mar. Ago 4th, 2026

México, tierra fértil. La pregunta ¿es terreno fértil para qué? Claramente el Presidente Andrés Manuel López Obrador Considera que México está listo para hacer realidad el legado de Andrés Manuel López Obrador en el presente y en el futuro. Y con cada hora que pasa desde este momento, hasta el 2 de junio del próximo año, cada comentario, decisión, viaje, encuentro, está enfocado a velar por su legado (lo bueno y lo malo) y proteger a su familia, asesores y su círculo cercano. En un lejano segundo lugar, los objetivos del presidente serán asegurar la viabilidad de sus proyectos prioritarios, los programas sociales y la economía del país.

Quedar en un distante tercer lugar garantiza la viabilidad a largo plazo del segundo partido que fundó, Morena.

Y lamentablemente, desde hace más de dos años López Obrador ha reconocido que su administración “quedará endeudada” en lo que respecta a la seguridad del país. Y con este posicionamiento, por tanto, podemos deducir que a López Obrador tampoco le importa la gobernabilidad del país después de las elecciones. Andrés Manuel asume que estos asuntos pendientes ya no son de su competencia y esto tendrá que ser resuelto por el próximo presidente, una vez elegido.

Y esta actitud del presidente también se refleja en su decisión de supuestamente no involucrarse en la selección e integridad de los candidatos que representarán al Cuarta Transformación durante las elecciones siguientes, salvo las candidaturas de aquellas personas que, por diferentes motivos, requieran la inmunidad que proporciona un cargo de elección popular.

La responsabilidad ahora es Claudia Sheinbaum. Y si permite que candidatos corruptos, vinculados al crimen organizado, ex enemigos de la izquierda, o simplemente impresentables por sus posiciones políticas, representen a la 4T y sean elegidos, el problema será de Claudia.

Sí le creo a López Obrador cuando asegura que después de las elecciones se retirará a su finca a escribir un libro sobre los conservadores. Eso sí, seguirá “retirado” mientras no lo ataquen a él, a su legado, a su familia y a aquellos asesores que podrían traicionarlo si se sienten amenazados. De ser cierta esta hipótesis del comportamiento actual del presidente, sería un acto de egoísmo y una traición catastrófica para todos aquellos mexicanos que apuestan a que, finalmente, México sería un país más igualitario, menos pobre, más próspero y, sobre todo, más seguro.

El legado del presidente López Obrador está resultando todo lo contrario: con las decisiones tomadas en los últimos cinco años, en el próximo sexenio habrá más desigualdad, más pobres, será menos próspero y, en definitiva, mucho más. peligroso.

Ante la cantidad de homicidios, masacres, desapariciones, además del control territorial que cada vez más ejercen estas organizaciones criminales, no debería sorprender que el próximo presidente enfrente insurrección o brotes de ingobernabilidad en el próximo sexenio.

Además, ante todos estos fenómenos de violencia, rápidamente México se está convirtiendo en uno de los países emisores de migrantes. Y aunque hace seis años, el entonces candidato López Obrador afirmó que el problema migratorio se solucionaba creando incentivos de desarrollo para que las personas decidieran quedarse en sus comunidades, su estrategia resultó ser todo lo contrario.

Aunque el foco de la crisis actual recae en el dramático aumento de migrantes caribeños, centroamericanos y latinoamericanos que llegan a la frontera sur de México, la traición de López Obrador se refleja en el dramático aumento de mexicanos que cruzan ilegalmente. De hecho, todo lo que López Obrador ha hecho hasta la fecha es asegurar la migración mexicana: sin las remesas de estos compatriotas que trabajan en Estados Unidos, la economía del país colapsaría. Y el propio presidente se jacta en sus mañanas del espectacular aumento de las remesas durante su sexenio.

El próximo presidente tendrá que resolver el desastroso legado de López Obrador, y si gana Claudia Sheinbaum, no sólo tendrá que aplaudir este desastre, sino atacar el legado de Andrés Manuel. No será una tarea fácil, ya que, desde el primer día de asumir el cargo, el presidente deberá desmantelar de inmediato las múltiples estrategias fallidas del presidente saliente. México es un terreno fértil para muchas crisis: ingobernabilidad, inseguridad y crisis política. Pero, sobre todo, resulta difícil imaginar que el próximo sexenio no será otro sexenio perdido para nuestro país.

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