mié. Ago 12th, 2026

El terremoto ocurrido en Turquía y Siria es solo un doloroso recordatorio de la vulnerabilidad del ser humano ante los embates de la naturaleza, y es también un llamado a seguir trabajando en México en la cultura de la prevención y el establecimiento de políticas, sustentadas en partidas presupuestarias rotuladas para apoyar a la población afectada y la reconstrucción de las zonas afectadas.

Con la práctica diaria de los simulacros se debe seguir ajustando las normas de construcción, tanto de las edificaciones como de la propia infraestructura, al mismo tiempo que se regula el crecimiento urbano.

Como sabemos, el país está atravesado por diversas placas tectónicas que ponen en riesgo no solo a los habitantes de las regiones más pobres del país, sino también a las grandes ciudades como la CDMX y su zona suburbana, por lo que es prioridad estar los mejor preparados. mitigar los efectos de una gran contingencia natural.

Estamos ubicados sobre cinco placas tectónicas: Caribe, Pacífico, Norteamérica, Rivera y Cocos, por lo tanto en una zona de alta sismicidad.

La República Mexicana se caracteriza geológicamente por su gran actividad sísmica y volcánica y su ubicación en el Anillo de Fuego, lo que provoca que se registren gran parte de los movimientos telúricos a nivel mundial.

Lo ocurrido en Turquía y Siria no es ajeno a ninguna región del mundo expuesta a temblores y sismos, por lo que además de enviar ayuda humanitaria a la región afectada, obliga a las autoridades mexicanas a realizar una revisión sistemática de los tres niveles de Gobierno actualizar el Atlas de Riesgos y los programas de apoyo a la protección de la población.

En la administración del presidente López Obrador vamos como cangrejos en materia de protección civil, desde que desaparecieron el Fondo para Desastres Naturales (Fonden) y el Fondo para la Prevención de Desastres Naturales (Fopreden).

A través de los depósitos realizados en 2021, Banobras, que estuvo a cargo de administrar el dinero para atender emergencias ocasionadas por lluvias, huracanes, terremotos, temblores, incendios y otros desastres naturales; canalizó los recursos de esos fondos —que al momento de su extinción superaban los 25 mil millones de pesos— a la SHCP y con ello, la posibilidad de contar con recursos presupuestarios para ayudar a los mexicanos en desgracia, ocasionados por esas contingencias.

La Organización Mundial de la Salud asegura que por cada peso invertido en prevención de desastres, se ahorran hasta 10 en reconstrucción. México invierte 23 veces más en la reconstrucción de catástrofes que en prevenirlas.

La ley de probabilidades indica que en cualquier momento los temblores que se dan a diario en buena parte del país serán más intensos, incluso al nivel de catalogarlos como sismos. Ante esta posibilidad real, el gobierno mexicano ha bajado la guardia para proteger a la población y establecer diversos fondos y fideicomisos para canalizarlos a la reconstrucción.

El deseo de todos es que no haya movimientos telúricos de gran intensidad, sin embargo esto es improbable, por ello desde el Congreso, en el momento en que se analice el Paquete Económico, debe rotular las partidas presupuestarias para tal fin.

Ya sabemos que AMLO no quiere que se desvíen recursos públicos a programas y obras que no son las que calificó como prioritarias, como sus tres obras insignia, AIFA, Dos Bocas y Tren Maya, así como el financiamiento de su política social. programas con tintes electorales.

De hecho, estos programas y obras han puesto a su gobierno al borde de la quiebra financiera porque ha comprometido dinero público para aumentar los pagos, por ejemplo, de las pensiones, que incluyen la pensión de los ancianos.

Como se puede apreciar, al menos hasta el 2024, el gobierno no tendrá el dinero ni la voluntad política para establecer nuevos fondos o fideicomisos para captar recursos para apoyar a la gente ante los embates de la naturaleza, como los terremotos.

Esperemos que en estos meses que restan para concluir la administración de AMLO, no haya ningún sismo o temblor de cierta intensidad, porque entonces sí, además de los daños causados ​​por el movimiento telúrico, estarán los efectos por la negligencia. , omisión e ineptitud del gobierno autodenominado Cuarta Transformación.

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Metro

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