sáb. Jun 27th, 2026

Quien pierde una venta o competencia. Quien no logra una meta intensamente buscada o anhelada. Quien es observado negativamente en una actuación en la que puso énfasis o atención especial siente una enorme frustración.

Ese sentimiento combinado de enfado, enfado, decepción, malestar, rabia y, en su peor expresión posible, una dosis de desesperación o ansiedad. No es agradable sentirlo, pero es muy frecuente entre quienes deciden probar nuevas posibilidades o lo que les lleva a nuevos horizontes.

Sin embargo esa particular ensalada emocional se manifiesta en cada caso, es tan inquietantemente fuerte que muchos prefieren no hacer esto o aquello para evitarlo y otros renuncian a nuevos intentos a la menor aparición.

¿Qué podemos hacer cuando las circunstancias combinadas de acciones y deseos nos tienen más que frustrados e incómodos? Aquí hay tres consejos de un viejo lobo de mar:

1) Distingue rápidamente los hechos a asimilar. – Si tienen solución, son un problema a resolver. Si no es así, son simplemente hechos que debes asimilar. Y esto pasa por la capacidad de distinguir la realidad para digerirla. El que ya no se puede reeditar. Puede intentar afectarlo nuevamente, pero no puede borrarlo.

La asimilación de un hecho no significa ignorarlo u olvidarlo. Es interiorizarlo como una realidad dada que hay que superar con plena conciencia de sus efectos, aunque nos disgusten terriblemente.

2) Diseccione lo que cree que desencadenó ese fracaso. – Revisa los desencadenantes de la circunstancia que te tiene frustrado. Entiende lo que te faltaba o lo que te sobraba. Incluso mapear qué circunstancias o personas favorecieron o no el objetivo buscado es tan recomendable como útil.

Pero no es para rumiar la ira de manera circular, sino para distinguir los puntos que se podrían haber manejado de otra manera o trabajado mejor. También sirve para identificar líneas límite (naturales o establecidas por terceros) que pueden ser superadas si se dispone de recursos adecuados y proporcionados.

3) Interiorizar los principales aprendizajes. – En el fondo del barril de la frustración hay un sedimento lleno de lecciones que aprender. Sus significados, sin embargo, no suelen ser simples evidencias, deben ser decodificados en un estado emocional sereno.

Aprender del fracaso y darle la vuelta a la frustración significa tener un entendimiento racional de que, aunque a nadie le suele gustar que las cosas no salgan como quisiera, no es el final de tu realidad. Un paso por delante siempre hay nuevas opciones.

La intensidad emocional en la vida empresarial y profesional te enseña rápidamente que la frustración no desaparece por decreto, pero también te enseña que es imprescindible intentarlo. Sólo el que busca tiene la posibilidad de fracasar en lo que encuentra.

Perder un resultado puede ser frustrante. Sin embargo, sigue siendo un intento. Una pausa que te obliga a decidir si conviene volver a buscarlo o trabajar en él con más y mejores herramientas intelectuales, emocionales y prácticas a mano. O bien, una señal que indica que puede y debe dirigir sus esfuerzos en otra dirección más efectiva para propósitos macro.

A lo que no se puede aspirar es a la inexistencia de la frustración. Existe y aparecerá mil veces en diferentes magnitudes. Y aunque su buena gestión es reflejo de una inteligencia emocional bien trabajada, lo que no cabe duda es que es el coste emocional del éxito que te estás forjando.

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