dom. Ago 16th, 2026

Propongo mirar un poco más allá del ciclo restrictivo en el que aún hoy se encuentran buena parte de los bancos centrales del mundo emergente. Sin duda existen incertidumbres relevantes. La principal se centró en el nivel del tipo de interés de referencia en el que podrían frenar las subidas que se iniciaron en distintos puntos durante el último año. Otro más centrado en el riesgo de que no sea un cierre definitivo del ciclo y que las condiciones inflacionarias sean tales que hagan necesario retomar el esfuerzo de restricción monetaria. Sin embargo, la desaceleración económica ya evidente en muchas latitudes globales junto con algunos signos de moderación en las presiones inflacionarias, obligan a pensar en la siguiente estrategia: la normalización de las condiciones monetarias. Es decir, el viaje de ida y vuelta que tendrán que hacer las tasas de interés de política monetaria para desmantelar las duras condiciones monetarias.

Primero. La etapa de normalización tiene que suceder. Los esfuerzos que se han desplegado en mayor o menor medida en el último año pronto comenzarán a ser evidentes en cuanto a sus efectos sobre la demanda agregada y los precios. Esto es en reconocimiento a la demora con la que, a través de diversos canales, actúa la política monetaria. En muchos casos, este retraso suele ser de entre doce y dieciocho meses. Así, los efectos de la política monetaria a sentir en 2023 serán los inducidos a partir de este año. Es hora de pensar en el nivel de la política monetaria para lo que viene más allá de los próximos doce meses.

Segundo. En esta labor será clave el margen de maniobra que otorga el comportamiento de la inflación local. En otras palabras, el mejor escenario para un banco central será observar un punto de quiebre en la trayectoria de la inflación subyacente (su componente menos volátil y más asociado al ciclo económico) que apunte hacia un proceso desinflacionario junto con una relajación del medio. – y las expectativas de inflación a largo plazo. Sin embargo, lo más probable es que algunas autoridades monetarias se vean obligadas a actuar (empezar a recortar su tasa de referencia) antes de que la inflación muestre una trayectoria descendente sostenida. La razón puede ser nuestro siguiente factor.

Tercero. El desempeño económico será otro elemento clave para facilitar el inicio de un ciclo de normalización de las condiciones monetarias. En este caso, se puede esperar que los bancos centrales de aquellos países que muestren una desaceleración pronunciada en la producción o signos de recesión se vean más presionados para acelerar el próximo ajuste monetario.

Cuatro. Aquellos bancos centrales que se están quedando atrás en el esfuerzo de ajuste monetario, como es el caso de Asia, muy probablemente podrán acompañar a la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) en su esfuerzo restante por subir las tasas. A lo que todavía le faltan al menos 1,5 puntos porcentuales adicionales en incrementos. Sin embargo, habrá otros bancos centrales que estén tan avanzados en sus esfuerzos, como Banxico, que deberán considerar la posibilidad de romper cualquier vínculo informal con las acciones de la Fed y evitar una probable reducción del diferencial entre tasas extranjeras y extranjeras. . interno en los meses inmediatos.

Quinto. Una nueva etapa de recorte de las tasas de interés de referencia abrirá el debate a nuevas preguntas clave donde hay una central: hasta qué nivel llevar la tasa de interés de referencia a niveles más bajos. La respuesta teórica es simple: hacia un nivel tal que pueda ser consistente con una inflación que fluctúe alrededor de la meta de inflación, ya sea formal o informal. En la práctica, la tarea se vuelve más complicada y conceptos como el nivel de tasa neutral entran en debate (tema para una futura colaboración). Comenzaría así un nuevo desafío de política monetaria, donde habría que dilucidar la velocidad y el nivel objetivo al que se quería llegar.

El momento de la decisión podría presentarse tan pronto como la primera mitad del año siguiente en algunas latitudes, especialmente aquellas donde ya existe una desaceleración económica y una caída sostenida de las principales medidas de inflación y sus expectativas. Sin embargo, no todo será claro, algunas decisiones de política monetaria deberán tener en cuenta consideraciones de riesgo legislativo, político y fiscal en sus funciones de reacción.

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