sáb. May 2nd, 2026

Instituciones como México Evalúa están hechas precisamente para entregar ideas para la deliberación pública. La concepción de ideas debe ser considerada como una actividad de alto valor. Después de todo, ellos mueven el mundo.

En el proceso de aprobación de los casi 20 proyectos de ley, durante lo que ahora se conoce como ‘Viernes Negro’, faltó discusión. En otras palabras, faltaba el elemento que es inherente al trabajo legislativo. Lo que los legisladores deben cultivar es el espíritu de representación y la capacidad de deliberación. De hecho, los espacios en su aspecto físico están (o deberían estar) diseñados para este fin: una plataforma donde se presentan propuestas y, frente a ellas, un lugar desde el que escuchar, deliberar, apoyar o repudiar. Esa deliberación siempre se calienta en contextos de pluralidad, como el que inauguramos en 1997 cuando el PRI perdió su abrumadora mayoría. A partir de entonces quiso nacer la pluralidad, pero siempre sujeta a la lógica de las mayorías ya la eterna tendencia a imponer. La pluralidad no puede ser plena cuando los líderes de los partidos tienen todo el poder; cuando disciplinan a base de recompensas o castigos sobre cargos futuros, cuando se compran testamentos.

En el fondo, la deliberación asusta a nuestros políticos, acostumbrados a la unanimidad ya la disciplina vertical. Esa verticalidad quedó en evidencia ese viernes, que pasará a la historia como la marca de un abuso sin precedentes, como el espectáculo de una mayoría que sobrepasó las reglas a las que está obligada a acatar en un proceso legislativo que conduce a decisiones con plena legalidad. El pasado, que en algunas prácticas fue grotesco, sigue siendo un juego de niños frente a este intento de restaurar el poder individual.

En México Evalúa tenemos opinión sobre diversas iniciativas aprobadas. El tema de la salud ha sido objeto de nuestro análisis durante algún tiempo. Lo hemos seguido desde el aspecto presupuestario, porque es desde este cerro que se observan las prioridades y los cambios de política pública. En el seguimiento mensual, ahora trimestral, de los principales indicadores de las finanzas públicas que hacemos con Números del Tesoro, identificamos quiebres en materia de salud de manera temprana. Porque desde la posición del gobierno se planteó una modificación al modelo, y lo que realmente hemos visto es una ruptura con el modelo, sin idear algo útil que lo reemplace.

Si nos hubieran invitado a debatir, habríamos planteado estos argumentos…

En esta administración se ha ampliado la brecha en la atención de la salud entre la población asegurada y la población abierta. Lo que esto significa es que un número cada vez mayor de mexicanos se están quedando al descubierto. Y nace una desigualdad elemental en este acceso, diferenciando el derecho a la salud.

El Seguro Popular propuso ofrecer servicios de salud a la población no asegurada, protección que incluía la cobertura de gastos catastróficos, enfermedades realmente complicadas y costosas de atender. Nunca antes el Estado mexicano se había comprometido con la salud como lo hizo el entonces presidente Vicente Fox, quien señaló la salida al sistema. Alguien o algunos lo convencieron de que esta iniciativa tendría un gran potencial de transformación (para bien). No sé si el entonces presidente miró el proyecto con un lente político, pero ciertamente lo vio con un lente de Estado.

Seguro Popular tenía fallas al por mayor, por supuesto. Los señalamos nosotros mismos. Pero logró lo que nunca antes: construir un fondo para cubrir gastos catastróficos con reglas de gobernanza muy pertinentes para la población abierta. Hay un dicho: éramos felices y no lo sabíamos; No sé si lo llevaría tan lejos, pero eso fue mucho mejor que lo que tenemos hoy. Ese fondo contaba con reglas para recibir nuevos pacientes, cálculos actuariales que permitían definir el costo de cubrir la condición por persona y generar la reserva para asegurar la atención en el tiempo. Un seguro que pretendía servir a los pobres. Así como la que algunos tenemos para cubrir eventualidades en nuestra salud. Nada más humano, nada más necesario.

Si nos hubieran invitado a deliberar, querido lector, hubiésemos puesto sobre la mesa el hecho de que los pobres con enfermedades catastróficas ya no están cubiertos. Hoy tienen que poner todos sus ingresos o una buena parte de ellos en cuidar a un familiar enfermo. Y no hay nada más empobrecedor que una familia que destina sus recursos al cuidado de enfermedades graves. Como parte de este colectivo que es México, no encuentro motivo más poderoso para aportar. Si el peso que pongo en la tesorería es para la salud de todos, me sentiría más que recompensado, contribuyendo seriamente. Eso se lo habría dicho a los legisladores. El acceso a los servicios de salud es un componente para reconstruir nuestro contrato social.

Pero no fuimos invitados a debatir. Los legisladores de Morena se impusieron mal, en su mayoría borrachera. La embriaguez es pasajera, querido lector. Luego viene la resaca, cuando uno se arrepiente. La intoxicación de poder es pasajera, por unas horas te sientes en el nirvana, porque cuentas con la aprobación del jefe. Pero cuando todo pasa llega el juicio del ciudadano, que nunca, JAMÁS, debe ser subestimado.

El autor es director de México Evalúa.

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