dom. Jun 14th, 2026

¿Cuál fue el crimen imputado a Jesús de Nazaret que lo llevó a la muerte en la cruz? Según lo manifestado por uno de los estudiosos del tema, el señor Francisco L. Monroy Campero, debido a los datos evangélicos “no podemos llegar a saber (exactamente) el delito que legalmente se le imputó (a Jesús) por su detención. .. Sin embargo -dice- podemos suponer algunas de las que se le podrían haber imputado: brujería, falsas profecías, seducción, profanación del sábado y ataques al templo”.

Lo anterior aparece en un excelente estudio sobre el tema realizado por dicho autor, quien lo publicó en un libro que salió a la luz en la década de 1970 bajo el título El juicio contra Cristo, conforme a las normas del Derecho Hebreo y Romano. . Aunque se han publicado numerosos estudios sobre este juicio penal, sin duda el más importante de toda la historia del Derecho, entre los que se incluyen extensos y muy eruditos estudios de dos eminentes juristas judíos: Chaim Cohen, de origen alemán, y Paul Winter, checo. Británico naturalizado, éste del abogado Monroy Campero es magnífico por su claridad y brevedad.

Pues bien, en otro pasaje de su libro Monroy Campero sostiene que “a veces se afirma que (Jesús) fue acusado de impostor (Mt. 27,63) o, apoyándose en Jn. 7.12, que sedujo al pueblo. Otras acusaciones hechas contra Jesús se registran en Lc. 23.2 y 5, donde le informan a Pilato que es un agitador político y en Mc. 3.22 y Mt. 9. 34 en los que se le ve ocasionalmente como un ‘Mago’ y se le acusa de los delitos de seducción a la idolatría y falso profeta” [el modo de referenciar las citas de los evangelios se transcribe tal como lo hace el autor].

Finalmente afirma: “sabemos que Jesús fue acusado y condenado por el delito de blasfemia”, y Monroy centra su estudio en su análisis con el propósito de determinar si “la conducta (de Jesús) se adecuaba al tipo penal” de tal crimen.

Antes de entrar en materia propiamente dicha, conviene consignar lo que el autor nos informa en relación al proceso penal en una cita: “En la antigüedad -dice-, la persecución de los delitos no correspondía, como ahora, al Estado , sino que la acción procesal estaba en manos de los particulares, se requería de un acusador para poder enjuiciar a una persona, es decir, al ofendido, o a un tercero en determinados casos (como el que nos ocupa). llevar al acusado ante el tribunal”, excepto en el caso de flagrante delito en el que la autoridad policial tenía la facultad de detener al sospechoso y llevarlo ante el juez.

Ahora bien, siendo el delito de blasfemia imputado a Jesús de carácter religioso y la parte ofendida era el mismo Dios, es de suponer que la autoridad religiosa judía, por delegación divina, tenía competencia para perseguir delitos religiosos, como este uno.

La acusación de blasfemia contra Jesús fue por haberse jactado como Hijo de Dios. Para que el delito -castigado con la pena de muerte- se configurara, era absolutamente necesario que el acusado mencionara claramente el santísimo nombre de Dios, cosa que Jesús nunca hizo porque, como se recordará, en un momento determinado de el proceso se le pregunta: “Entonces, ¿eres el Hijo de Dios?” En su respuesta, simplemente dijo “Tú lo dijiste”, pero no menciona el nombre de Dios, por lo que no se configura el delito de blasfemia. Caifás se rasga entonces la ropa y grita “ha blasfemado”, lo que no era cierto en sentido estricto, y dice “¿qué necesidad tenemos ahora de testigos?”

A pesar de lo anterior, Jesús fue condenado por blasfemia sin que se hubiera establecido tal delito. No fue, sin embargo, la única irregularidad en el proceso. Monroy cuenta y expone en detalle un total de 23 irregularidades y dice que otros autores han aumentado su número a 34 violaciones.

Dos de estas irregularidades fueron, además de rigurosamente ciertas, definitivas y graves: 1) El hecho de que Caifás, siendo juez y presidente de la Corte, actuó como testigo de cargo e inmediatamente dictó su veredicto, cuando según el hebreo ley debió haber sido el último en hacerlo, y 2) haber rechazado a los testigos para evitar posibles contradicciones, bajo el falso argumento de que todos ya habían escuchado las palabras blasfemas de Jesús, lo que por supuesto no fue el caso, además de su opinión Advirtió a los demás miembros del Tribunal (Sanedrín) que tomaran como blasfemia la frase que Caifás había tenido por tal.

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