
Xóchitl Gálvez es la figura más importante de la política nacional en estas semanas. Irrumpió en escena de manera sorpresiva y se ha convertido en un huracán que arrastra lo que encuentra a su paso: los mismos líderes partidistas, los propios partidos, los contendientes por la candidatura a la Presidencia, el presidente López Obrador y los corcholatizadores. En pocas semanas, Xóchitl conmovió el escenario político nacional.
No hay duda –o no debería haberla a estas alturas–: ella debe ser la candidata opositora al lopez obradorismo. El consenso que ha generado Xóchitl como figura de la oposición es muy amplio. Pocos personajes en nuestra vida política han generado una dinámica similar (Fox en 2000). No importa si son progresistas o conservadores, priistas o panistas, socialdemócratas, derecha moderna y rancia, políticos en desgracia, apóstoles de la transición, miembros de la mafia del poder, periodistas, los saldos del anayismo, los devotos de la llamada sociedad civil, los habituales empresarios agazapados, el comentario abigarrado. Contra eso es difícil competir.
En la delantera no parece que nadie vaya a pelear con posibilidades. Los que crezcan serán a su costa. Tal vez no sea muy popular decirlo, pero sería mejor aunar esfuerzos de una vez y acabar con las imitaciones pretenciosamente democráticas que solo desgastarán al personaje que, para muchos, ya es el candidato indiscutible. Apoyarla, reconocer esa realidad del peso de su figura en este momento, es lo que se procede.
Lo que tenemos ahora es una burbuja mediática, de redes y política alrededor de Xóchitl. ¿Cuánto de ese efecto se traducirá en puntos de votación? No lo sabemos, pero seguramente no muchos. Los puntos comenzarán a llegar cuando seas la persona a seguir. Esta es una carrera de fondo, un maratón, y Xóchitl partió espléndidamente alto, lo más difícil.
La historia de Xóchitl, su forma de presentarla y de presentarse, ha tenido un fuerte impacto. Tenían razón los que pensaron que su biografía metería en líos a López Obrador. Acostumbrada a reducir a todos a una minoría insignificante, Xóchitl es todo lo contrario: infancias como la suya son mayoría en este país. El engañoso discurso de privilegios que maneja el Presidente desde hace años choca de frente con las carencias y antecedentes familiares de su contrincante. Ante Xóchitl el Presidente ha encontrado un muro hasta en el nombre. Acostumbrado a emitir certificados de miseria y sentirse la víctima número uno del país, el Presidente se desespera con cualquiera que responda a sus insultos y tonterías con sencillez y humor. Hemos visto estos días intentos de descalificarla por parte de los mercenarios mediáticos de la Presidenta (particularmente del coprófago de Epigmenio, quien cuestiona a los compañeros de viaje de Xóchitl cuando la Presidenta está rodeada del peor canalla político). No le hacen nada. Ella es el sujeto. Ninguna figura fuera del presidente había sido el tema central durante tantos días. El perfil de Xóchitl encaja muy bien para enfrentar al oficialismo y aunar las diferencias opositoras y el antilopezobradorismo.
Xóchitl ha inyectado aliento a la boca abierta de la oposición. Insisto: queda mucho camino por recorrer y Xóchitl empezó con el pie derecho. Se siente cómodo en la calle, en el campo; le gusta la gente y se contagia de su entusiasmo; es mediática, de palabra fácil, habladora; ella es alegre y entronizada. Seguramente será una pesadilla para los de Morena. Ella tiene todo para ser. Tendrá, por supuesto, que ver lo que salió mal en el pasado, no dejarse intimidar ni mandar por los que se sienten dueños del xochilismo (nunca faltan los descubridores) y no perder su agilidad. , frescura y ese tono rebelde que tiene y que tanto irrita a la audiencia. El presidente y sus secuaces.
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