lun. Jun 15th, 2026

Ahora que estamos contentos con el fuerte peso e inversión de Tesla, vale la pena tener en cuenta qué país heredará López Obrador de quien lo suceda. Un país más violento de lo que encontró, con militares fuera de sus cuarteles, con presencia de narcotraficantes en todos los estados, con una tasa de mortalidad por la pandemia que no se veía desde la Revolución, pero sobre todo, el peor de sus legados será haber salido a México polarizado y quebrado.

Un país en discordia (decir: separación; cordis: corazón). Un país con el corazón dividido. Un México amargo. Haber dividido familias, amigos, parejas, haber introducido la discordia y el odio en las relaciones es algo de lo que López Obrador se siente muy orgulloso. “Me llena de orgullo haber dividido a los mexicanos”, dijo en diciembre del año pasado. Lo dijo en tono irónico, pero es una ironía fallida. Porque desde el primer minuto de su gobierno quedó claro que no gobernaría para todos. Ha gobernado clientelarmente para que los pobres lo mantengan en el poder. No los apoya, invierte en ellos para obtener ganancias. Hay corruptos que se enriquecen con dinero. Hay otra clase de corruptos que lo que buscan es poder. A esta clase pertenece López Obrador.

Debemos entender que la división que el presidente ha cultivado a diario en sus conferencias no es fruto de su mal genio, es una estrategia política que ha seguido fielmente. La polarización como base del populismo fue claramente expuesta por Ernesto Laclau en La razón populista (FCE, 2005). No es que López Obrador sea buen lector (sabemos que él, sobre todo, lee libros sobre la historia del bronce) y de ahí ha desgranado su estrategia. Uno de los principales divulgadores del pensamiento de Laclau en México es Enrique Dussel, quizás el principal asesor intelectual del presidente.

laclau en La razón populista califica como necesaria la dicotomía pueblo vs. can. Pero, ¿qué hacer si supuestamente el pueblo —o quienes dicen representarlo— está en el poder? Entonces esa dicotomía se convierte en pueblo en el poder vs poderes fácticos y sociedad civil (el poder populista cree que la sociedad civil es un títere operado por los poderes fácticos, de ahí la identificación que hace López Obrador entre los manifestantes de la marcha del 26 de febrero con Claudio X. González). No es que la sociedad se oponga a su gobierno, razonan, los que se oponen son personas engañadas por los poderosos.

¿Qué hacer frente a la razón populista? Desmontar sus argumentos y proponer otros mejores. ¿Qué hacer con la polarización que promueve el gobierno de López Obrador? Oponer la unidad a la polarización. Pero no una unidad bienpensada y vacía: la unidad como suma de la diversidad. La sociedad está formada por múltiples grupos e intereses, es falso que todo se reduzca a dos bandos opuestos (explotadores y explotados, con Marx; amigos-enemigos, con Schmidt). La sociedad es diversa, esa es su mayor riqueza. Al adoptar el gobierno, la razón populista divide a la sociedad. El gobierno representa a la gente y el lado bueno, mientras que los opositores al gobierno representan los poderes malvados. La principal función del gobierno populista es hegemonizar el poder, mantenerlo a toda costa, según este privilegiar al pueblo. La verdad es que los únicos privilegiados son los que detentan el poder, la casta burocrática, la nomenclatura.

Un gobierno verdaderamente democrático es aquel fundado en la diversidad de la sociedad. Es cierto que su trabajo es muy complicado y sus decisiones son lentas. El gobierno tiene que negociar con todos los grupos para llegar a una mayoría y poder avanzar. Una mayoría siempre frágil. Sin embargo, esta fragilidad y complejidad son positivas para la sociedad. Es bueno que el gobierno necesite negociar permanentemente. En cada negociación se cede y se acuerda, de esta manera el gobierno disminuye su carácter autoritario.

No hay polos puros. Entre los gobernantes y los opositores, se abre un enorme abanico de opciones. Hay quienes están a favor de apoyar a los pobres (aunque sea un engaño) pero no apoyan la actitud antidemocrática del gobierno. Por otro lado, hay opositores que admiran (aunque no es correcto decirlo en público) el manejo macroeconómico pero deploran la manipulación ideológica que se está realizando con los niños en las escuelas.

Así como se criticó a los marxistas que no todo es economía, se puede señalar que no todo es política. Politizar la vida es reducirla, empobrecerla. Polarizar la vida es empobrecerla aún más. Reducir la vida a blanco y negro es desaparecer los matices, las diferencias, la enorme y colorida diversidad humana. El grado de fanatismo que han alcanzado los bandos promovidos desde la Presidencia tarde o temprano tendrá su trágico precio. La división se convertirá en una lágrima. Esa es la herencia de la que López Obrador se siente orgulloso: una herencia maldita.

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