella, al sistema democrático.

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Metro

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