
Justo cuando nuestra atención se centraba en la revaluación de las perspectivas de la política monetaria en EE.UU. y su efecto sobre el dólar y las tasas de los bonos del Tesoro, emerge un elemento disruptivo que agrega incertidumbre. Los acontecimientos observados en Oriente Medio durante el fin de semana difícilmente pueden catalogarse como un “cisne negro”, por definición difícil de predecir, y tal vez sea uno de los ángulos más preocupantes. Los factores de riesgo directamente observables se descartan o pasan por alto continuamente, o se subestima su capacidad de deteriorarse repentina y rápidamente. En ese contexto, destacó tres factores a no perder de vista en las próximas semanas y meses ante el surgimiento de un aspecto más riesgoso.
En primer lugar, la tensión geopolítica antes mencionada se desarrolla en un contexto económico y financiero ya complicado. La situación del fin de semana en Medio Oriente se suma al conflicto que se vive debido a la invasión rusa a Ucrania, las tensiones territoriales en Asia y el reequilibrio de las hegemonías entre Oriente y Occidente como factores de riesgo geopolítico.
En el ámbito económico prevalecen en todo el mundo condiciones monetarias astringentes y grandes niveles de deuda y déficit público. Lo anterior pone de relieve los limitados márgenes de maniobra de la política económica para enfrentar nuevas disrupciones.
En segundo lugar, y para ser más específico, si bien las trayectorias inflacionarias parecen estar desacelerándose en varios países, los acontecimientos en Medio Oriente acentúan los riesgos al alza para la inflación vinculados a los precios de la energía. Esto nos recuerda que nadie tiene ventaja sobre la trayectoria futura de la inflación. El riesgo es que la mejora registrada en las expectativas de inflación de corto y mediano plazo en algunas economías se estanque o se revierta parcialmente, mientras que en aquellas donde aún no se observa tardará aún más en materializarse. El contexto descrito apunta a la confirmación de los perfiles cautelosos mostrados hasta ahora por bastantes bancos centrales.
En tercer lugar, hasta ahora los riesgos de recesión mundial han disminuido de la mano de la resiliencia que muchas economías han mostrado durante la primera mitad del año. Por supuesto, se sigue anticipando una desaceleración económica por los efectos retardados de una política monetaria restrictiva y una pérdida de dinamismo en algunos ejes de crecimiento global por factores idiosincrásicos, como el caso de China. Sin duda, el riesgo de que una mayor prima de riesgo afecte a los mercados financieros no favorece en nada las perspectivas de la actividad económica futura.
En cuarto lugar, y de manera más general, es aconsejable no quedar atrapados en el sesgo inercial. Los acontecimientos del fin de semana en Medio Oriente deberían recordarnos que los temas más predominantes en el mercado (por ejemplo, la política monetaria de la Reserva Federal, el techo de la deuda estadounidense, etc.) no son necesariamente los únicos que terminan afectando los escenarios locales y globales. Una vez más, hago hincapié en el hecho de que los nuevos elementos disruptivos no necesariamente se presentan en forma de acontecimientos imposibles de predecir, sino también en forma de un resurgimiento repentino o un cambio de escenario en contextos observables a simple vista.
Joel Virgen es el analista económico del sector financiero radicado en Nueva York, Estados Unidos. Sus opiniones no necesariamente representan las de una institución financiera en particular.
Gorjeo: @joelvirgen
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