
Con gran estruendo, medios y aficionados, profesionales de la política y público en general, que aún deambula por los alrededores, gritaron “¡Arrancan!” esperando algún tipo de milagro. La doctora Sheinbaum ha montado su caballo y comienza a recorrer el país, mientras la ingeniera Gálvez está decidida a desafiar las complicaciones del tráfico y anda en bicicleta.
Ahora, para los que lo han olvidado, tenemos partidos, medios centrados en “la historia”; redes que se apoderan del ciberespacio y todo tipo de especialistas cualificados, pero faltan ideas de futuro, como solíamos proclamar y exigir en las primeras décadas de la transición a la democracia. Se esperaba la llegada de políticos con visión y vocación, dispuestos a luchar y evitar que los asuntos públicos sean un mero “entretenimiento” para las élites partidistas.
El presidente y su grupo cercano parecen prepararse para una despedida poco festiva. Según sus peculiares criterios de evaluación, todo va sobre ruedas: la economía se alimenta de mayores y nuevas inversiones; La pobreza se reduce, a pesar de los cálculos dispares que advierten de cautela y de no anticipar celebraciones, ante lo que en todo caso es todavía una expresión temporal; y su partido despejó las primeras trampas de su propia sucesión, permitiendo que los grupos y personalidades instalados en las estructuras de poder territoriales se felicitaran por lo que ven como una victoria abrumadora.
Supongamos que todo encaja; que, de hecho, nos dirigimos hacia algunos cambios a gran escala que nos harán más productivos económicamente y ejemplares en las relaciones exteriores. Que gracias al uso impecable de unas finanzas bien conservadas y a un nuevo reingreso a la economía global, que parece recomponerse, las incertidumbres se despejen… y luego, ¿qué sigue? ¿Cuáles son los ases económicos que las Cuatro T van a ofrecer en el casino electoral?
¿Existe alguna idea, algún plan, ante una posible reversión del enorme juego de poder en el que se ha embarcado Estados Unidos? ¿Son las inversiones privadas, espectacularmente recuperadas, suficientes para enrolarse en un proyecto de política industrial más amplio, como propone la CONCAMIN, que contempla desde el principio la siempre difícil cuestión de la distribución satisfactoria de los frutos de ese eventual crecimiento que pueda romper las fuertes tendencias dominantes? ¿Desde los años ochenta? ¿Qué lugar ocupa en sus planes la creación de empleos formales y bien remunerados?
¿Y qué esperar de sus ases políticos? ¿Considera que la política actual y sus formas son suficientes para incluir a una sociedad como la mexicana, cada día más grande y desigual, pero abierta al mundo? ¿Es suficiente lo hecho en materia de seguridad para enfrentar y superar el enorme problema de la violencia criminal, que involucra sin remedio a miles de jóvenes, ajenos a los cantos victoriosos del gobierno y su coalición?
Lo reconozcamos o no, la violencia ha prevalecido. Real y simbólicamente, el país está en medio de un torbellino de terror y abuso y, sin superar este alucinante torbellino de autodestrucción, no podremos avanzar como comunidad civilizada y progresista. De ahí la necesidad crucial, vital, de recuperar el valor del diálogo y la deliberación y, por supuesto, orientar los deseos de los sentimientos y voluntades de muchos para reivindicar la política y su valor. Este es el tipo de promesas que queremos escuchar, apoyar y criticar, porque no hay otro camino para una nación tan golpeada.
México requiere, hay que repetirlo, un acuerdo nacional, un acuerdo del que ningún actor debe ser excluido y menos por estados de ánimo o fobias; Deben tener lugar los tres poderes –Ejecutivo, Legislativo y Judicial–, los partidos, las organizaciones civiles, la academia, los medios de comunicación, las instituciones. Sin embargo, la culpa no es sólo del Ejecutivo, que debería “liderar la mano convocante” como parte natural de sus tareas y políticas, sino también del Congreso, al que corresponde desarrollar y procesar un posible “acuerdo fundamental”. y que no ha podido revertir la banalización de la política.
El pacto necesario, el que hace falta, debe ser el compromiso que nos obligue a decidir y definir qué Estado y qué país queremos y podemos construir teniendo en cuenta nuestra situación y la del mundo; Oportunidad inmejorable para fijar objetivos a largo plazo.
Llegar a un acuerdo no es, ni debería ser, una tarea imposible si los actores tienen objetivos claros que puedan traducirse en posiciones comunes y obligatorias. Ciertamente, se necesita amplitud de miras y una buena dosis de humildad para negociar y hacer concesiones, voluntad de ceder por el bien común. Debe ser un acuerdo que fije rutas, plazos, prioridades; que desarrolle una nueva racionalidad del Estado, sustentada en un orden social y económico compatible con los principios democráticos y claramente comprometido con la justicia social.
METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.
