jue. Abr 9th, 2026

Luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidara la primera parte del Plan B, el Presidente de la República intensificó los adjetivos en su contra. Su verdadero objetivo nunca fue validar las reformas electorales, sino seguir socavando la legitimidad del máximo tribunal, de acuerdo con el guión aplicado al INE, INAI y a todas las instituciones, actores políticos, organizaciones ciudadanas, universidades o medios de comunicación que criticar a su gobierno y que, por ese simple hecho, se ha hecho de sus enemigos.

La Corte hoy es el enemigo público número uno. Su principal atrevimiento ha sido determinar que varias leyes impulsadas por el oficialismo son contrarias a la Constitución, que no pueden ser válidas porque, entre otras cosas, violan el proceso legislativo y anulan una regla esencial de la democracia, al no permitir la participación de los grupos parlamentarios de la oposición, anulando la premisa de que los procesos legislativos son deliberativos y tienen que estar sujetos a reglas ya establecidas.

Ante las violaciones sistemáticas del proceso legislativo por parte de las mayorías parlamentarias de la 4T, la idea de fondo es que se trata de una estrategia deliberada. Sabían que por múltiples precedentes la Corte anularía, y con ese pretexto, desde todas sus gradas decidieron cubrirla de insultos y convertirla en un proyecto de las campañas que continúan y que se concretó cuando el presidente propuso una reforma a el Poder Judicial, que presentará en septiembre de 2024, junto con todas las que estime pertinentes, independientemente de la opinión de quien gane la elección.

Para lograrlo, urge alcanzar una mayoría calificada en ambas cámaras que le permita aprobar reformas constitucionales sin pasar por las molestas costumbres de la oposición, porque la 4T se ha especializado en la imposición y reincidencia del Estado de derecho, dado que la negociación y construcción de acuerdos, que son inherentes a la democracia, no son lo suyo.

Así ha retomado la idea del llamado Plan C aderezada con su propuesta de que los ministros y jueces sean elegidos por voto popular, idea que formaba parte del Plan A respecto a los asesores electorales y magistrados. Pero el contenido de fondo del Plan C es eminentemente electoral. Hace un llamado a votar en bloque por Morena y sus candidaturas y no votar por los partidos de oposición, habrá que ver qué mecanismos se implementan para implementarlo.

Este llamado es claramente violatorio de las restricciones que tienen los servidores públicos de no utilizar los recursos públicos en materia político-electoral. El presidente arenga a la ciudadanía desde la mañana, utiliza la influencia que tiene para pedir que no se vote por los opositores con el pretexto de castigar a la Corte, cuyo único pecado es aplicar la Constitución para salvaguardar nuestra democracia.

Veremos qué decisiones toma tanto el INE como, en especial, la nueva integración de su Comisión de Quejas y Quejas, así como del Tribunal Electoral, para garantizar un correcto arbitraje, que salvaguarde el principio de equidad en el concurso y los principios de imparcialidad. y neutralidad en la actuación de los servidores públicos.

El tema es de la mayor relevancia si consideramos la secuencia de violaciones acreditadas al presidente y su ejército de servidores públicos desde 2021, sin que ello haya generado más consecuencias que unas sanciones que para Morena son irrisorias a la luz de los más de 1.700 millones de pesos. de su financiamiento público federal.

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