mar. Jun 23rd, 2026

Si los últimos días del año se han visto empañados y ensombrecidos por el atentado criminal del que fue víctima el periodista Ciro Gómez Leyva, de poco ayudan para el panorama y sus escenarios las declaraciones del presidente López Obrador que, además de enfatizar su discrepancias con el agredido, adelantó lo que esperamos no se convierta en una tesis forense: que el atentado fue para perjudicar a su gobierno.

Si un hecho como este afecta la imagen de cualquier gobierno, la forma de enfrentarlo no es un hecho secundario. La imagen de estabilidad dentro de una “gran transformación” como proclaman a diario el Presidente y su gobierno, está inevitablemente manchada por una violencia que parece no tener principio ni fin, menos una racionalidad política que podrá esclarecer pronto y con claridad. .

Una vez más, como ha sucedido antes, nos vamos a encontrar con sordidez y especulación sin límites, y la política abierta y pluralista que tenemos será de poca o ninguna ayuda. El pluralismo, el recelo y la intención de aprovechar lo primero que se tiene a mano para hacer huelga prevalecen como prácticas de trabajo e hipótesis de los grupos políticos.

La política ya no puede gobernar el crimen, la impunidad resultante solo profundiza el sentimiento de desamparo ciudadano y una abierta orfandad local, regional y pública. El presidente puede tener razón y la polarización de la que se habla no es más que un giro profundo en los sentimientos nacionales que refleja una politización larga, densa y complicada, ansiosamente buscada durante años por muchos activistas demócratas y funcionarios comprometidos con la evolución. política del país. Pero al mismo tiempo, hay que admitir que el lenguaje utilizado y sus decibelios no transmiten ningún progreso en nuestra evolución política, sino que son proclives al abuso verbal que bien puede anunciar momentos de confusión mental de los que las sociedades no salen bien libradas. y más bien sus problemas se profundizan.

Este no es el mejor momento para proponer una reflexión y algunos debates sobre el sentido de la estabilidad que todos decimos buscar, pero sí para seguir señalando su urgencia. Sin claridad en el verbo no puede haber política ni transformación, México puede entrar sin previo aviso en un túnel de convulsiones y enfrentamientos del que emana inestabilidad personal y colectiva, política y económica, por supuesto financiera, tan preciada por los financieros de dentro y de fuera. afuera, del gobierno y de otros lados. Unas corridas que, en lugar de trasladarse a Mérida como pronto lo harán los banqueros, se dirigen a los bonos del Tesoro estadounidense que no hemos tenido en magnitud e intensidad alarmantes, pero dada la propia constitución de nuestros mercados de dinero y capitales, abiertos como nunca antes, conllevan un potencial disruptivo que puede convertirse en corrientes de destrucción de confianza, en gran parte epidérmicas, difíciles de enfrentar con las tan celebradas reservas internacionales que custodia Banxico.

Sin querer poner patas arriba las celebraciones de fin de año, es necesario abordar, con la mayor profundidad posible, cuestiones y problemas como los señalados, que sin duda nos ayudarían a pasar mejores momentos. Mejores años.

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Metro

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