
Director de México Evalúa
El tipo de cambio nos tiene embriagados como señal de éxito económico. La apreciación del peso frente al dólar es lo que presume el presidente como resultado de una política económica bien encaminada. Y hay que darle crédito: en efecto, no se convirtió en un populista económico que derrocha recursos más allá de las posibilidades de financiación que ofrece la Hacienda Pública. Nos hemos endeudado más allá de lo que la gente común puede intuir y de lo que el propio gobierno acepta, pero no ha habido desenfreno… ni mucho espacio fiscal para ello. Y el presidente lo asume.
Lo que hemos tenido es un desgobierno total en el gasto público. Porque para que el presidente ponga dinero en sus proyectos ha tenido que recortar recortes por todos lados; tanto es así que está comprometiendo el futuro del país. Si el orden de prioridades del presidente se mantuviera por un sexenio más, tal vez cruzaríamos el puente para llegar definitivamente al borde del atraso.
La semana pasada escribí en este espacio sobre recortes de gastos en el cuidado de personas con enfermedades catastróficas. Sobre los movimientos insólitos que se dan en el Fonsabi y la presunción de que se está simulando un gasto en salud, cuando quizás esos recursos se están utilizando para la movilización política o algún proyecto del presidente (que no será rentable). El quizás o la presunción que uso es porque esos movimientos con el dinero hacen muy difícil su trazabilidad. Pero hay otros sectores y programas de gasto que han sido eliminados por completo, a pesar de que tenían un impacto comprobado en las poblaciones relevantes. Estoy pensando en las Escuelas de Tiempo Completo, por ejemplo, o en todo el andamiaje que se construyó para evaluar los logros educativos, que también se eliminó. Un sinfín de programas que marcaron la diferencia en la población beneficiaria.
Y vuelvo al tipo de cambio para decir que es la tapadera de algo más profundo. Nos hace pensar que lo estamos haciendo bien, cuando los temas centrales para el desarrollo de las personas y del país están sobre el terreno. Estamos obsesionados con un indicador que no es completo para presentar el estado de salud de nuestra nación.
En estos días se publicó en la revista El economista un artículo sin argumentos especialmente novedosos, pero tremendamente actual, sobre el origen del retraso de la renta per cápita en los países latinoamericanos. La última frase del artículo es muy dura porque pregunta cómo llamaremos a los próximos años perdidos en nuestra región. Tuvimos la Década Perdida de la crisis financiera de los 80; luego el período en que estuvimos atrapados en la trampa del ingreso medio (y de la cual no hemos salido); luego años de diversas vicisitudes y nuevamente atrapados en los círculos de la baja productividad.
Así llego al tema que me interesa desarrollar: el de la productividad. Lo que me gustaría hacer es convencerlos de que cambien el parámetro de nuestra medida de progreso. Que miremos un poco menos el precio de nuestra moneda y que instituyamos una medición periódica de la productividad o su apoderado (El observatorio económico México, ¿cómo vamos? ya lo hace, por cierto).
La productividad es difícil de medir. Todavía hay debate académico sobre la mejor manera de hacer esto, pero no hay duda de que es una medida difícil de nuestro progreso. No es casualidad que en este gobierno algunos conceptos hayan desaparecido de la narrativa oficial. La productividad es una de ellas. No creo que haya una mañana en la que se discuta el término. Porque la productividad está asociada a los mercados y lo que fífi, pero es la medida central para elevar nuestro bienestar. el artículo de El economista es muy convincente al respecto. Nuestros ingresos se quedan atrás porque no somos productivos. En América Latina, el aumento de la productividad es pírrico, 0,2 por ciento anual. En los países de Asia oriental es del 2,0 por ciento. En el artículo que comento se comparan estos países con nosotros, porque en los años 60 estábamos muy por encima de ellos en términos de renta per cápita. Los países de Asia oriental ahora nos superan en número en aproximadamente un 40 por ciento. Cuantas cosas hemos hecho mal…
La medición de la productividad alude a la micro. Sintetiza la condición de una economía según algunos factores, siendo los más importantes la inversión, la educación o las capacidades de la población, porque los dos primeros factores combinados permiten que una economía genere más valor. En un ambiente de creación de valor, todos ganan bajo ciertas condiciones. Competencia en el mercado y menos barreras de entrada para nuevos jugadores, inversión estratégica, pero también reglas que permitan repartir equitativamente la generación de valor y la riqueza. No quiero entrar en definir lo que es justo aquí, pero es muy importante introducir este término en la discusión, hablar de ello.
Como sociedad tenemos que ponernos de acuerdo a lo que aspiramos y cómo medirlo. Me gustaría tener una propuesta de un indicador que mida lo que hace la productividad, pero que le diga más a los mexicanos, que tenga más puñetazo. Hablarle de sus propias capacidades, de sus logros, de lo que es posible. Porque cada uno de nosotros, todos los días, genera valor que aumentaría si tuviéramos más educación y más habilidades y el entorno adecuado para sobresalir.
Por eso necesitamos medidas que nos animen y también nos permitan exigir. Porque el logro es una combinación de lo que ofrecemos y también del medio ambiente. Cuando ambas dimensiones están en su mejor momento, todos estamos mejor.
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