
En este país se anuncia un aumento de nuestras diferencias. No todo tiene que ver con un presidente que los acentúa en hechos y retórica todos los días. Tiene que ver con la realidad, con los cambios globales, las innovaciones tecnológicas, tantas cosas, que veo con mucha preocupación que este país se va a dividir aún más. Si pudiera verlo en una imagen, como una fotografía: un barco que zarpa hacia un mundo nuevo, dejando a miles con aspiraciones en la costa, que no pudieron abordar. Aquellos que no pueden imaginar un mundo mejor.
No creo que haya un problema más profundo en el país que este. Y es el resultado de una serie de errores. mala política; peor política pública y una profunda falta de interés por parte de un vasto grupo de mexicanos para subir al barco a los que quedaron afuera. Nuestra realidad social se traduce en una realidad política. Si no nos gusta la realidad política tenemos que cambiar la realidad social.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), organismo encargado de medir la pobreza y evaluar la política social, dio a conocer hace unos días su último informe de evaluación de la política social. Es un informe de una institución del Estado Mexicano, que cumple la función de procesar información de alta calidad con metodologías que siguen altos estándares, para brindar información sobre el desarrollo social del país. Mide los que se han quedado en la orilla, siguiendo la imagen que te propongo. Quienes no han tenido acceso a derechos, ingresos, oportunidades laborales que les permitan subir al barco que zarpa hacia mejores condiciones de vida.
La medición del Coneval es única en su género (un ejemplo de buena práctica, por cierto) porque mide la pobreza como se hace habitualmente, en función de los ingresos, pero incorpora otras dimensiones que tienen que ver con el acceso a los derechos. Gobiernos a los que no les gusta ser juzgados o medidos han criticado la metodología por ser “exigente”, alegando que los ingresos no siempre se informan correctamente, que las mediciones fallan por problemas en la metodología. El gobierno de Peña Nieto buscó cambiar algunos estándares de la medición e incluso los cuestionarios de la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares que realiza el INEGI, la cual sirve de insumo para la elaboración de indicadores de pobreza en todos sus componentes.
Llama la atención que Coneval no haya sido blanco de ataques gubernamentales, ya que sus informes y hallazgos tocan la línea de flotación de un gobierno que dice estar a favor de los pobres. Es un misterio que no haya sido despiadado con quien informa la medida de su fracaso. México es un país con más pobres, tras la llegada de esta administración y una pandemia que golpeó con todo a la población más vulnerable. Las personas en situación de pobreza aumentaron de 41.9 a 43.9 por ciento de los mexicanos.
Se podría afirmar que el Convelo, su metodología, sus indicadores, son el resultado de un proceso de institucionalización que ha implicado que los criterios técnicos prevalezcan sobre los políticos. Antes de que se publicara la Ley de Desarrollo Social que dio origen a esta institucionalización, todo estaba en disputa: las fórmulas, la medición, los insumos de información, las opiniones de los expertos. En esta materia se ordenaron las cosas de buena manera con la ayuda de diferentes actores, técnicos y políticos y hoy podemos conocer el estado que mantiene el país en esta materia. Debe revisar este proceso para comprender qué funcionó para tratar de replicarlo en otras áreas.
El caso es que cada vez son más los mexicanos que se quedan en la costa y que si seguimos con políticas fallidas, no habrá posibilidad de que un nuevo barco los levante en el futuro. Mi profunda preocupación es que las tendencias apuntan a un aumento de las brechas y que cada día serán menos recuperables. Un país con casi la mitad de su población viviendo en la pobreza en un contexto de profundos cambios económicos y tecnológicos, y sin una política disruptiva que cambie las tendencias en términos de desarrollo social, plantea un escenario de división, de polarización. Real, no imaginado.
Hay una paradoja política en todo esto: sacar a los más pobres de su condición implica garantizar el acceso a los derechos. Los derechos se concatenan: el acceso a unos lleva al acceso oa la demanda de otros. Es una transición entre una población cautiva que espera alguna concesión del gobierno, a una activa que la exige. No es solo una cuestión de ingresos, es una cuestión de cambio en una condición que permita asumir la ciudadanía. Los políticos que utilizan el poder buscan sostener a la población cautiva. Los políticos que utilizan el poder para servir buscan garantizar el acceso a los derechos.
Este país no aguanta uno más de los que usan el poder sin importar a quién dejen atrás.
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